Por: Arlene B. Tickner

Telenovela británica

Si bien el Brexit ha sido una telenovela de varias temporadas, llena de drama, suspenso y giros inesperados, la trama de sus episodios más recientes se ha tornado aún más truculenta. La última temporada terminó con tres intentos fallidos por lograr la aprobación legislativa de un acuerdo negociado con la Unión Europea (UE), que culminó en la renuncia de Theresa May y la elección de Boris Johnson en su reemplazo, quien en tan solo siete semanas ha provocado una de las crisis institucionales más acentuadas de la historia reciente de Gran Bretaña.

Ahora, el primer ministro —cuya popularidad recae en su promesa de hacer efectiva la voluntad del electorado expresada en el referendo de 2016— anunció su intención de pedirle a la reina la suspensión del Parlamento para reducir el tiempo disponible para negociar un esquema alternativo de retiro de la UE susceptible de ser aprobado y así forzar una salida sin acuerdo antes de la fecha límite del 31 de octubre. Ante esto, no solo llovieron las denuncias de inconstitucionalidad y “golpe a lo británico”, sino que la Cámara de los Comunes se unió ante la amenaza de cierre y aprobó una ley que obliga a Johnson solicitar una prórroga a la UE si no hay Brexit con acuerdo, dados los costos que tendría un retiro “a secas” para la economía y el acceso a alimentos y medicinas, así como sus riesgos para el resurgimiento de la violencia entre las dos Irlandas.

La respuesta de Johnson fue purgar del Partido Conservador a los 21 parlamentarios que se le rebelaron en esta votación, incluyendo el nieto de Winston Churchill, ante lo cual renunció en protesta su secretaria de Trabajo y Pensiones, así como su propio hermano, Jo Johnson, aduciendo que los intereses de la nación son superiores a las lealtades familiares. En el episodio de esta semana se procedió al cierre del Parlamento, no sin antes bloquear éste la solicitud de elecciones anticipadas por parte del primer ministro.

El arranque accidentado de Johnson, cuyas tácticas tropeleras le han costado su mayoría en el Parlamento, ha agravado la incertidumbre en el interior de Gran Bretaña. Ahora que tanto su plan A (forzar un Brexit sin acuerdo) como el B (llamar a elecciones anticipadas) han fracasado, el único plan C “razonable” que le queda es seguir negociando con Bruselas con miras a lograr otro acuerdo y buscar la aprobación de este tan pronto regrese la Cámara de los Comunes el 15 de octubre. Para ello, la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda sigue siendo un obstáculo crítico, pues el retiro de la primera de la UE sin una “póliza” (en inglés, backstop) temporal llevará a la creación de un límite terrestre duro para el control aduanero y sanitario, con todos los riesgos económicos, políticos y sociales que esto implica para la estabilidad de la zona. Si el plan C no se concreta, un peor desenlace de la telenovela podría ser el desacato constitucional abierto de Johnson y el retiro de la UE sin acuerdo o la renuncia del primer ministro antes del 31 de octubre con miras a buscar su elección de la mano del Partido Brexit de ultraderecha.

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