Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

Tiempos inmediatos

Tiempos inmediatos de supuestos éxitos y de amores y olvidos inmediatos, en los que todo vale con tal de trepar lo más inmediatamente posible para llegar a una falsa cúspide y celebrar un falso y efímero triunfo, que nos dejará de inmediato en una crisis de vacío de la que tendremos que salir de inmediato, con pastillas o con trago, con mucho dinero en el banco o con un premio inmediato, de esos que se crearon para sacar en un dos por tres de la depresión a quien pague más. Tiempos inmediatos de personas inmediatas que heredaron del capitalismo el tener más, el hundir más, el competir y eliminar, el acumular y destruir más, y que como el capitalismo, apostaron todas sus fichas a la producción y a la meta. The winner takes it all, como decía la canción.

Tiempos inmediatos de resultados inmediatos, por los que pasaron de moda el camino, caminar, buscar y el proceso, los poemas, las conversaciones, el café de las tardes y chapotear en los charcos bajo la lluvia, y se enterraron por siempre la lealtad, la honestidad, la fuerza, el orgullo y aquellos cada vez más viejos valores de los abuelos. Tiempos inmediatos, en los que de un tajo eliminamos el pensar, lo reemplazamos por repasar o reaccionar, y a repasar y reaccionar le colgamos el pomposo título de Criterio. Tiempos de inmediatez, en los que la veracidad está dada por la velocidad, no por los argumentos, y mucho menos por el análisis.

El que pega primero, pega dos veces, y mientras más siga pegando y más rápido lo haga, cuánto mejor, porque cada golpe suma clics, o seguidores, y en la medida en que sumemos clics y seguidores, más rápido subiremos, sin que importen mucho las consecuencias de los golpes. A fin de cuentas, lo que vale en los tiempos de la inmediatez son los números, las mediciones y, sobre todas las cosas, el éxito viral, que como todo virus, nos está infectando aunque no queramos darnos cuenta. La ecuación es lógica: mientras más tonterías inmediatas, incendiarias o sentimentaloides colguemos en la red, mayor éxito y mayor demanda de tonterías inmediatas y de sentimienticos. La espiral de la estupidez, y por lo tanto, del dominio. La espiral inmediata de la robotización.

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