Un polémico juicio amoroso

El servicio de citas en línea está en el ojo del huracán por alterar los criterios de búsqueda de sus usuarios.

El portal OKCupid suma más de 4 millones de usuarios. / Óscar Pérez

Estamos aprendiendo nuevas cosas sobre cómo se presentan las personas al mundo y sobre cómo las observa el mundo, a través de los servicios de citas en línea. Cuando registran su altura en los formularios, los usuarios suelen sumarse dos pulgadas, en promedio. Las fotos que se toman con flash hacen que una persona se vea seis años mayor. También estamos aprendiendo que ciertas tradiciones venerables de las excusas corporativas han sobrevivido en la era de internet. Esta semana, Christian Rudder, presidente del servicio de citas en línea OKCupid, anunció en un blog que el sitio había hecho un “experimento”. Les había dado información falsa a ciertas personas sobre su compatibilidad.

Estas revelaciones recuerdan de forma incómoda la que hizo Facebook en junio, con respecto a que había omitido mensajes emocionalmente positivos en los anuncios a ciertas personas, para ver cómo reaccionaban. Es un asunto que ya ha recibido quejas ante la Comisión Federal de Comercio (FTC, en inglés). El tono de Rudder era impaciente: “Notamos recientemente que a la gente no le había gustado que Facebook 'experimentara' con sus anuncios. Pero adivinen qué: si ustedes usan internet, son el sujeto de cientos de experimentos en los portales. Así es como funcionan”.

Las citas en línea se han convertido en una de las instituciones básicas de la sociedad. Según la Academia Nacional de Ciencias, el 35% de los estadounidenses que se casaron entre 2005 y 2012 se conocieron en línea. OKCupid ha logrado una posición como el árbitro moral del mundo de las citas en línea.

El irónico título de la publicación de Rudder esta semana en su blog era “¡Experimentamos con seres humanos!”, trasladando el debate del sentido del bien y del mal del portal a su sentido del humor. Cuando fue entrevistado en la Radio Pública Nacional, descartó como una “falsedad” que las investigaciones de las ciencias sociales académicas estuvieran basadas en el consentimiento de quienes se presentan para los experimentos. Al comienzo de su publicación aceptó que “OKCupid en realidad no sabe lo que está haciendo”. Los experimentos podrían, por lo tanto, ser necesarios para medir o supervisar la calidad.

La contingencia del algoritmo y la imperfección de la búsqueda no absuelven al portal de lidiar de forma transparente con quienes confían en él. Al igual que un vendedor de automóviles, un portal de citas vende un producto importante y a la vez riesgoso. Basados en la idea de que son “buena pareja”, la gente terminará no sólo en matrimonio, sino también teniendo encuentros de una sola noche. Quizás no deberían, pero lo harán.

Los índices de compatibilidad y las “calificaciones” son en parte la computarización de ideas de apareamiento que existieron hace una generación entre los jóvenes, cuando iniciaba la era de internet. Pero también reemplazan la autoridad que solían tener los padres, las comunidades o las religiones.