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hace 6 horas
Según la Corporación Paz y Democracia (Corpades)
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En Medellín, las bandas criminales tienen en sus filas a 3.200 menores de edad

Desde la década de los 50 hay registros de la vinculación de niños en actividades criminales. Hoy el reclutamiento de menores a grupos al margen de la ley es a más temprana edad y hay casos de algunos entrenados desde los 11 para ejecutar asesinatos y actos de tortura. A 31 de marzo de 2019, fueron capturados 582 vinculados a diferentes delitos.

La Comuna 13 de Medellín, uno de los sectores más afectados por la criminalidad y los problemas sociales. / Archivo

El problema es de vieja data. Desde hace 70 años los menores de edad en Medellín han sido utilizados por las estructuras criminales. Hoy, la sociedad en Medellín se encuentra en una especie de alerta roja, pues más de 3.000 niños, niñas y adolescentes forman parte de las bandas criminales (bacrim), que con sus delitos tienen azotada a la ciudad.

Las causas de este desastroso panorama van desde falta de oportunidades laborales y educativas hasta la simple filosofía de una “vida fácil” para conseguir dinero por parte de los jóvenes, que sufren la orfandad de una orientación familiar e institucional que dirija sus vidas por el camino del bien. Para el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, gran parte de la solución es que nos “transformemos como sociedad”.

Cómo estamos hoy

Hace pocos días la noticia de un niño de 14 años que con frialdad asesinó a dos personas en la ciudad de Medellín, colmó los titulares de todos los medios de comunicación. Según la Fiscalía, otras 12 personas habían sido sus víctimas fatales. Tan solo dos días antes de esta noticia, otros cinco niños, entre 11 y 13 años, habían sido capturados por la Policía en el municipio de Bello, al norte de Medellín, con armas para cometer un ataque sicarial.

El reporte más reciente de la Policía Metropolitana indica que del 1° de enero al 31 de marzo de este año han sido capturados 582 menores: 2 por homicidio, 260 por porte y tráfico de estupefacientes, 116 por receptación, 26 por porte ilegal de armas, 62 por hurto a personas, 54 por violencia intrafamiliar, entre otros delitos.

La vinculación de menores en bandas criminales es una práctica cada vez más común en Medellín, especialmente en las zonas occidental y nororiental de la ciudad. Según la Corporación Paz y Democracia (Corpades), hay en Medellín 350 bandas criminales con cerca de 8 mil miembros, de los que el 40 % son menores de edad. “El más pequeño que hemos encontrado es de 11 años. Cada vez los van involucrando a más temprana edad en la vida criminal y es una situación de reclutamiento forzado que va en aumento”, asegura Fernando Quijano, director de Corpades.

Según Quijano, hace dos años en acercamientos sostenidos con la Oficina, se insistió para que entregaran a cerca de 6 mil niños que tenían en las bandas a su mando en toda el área metropolitana.

“No todos los niños llegan a estas bandas de la misma forma. Un menor puede llegar porque se ve seducido económicamente, le llama la atención la construcción de estatus, porque en sus grupos de pares hay personas que están ahí, por las condiciones precarias de su territorio, condiciones de control social, político, económico y de movilidad que ejercen esas estructuras en sus barrios, autoprotección (entran a la organización para no ser vulnerados) y tramitación de emociones como venganza y odio”, explica Andrés Felipe Lopera, profesor e investigador de la Universidad Eafit.

Un monitoreo realizado por el Centro de Consultoría del Conflicto Urbano (C3), en 2015 y con seguimiento en 2018, reveló que en las Convivir (grupos paramilitares) del centro de Medellín, que son cerca de 40, conformadas en promedio por 40 hombres, cerca de 1.600 miembros, por lo menos, el 10 % son niños entre los 11 y 15 años, la mayoría hombres, es decir, 160 menores vinculados a ellas. En estas estructuras ellos son mensajeros, vigilantes y transportadores de armas, drogas y dinero. Por su parte, las niñas son utilizadas como “carnada” para los secuestros exprés. “Es muy posible que ese 10 % haya aumentado por la dinámica de la criminalidad en la ciudad”, comentó Luis Guillermo Pardo, director de C3.

El investigador aseguró que, aunque esto fue solo en el centro de la capital de Antioquia, es un reflejo de lo que pasa en otros espacios de la ciudad en los que existen los llamados combos. “Nos sorprendió encontrar a una niña de 11 años que ya la estaban utilizando para estos actos ilícitos”, dijo Pardo.

Un camino para el crimen

Desde sus inicios como ciudad, el centro de Medellín contó con todo el equipamiento de servicios públicos y bienes para el disfrute de la comunidad, mientras que en las periferias no era igual, por ello empezaron a marginarse y a la vez a gestionar su seguridad. Desde esa época, años 50 y 60, surgieron los sistemas de protección barrial, “galladas”, que eran conformadas por jóvenes.

Otro momento es la penetración del narcotráfico. En su primera etapa, generalmente, participaban adultos. Sin embargo, en la segunda fase, cuando se consolidó el cartel de Medellín, “se empezó a dar una oferta ilegal de quienes debían ejercer la violencia homicida, que siempre se ha visto de una forma útil y barata a través de los jóvenes, que son de la periferia. Chicos populares a quienes las condiciones de vida les empiezan a hacer unas sin salidas o encrucijadas”, comenta el profesor Lopera.

En los 90 se conocieron las “territorialidades”, que consistían en conformaciones de grupos de limpieza social, milicias y paramilitares. Esos actores armados que necesitaban gente reclutaron a niños y jóvenes que más tarde, al caer el cartel de Medellín, fueron víctimas de una diáspora de las bandas vinculadas a esa organización.

A comienzos del siglo XXI, Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien fue comandante del grupo paramilitar Bloque Héroes de Granada y condenado en 2009 a 31 años de prisión en Estados Unidos, logró cooptar a las bandas y conformar el Cacique Nutibara, y a la ciudad Medellín regresó la violencia homicida. “Fue ahí cuando se vio de una manera más contemporánea lo que se conoce como “niños sicarios”, pequeños vulnerables, ellos no brotan de la tierra, no son el diablo, no matan por matar y parece que en nuestra construcción social vemos al joven popular como a alguien peligroso”, complementa el investigador.

Cada vez más barbarie

Con el paso de los años y la degradación de la guerra urbana entre combos, los niños han sido vinculados a actividades de mayor barbarie. “Hemos encontrado a niños encargados de las casas de tortura y participan en el desmembramiento de personas. Es impresionante lo que les están enseñando, cada vez es peor”, asegura Quijano.

Según Corpades, para que estos niños tengan esa participación en actividades de sicariato y tortura son entrenados para ello. “En la periferia de la ciudad existen las escuelas de sicarios, al igual que en Puerto Berrío. “Allí, excombatientes de la guerrilla, paramilitares y exmiembros de la Fuerza Pública los entrenan desde los 11 años. Basta observar en los videos la tranquilidad y frialdad del pequeño sicario de 14 y de los cinco niños capturados en Bello. Ellos demuestran el entrenamiento, porque no es la primera vez que hacen algo así, no es un asunto fortuito”, asegura Quijano.

En más del 70 % de la ciudad hay presencia de actividad criminal y ahí están siendo utilizados los niños. “No nos extrañemos si aparecen jefes de bandas con mucho poder siendo menores”, concluye Quijano.

En busca de soluciones

“Es un tema social que hay que entender y saber qué pasa en cada caso, porque no es normal que un niño les quite la vida a dos personas, eso es un drama. Hay que entender qué nos pasa hoy como sociedad y que tenemos un gran deterioro moral para el punto al que hemos llegado”, comenta el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.

La Alcaldía, la Secretaría de Seguridad y Convivencia, el Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia, y la Universidad Eafit adelantan la investigación “Contextos y factores de la violencia homicida en jóvenes de Medellín entre 2011 y 2018”. En el trabajo de campo se conversó con jóvenes (entre 200 y 250, algunos habían perpetrado homicidios) con fin de analizar cómo narran sus contextos, historias de vida y cómo comprenderlo desde las instituciones y la academia. Posteriormente, se construyeron unos perfiles para la atención y actualmente, en la última etapa, se está diseñando un plan de acción que intenta generar medidas a corto y mediano plazo para contener contextos y factores, y no criminalizar a los jóvenes.

“Antes del castigo se deben restituir los derechos de esos niños que han sido vulnerados. Una solución no es modificar la ley para que se les juzgue desde los cinco años, eso es un populismo punitivo y no soluciona lo estructural”, complementa el profesor e investigador Felipe Lopera.

Una iniciativa para promover esta estrategia es el plan “Parceros”, que impacta a jóvenes con riesgo de entrar a las bandas criminales (bacrim). Además, hay 25 menores del sistema penal adolescente que pueden ir a estudiar a instituciones de educación superior con becas y permisos dados por jueces. La solución es “educación, cariño, amor dentro de la familia, disciplina y que, definitivamente, nos transformemos como sociedad”, dijo el alcalde Gutiérrez.

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