El 25 de agosto se les exigirá el pasaporte en Perú

Así es la dura travesía de los caminantes venezolanos

A menos de 24 horas de que se endurezcan las normas de tránsito fronterizo para los inmigrantes venezolanos, Perú espera este viernes la llegada de cerca de 20.000 personas. Largas caminatas e inseguridad son algunos de los problemas que afrontan quienes huyen de Venezuela.

En la última semana el número de ciudadanos venezolanos que viajan en bus hasta la frontera ecuatoriana con Perú ha aumentado. / EFE

Los migrantes venezolanos que salieron de su país con destino al Perú o Ecuador se encuentran en un limbo. Esta semana, ambos gobiernos anunciaron que exigirían el pasaporte para la entrada y permanencia en sus países. Aunque en Ecuador la medida todavía está siendo discutida, en Perú la cosa sí va en serio. A partir del 25 de agosto todo ciudadano venezolano que cruce la frontera hacia Perú tendrá que presentar su pasaporte, un documento que pocos tienen y que ha provocado un represamiento migratorio en la frontera entre ambos países. A menos de 24 horas de que se endurezcan las normas de tránsito fronterizo, Efe asegura que las autoridades peruanas esperan este viernes la llegada de más de 20.000 venezolanos.

La profunda crisis que atraviesa Venezuela ha empujado a miles de sus ciudadanos a emigrar hacia otros destinos que garanticen, por lo menos, posibilidades para satisfacer sus necesidades básicas. Subiendo montañas, pasando frío, en condiciones precarias, sin agua, alimentos ni suficiente ropa, aparecen las historias de los caminantes, familias enteras que inician ruta a pie desde la frontera colombo-venezolana hasta diversos destinos en Suramérica.

“Es casi un camino de muerte”, cuenta Leonor Peña, voluntaria venezolana que asiste a los caminantes en Pamplona, Norte de Santander. Peña los ve diariamente enfrentar las duras condiciones, especialmente en los páramos, de bajas temperaturas y humedad. En la huida dejan todo lo que conocen atrás, sin saber a qué se van a enfrentar. No todos sobreviven, pues según el Colegio Nacional de Periodistas, en Tunja han muerto cinco caminantes y en Pamplona tres.

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Las calles de Colombia son testigos, puesto que los caminantes duermen en ellas. Un informe de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) indica que el 85 % de los caminantes no tiene dinero, solo un 2 % puede costearse el hospedaje, menos de la mitad cuenta con agua y únicamente el 15 % lleva alimentos suficientes en su equipaje.

Además la falta de documentación los invisibiliza. El 80 % porta solamente cédula venezolana o Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), por lo que esta población se encuentra en condición de irregularidad por transitar municipios no fronterizos. Esto los expone aún más a hurtos, explotación laboral y abusos sexuales, ya que denunciar significaría la repatriación. No se puede determinar si los caminantes llegaron a su destino o fueron víctimas de trata o reclutamiento.

La mayoría no cuenta con apoyo de transporte vehicular, especialmente en el tramo Cúcuta-Pamplona, a causa del temor de los conductores a ser detenidos por la Policía.

Para ellos el viaje es largo y no inició en Colombia, ya que la mayoría proviene de estados no fronterizos de Venezuela. Ingresan por vías alternas y pueden estar más de 20 días caminando. Según OCHA, realizan jornadas de 11 horas diurnas y cinco horas nocturnas para un total de 16 horas, aunque algunos dicen caminar más. Los principales destinos son Ecuador y Perú.

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En grupos de cinco personas tamaño promedio, se enfrentan a un escenario de separación familiar que los afecta sentimental y psicológicamente. Las madres lactantes han dejado a sus bebés en Venezuela o Cúcuta al cuidado de familiares o amigos, pero se exponen a infecciones ya que no cuentan con atención.

Los principales motivos para huir son la asfixia económica, la carencia de alimentos, la falta de empleo y la inseguridad. Pero escapar no siempre es mejor.

La totalidad de los caminantes sufren graves necesidades en términos de alimentación, hospedaje, salud, higiene y transporte. Diariamente afrontan la terrible disyuntiva de retornar a sus puntos de origen o seguir adelante hacia su destino, caminando y viviendo de la caridad.

En Cúcuta surgió un grupo de ayuda humanitaria llamado Caminantes Tricolor, liderado por Alans Peralta y Jackeline Galindo. Han asistido a más de 200 personas con lesiones, desmayos y heridas en los pies.

“En Bucaramanga los ves dirigiéndose hasta Chile”, comenta Peralta, quien inició el movimiento por su deseo de ayudar a “los más pobres de los pobres”, gente que no tiene para pagar el pasaje y que se halla en tal grado de desesperación que su única salida es huir a pie.

Por la carretera se encuentran con el apoyo y el rechazo de los colombianos. Evidencian un complejo deterioro emocional a causa del desarraigo, la separación familiar y la discriminación. Los caminantes expresan angustia por sus familiares, pues no tienen medios para comunicarse con ellos.

En Pamplona, Leonor Peña se ha encargado de enviar reportes a las familias separadas. Sin embargo, no siempre se tienen noticias del paradero de los caminantes, quienes se debaten entre la angustia por la salud y las posibilidades de completar el viaje.

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Ver los camiones de la Cruz Roja atendiendo a los caminantes evoca imágenes de guerra, pero para los venezolanos esa cruz significa auxilio, una ayuda que está destinada para ellos. “Pamplona se ha convertido en un lugar de comprensión para la tregua”, destaca Peña, conmovida por la generosidad de los ciudadanos.

En estos tiempos de búsqueda de refugio, se volvió indispensable sumar voluntades. Caminantes Tricolor reciben donativos en Cúcuta, en la dirección Avenida 0 # 11-129, Edificio UME, consultorio 202, Barrio Caobos.

Para el periodista venezolano Tulio Hernández, es urgente implementar acciones de emergencia y políticas de largo plazo y alto vuelo, de articulación entre la acción de los gobiernos locales, el Gobierno nacional, los organismos internacionales, las ONG, el voluntariado ciudadano y las iglesias, porque todo indica que el fenómeno va en crecimiento y será de larga duración, incluso si Maduro abandonara el poder muy pronto, porque la lesión económica de Venezuela es estructural.

“Es un problema que deben atender de modo concertado Colombia, Perú, Brasil, Chile y Ecuador alrededor de una estrategia ‘paraguas’ coordinada por los organismos internacionales especializados, como ACNUR. De lo contrario, sin diagnósticos y planificación, aunque haya recursos, habrá duplicación de acciones y grandes omisiones”, alerta el escritor.

Es necesario apelar a la comprensión y la solidaridad. Los caminantes son desplazados en el sentido estricto del término. Millones de colombianos conocen bien el tema de la emigración y el de los desplazados, porque lo han vivido en carne propia. Tulio explica que es necesario una educación antixenofóbica y reconocer que la ayuda a los caminantes, además de un acto solidaridad y piedad cristiana, es un asunto de derechos humanos. Las legislaciones y acuerdos internacionales firmados por Colombia obligan a prestar atención y ayudar a resolver las necesidades básicas de emigrantes, desplazados y refugiados.

Sin importar el bloqueo de los gobiernos de Perú y Ecuador de exigir pasaporte a los venezolanos, los caminantes seguirán su viaje con o sin ayuda, con o sin documentos. La próxima vez que vea pasar a un caminante recuerde que esa persona no está ahí porque quiso, muchos son profesionales que escapan de una terrible situación, dejando atrás a su familia. Ayúdelo, apóyelo, regálele agua, una sonrisa, un saludo fraterno. Si no tiene nada que darle, no lo insulte, no lo mire mal; alguien que ha caminado durante días seguro no tendrá el mejor aspecto. La huida es la salida más difícil. La próxima vez que vea a un caminante, mejor dígale: “Caminante, sí hay camino”.

* Periodista venezolana