Francia, de luto

Las cenizas de Notre Dame

Como afirmó la historiadora Camille Pascal: “Todos los acontecimientos, afortunados y desafortunados, fueron saludados por las campanas de Notre Dame de París”.

Imagen del incendio que ayer consumió gran parte de la catedral de Notre Dame, construida entre 1163 y 1345. AFP

Ayer, mientras las llamas consumían la historia de Francia que se ubicaba en la parte alta de la catedral de Notre Dame, algunos medios de comunicación y personajes de la cultura comenzaron a hacer la lista de las obras de arte que podrían perderse, y de la importancia histórica de la catedral, construida entre 1163 y 1345 por orden de Maurice de Sully, párroco de París entre 1160 y 1196. Hablaron, por ejemplo, de Víctor Hugo, referente esencial de la literatura francesa del siglo XIX y bastión de Notre Dame. El romanticismo que se apoderaba de las letras y el arte, lustros después de la Revolución Francesa, abogaba por el papel como reflejo y testimonio de una sociedad que se rebelaba desde dentro, desde los rincones del hampa y desde los sectores más marginados, que clamaban empuñando sus banderas por la liberación del pueblo y por el derecho de adquirir mejores condiciones de vida. Con las novelas Nuestra señora de París y Los miserables, Víctor Hugo plasmaba a la catedral como un testigo que se imponía en el corazón de París, justo en la Isla de la Cité. La catedral, según distintos arqueólogos, fue construida sobre cuatro iglesias diferentes. Una paleocristiana del siglo cuarto, una basílica merovingia, una catedral carolingia y una romana.

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Las historias trágicas de Quasimodo y Esmeralda, personajes insignes de Nuestra señora de París, reafirmaron el valor histórico y cultural de la catedral, narrando sus interiores, sus pasadizos, vitrales y gárgolas como elementos característicos del arte gótico que abrazó la arquitectura francesa por varios siglos.

La catedral de Notre Dame ha sido sometida a múltiples transformaciones debido a que su condición de símbolo y referente histórico y cultural ha sido un arma de doble filo, pues en medio de guerras y conflictos sociales ha sido amenazada con su destrucción. Si bien la restauración que se venía realizando el pasado lunes no correspondía a ningún tipo de amenaza, el hecho sí evoca episodios anteriores en los que la catedral tuvo que ser parcialmente modificada para evitar daños irreparables que violentaran la historia y el patrimonio de la humanidad en Occidente.

La primera reconstrucción que se le hizo a la catedral de Notre Dame fue en 1831, luego de que se uniera la famosa novela de Víctor Hugo, que la glorificaba, con el afán del pueblo francés de redescubrir el patrimonio histórico de la nación luego de la Revolución, pues durante esta la edificación se sumergió en uno de sus momentos más grises. Se saqueaban los tesoros, se destruían todas sus obras y la fachada colapsaba. Hasta se llegó a proponer la venta de sus piedras.

La segunda restauración se dio, parcialmente, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. La amenaza de un bombardeo por parte de los alemanes causó que las autoridades locales retiraran los vitrales de la catedral, logrando salvaguardar las escenas que cuentan la leyenda de la patrona de París, Santa Genoveva, nacida hacia el año 422 d. de C.

La conflagración de ayer en Notre Dame provocó distintos y dramáticos comentarios. Camille Pascal, historiadora, respondió para la cadena de televisión BFM: “Todo francés, sea católico o no, debe sentir horror frente a esto que vemos. Todos los acontecimientos, afortunados y desafortunados, fueron saludados por las campanas de Notre Dame de París. Estamos tratando con la destrucción de un patrimonio mundial en directo”. En la misma emisión, Emmanuel Grégoire, diputado de la Alcaldía de París, se pronunció: “A pesar de que una misión especial fue enviada para intentar salvar todas las obras de arte que allí se guardaban, se le dio prioridad a la seguridad de los turistas que estaban alrededor y aquellos que pasaban por el río Sena”.

Laurent Vibert, vocero del Cuerpo de Bomberos de París, dijo para la televisión francesa: “Es un establecimiento que recibe mucho público, por lo que está sometido a cumplir cierta reglamentación de seguridad. Las imágenes del incendio muestran que, probablemente, las llamas provienen del techo como consecuencia de los trabajos de restauración que allí se adelantaban. A nivel del Cuerpo de Bomberos se tienen diferentes planes de extinción de incendios para edificios como Notre Dame, la Torre Eiffel o el Museo del Louvre”.

Estudiantes y ciudadanos, consternados, hablaron sobre la situación, recordando sus relaciones con Notre Dame. “Notre Dame marcó mi vida gracias a mi familia; a mí me traían al servicio (la misa) de cada semana -dijo Norma Allard-. Este lugar, que hizo parte de mi infancia y mi juventud, es el emblema del obispado francés y de la Iglesia católica francesa. Creo que esta catástrofe es lo peor que nos puede pasar como comunidad religiosa antes de pascua”, comentó Norma Allard, retirada. Por su parte, Mathilde Ducret expresó que “este monumento alude a la fuerza de Francia en el medievo. Se impone entre las calles de la ciudad. Representa una pérdida no solo a nivel cultural, sino económico, sabemos que muchos turistas vienen a París solo a ver la catedral. Creo que lo que se viene con el proceso de reestructuración va a ser complejo, además pienso en los vitrales y los cuadros, en todo eso irrecuperable que nos hizo testigos de la cultura religiosa medieval no solo de Europa, sino de Francia”.

“Es grave, porque es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Son cientos de años que se están perdiendo para la historia del arte. Es un templo que nos habla de los cimientos y la consolidación de París en el mundo.Es una joya emblemática de la arquitectura”, concluyó Charles Ferraud, estudiante de lingüística y artes en la Universidad Sorbonne Nouvelle. Por último, Pierre Cimarra, estudiante de sociología, dijo que “es el monumento más visitado de Europa. Los franceses lo consideran un patrimonio”.

Manuelle Courjan-Kompf, estudiante de maestría en la Universidad de Dauphine, París 9, dijo:

“Esto se equipara con lo que el Estado Islámico hizo en el Museo de la Civilización de Mosul, en Irak, destruyendo piezas invaluables de arte preislámico. La pérdida del arte tiene un valor incalculable, es la pérdida de la historia y, con ella, la pérdida de la identidad” – El estudiante no quiere que se conozca su nombre.

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“Notre Dame es uno de los símbolos de Paris. Lo que está pasando con este monumento representa un quiebre, teniendo en cuenta su valor histórico y en la memoria colectiva de la ciudad, este daño es una ruptura para nosotros los franceses. Este monumento es un símbolo de identidad que se va. Aparte, ¿qué es eso de Donald Trump dándonos consejos en Twitter sobre cómo apagar el fuego? Este no es el primer accidente que tiene Francia. Vamos a resurgir, expresó” Manuelle Courjan-Kompf, estudiante de maestría en la Universidad de Dauphine, Paris 9.

Por último, Pierre Cimarra, estudiante de sociología en la Universidad Paris 5 - Descartes, dijo que “Es el monumento más visitado de Europa. Los franceses lo consideran un patrimonio, uno de los símbolos más fuertes, es de por sí la excelencia francesa, hace parte de lo que es el horizonte parisino”.