A 59 kilómetros de la gloria: Egan Bernal vistió a Colombia de amarillo

En una etapa que fue suspendida por las malas condiciones de la carretera, el ciclista del Ineos asumió el liderato del Tour de Francia y quedó muy cerca de convertirse en el primer colombiano campeón en París.

AFP

Cuando la naturaleza quiso interponerse ya era muy tarde: Egan Bernal había coronado el Ilseran, el premio de montaña de categoría especial, y Julian Alaphilippe, la esperanza local, sufría atrás, con la lengua entre los dientes y con un pedaleo ineficiente. El colombiano, siguiendo sus impulsos, hizo que los segundos en contra pasaran a estar a favor, y se alejó tanto que el grupo de favoritos no pudo conectarlo de nuevo. A 2.770 metros sobre el nivel del mar, el que se crió a 2.700 metros respiró mejor y tuvo más fuerzas.

Y en las pantallas de la llegada, en Tignes, los colombianos que veían la etapa no se contuvieron e iniciaron el bullicio, y los franceses, resignados por el retiro de Thibaut Pinot, se unieron y pronunciaron el Bernal a su manera, frunciendo la boca. Y los aficionados al ciclismo, al unísono, reconocieron el valor del pedalista de 22 años por apostarle al ataque, a esa forma de correr que gusta, que cautiva. Y en la meta los integrantes del club de fans de Egan, que lo siguen por toda Europa, recordaron a Lucho Herrera y a Fabio Parra, también a Víctor Hugo Peña y a Fernando Gaviria. “¿Cierto que ningún colombiano ha ganado el Tour?”, preguntó un alemán con su español balbuceado y que manejó desde Múnich para ver las tres jornadas de los Alpes. “No, pero eso cambiará el domingo”, le respondió un hombre que caminó desde Saint-Jean-de-Maurienne para ver la carrera.

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A Diego García, con una maleta de mochilero que a golpe de vista pesa un montón, no le importó caminar durante seis horas, dormir la noche anterior en una parada de bus y desgastar el movimiento de pulgares para que alguien lo llevara al corazón de los Alpes desde Gap. “Me subí en tres carros y acá estoy viendo a un colombiano hacer historia”. Y esa historia de la que habla, en cierta manera, también es suya, se la ha dado Egan al decir que lo que logró con sus piernas es para todo el país. Porque Bernal, un joven que no se obnubila por los elogios, atendió a la prensa colombiana. Primero a la televisión que paga derechos, después los demás en la zona mixta y, por último, a la salida del control al dopaje. “Espera que tengo que hablar”, le dijo el cundinamarqués a George Solomon, el jefe de prensa del Ineos, que lo quería meter en la camioneta a toda prisa.

Y vimos lo que soñamos: a Egan vestido de amarillo, y el color del sol se hizo más reluciente con su sonrisa. “Solo dan ganas de llorar”, fue lo primero que se atrevió a decir, con una voz trémula por el impacto de quien no asimila la grandeza de lo que ha hecho. Las lágrimas por poco aparecen otra vez, como lo hicieron minutos antes, cuando se fundió en un abrazo con Germán, su papá, mientras le susurraba al oído quién sabe qué palabras de agradecimiento. Y Egan fue tan humano y tan sencillo que la emotividad se traspasó a la gente, a su gente. Y todo fue sentimiento. Y después la apretujada con Xiomara, su novia, y el rostro de satisfacción de ambos por lo vivido, por lo que falta por vivir. Y fue imposible que los ojos no se aguaran, que el momento no tocara el corazón.

Y Egan encantó aún más a los franceses, pues no fue como otros cuando se suben al podio, soberbios y altivos. Él no. Él fue pura emoción, puro corazón. Y con la bendición de Germán sobre su pecho amarillo se notó que el colombiano hizo un esfuerzo enorme por no derrumbarse y vino otra muestra de cariño y de gratitud. Egan, el fuerte en la montaña, el inquebrantable en la carretera, demostró que detrás de su cara de jugador de póquer, de sus palabras medidas, hay pasión. Y mucha. “Soy el tercer colombiano en tener esta camiseta y trabajaremos fuerte para llegar a París con ella”, apuntó a manera de reconocimiento para que Colombia no olvidara a Víctor Hugo Peña y a Fernando Gaviria, los dos primeros en vestirla. Hoy, el niño que vivió una travesía para nacer (Flor, su mamá, tuvo que desplazarse de Zipaquirá hasta Bogotá para dar a luz porque el hospital del pueblo estaba en paro), está muy cerca de terminar otro viaje, uno que pasó de ser un sueño a una realidad, un recuerdo que en un futuro llamará a otros, en la mente de otros, con una misma frase: “Egan Bernal fue el primer colombiano en ganar el Tour de Francia”.

Confusión y alegría

Por unos minutos todo fue silencio y nadie supo qué pasaba. Pero la imagen de uno de los comisarios en moto pidiéndoles a Egan y a Simon Yates que bajaran el ritmo en pleno descenso dio luz a lo que vendría más adelante: una carretera cerrada por un derrumbe, el granizo cayendo inclementemente y un sector imposible de atravesar por los autos, mucho menos por las bicicletas. Christian Prudhomme, sin meditarlo, tomó la decisión de parar todo, de que el Ilseran fuera la llegada de la etapa 19, que se declarara el triunfo desierto y que se respetaran las diferencias de la escapada y el grupo de favoritos al pasar por allí.(Le puede interesar: Egan, un campeón antes de nacer)

Apenas fueron 89 kilómetros de los 126,5 establecidos, y ahora son 48 segundos los que tiene de ventaja Bernal sobre Alaphilippe, tiempo que tiene que defender hoy en los 59 km de recorrido, que también se recortó pues originalmente era de 130 km, entre Albertville y Val Thorens, un ascenso fuera de categoría en el que el Ineos pondrá todo su tren para que el maillot no cambie de dueño. Y sí que son expertos en esto, en abrir un umbral y no dejar que nadie lo cierre. No en vano son la mejor escuadra del mundo, la que ha estado en el primer escalón del podio en las últimas cuatro ediciones y la que pondrá toda su maquinaria para que Egan llegue a París sin inconvenientes, con la camiseta que durante tantos años ha sido una añoranza para nuestro país.

Camilo Amaya- @CamiloGAmaya

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2019-07-26T16:33:42-05:00

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Camilo Amaya- enviado especial Arbertville

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