Egan Bernal espera con ansias la etapa 6 del Tour de Francia

En la sala de prensa del Tour, en la Villa ubicada al lado de la salida y en todas partes se habla de que el colombiano podría brillar en la primera jornada de alta montaña de la carrera francesa.

Bernal (centro) antes de la salida de la tercera jornada.AFP

Esta historia no comenzará con Egan Bernal precisamente. Su inicio viene de más atrás, con otro personaje: Rubén Darío Gómez, el nómada, el que solo tenía arraigo hacia su propia gente. Nació en Santa Rosa de Cabal, aprendió a montar bicicleta por las empinadas calles de Manizales y que se hizo ciclista en Pereira. Fue un corredor inteligente, como un jugador de póker, siempre pendiente de las cartas propias y de los gestos de los demás. Y también de condiciones para escalar. No en vano lo apodaron El tigrillo de Pereira, pues decían que tenía la fuerza de este animal, que con sus garras se trepara a los troncos de los árboles con mucha facilidad.

Ganó su primera Vuelta a Colombia en 1959 con 19 años y más que un ídolo se convirtió en un fenómeno social en la capital de Risaralda. Todos querían hablar con él, ser como él, hasta pensar como él.  Y fue gracias a la ciudad que pudo disputar la prueba más importante del país, con un carro viejo como escolta por las carreteras serpentinas y arenosas, y con el padre Antonio José Valencia haciendo las veces de patrocinador. De hecho, el periodista Hugo Ocampo Villegas contó que al ver la precariedad de Rubén Darío, el sacerdote organizó una caravana de despedida, sacó un canasto enorme y en cuestión de unas cuantas cuadra ya tenían el dinero suficiente para que Gómez fuera a la carrera como un rey.

Pero, ¿qué tiene que ver Rubén Darío con Egan Bernal? Sencillo: sus maneras. y sus ademanes. Para quienes lo vieron correr hace 60 años, es parecido al hoy pedalista del Team Ineos. Las miradas de reojo, el ir siempre bien ubicado en el lote, hasta la forma en la que levanta la cabeza, como si fuera un radar, para ubicar a los rivales y así tenerlos monitoreados. Cosas que parecen no tener importancia, pero que puede definir victorias, incluso títulos.

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“Es importante no perder tiempo en estas etapas, no caerse y estar listos para la montaña. Hay que agradecerle al equipo porque uno va a rueda, sin gastar y con la tensión que se maneja en jornadas de embalajes, que es alta. Estamos esperando la etapa seis que de seguro será un espectáculo para escaladores. Hay que recuperarse bien para eso”, dice el cundinamarqués, hablando con calma, siendo estratega, como los fue en su momento El tigrillo de Pereira para vencer a Hernán Medina Calderón.

Bernal parece tener el control de cada día y en parte se lo debe a lo que hace el Ineos por él. Lo cuidan y él procura retribuir con inteligencia a la hora de rodar. “Es cierto que duelen las piernas, pero eso es algo normal. El cuerpo se agota y hay que saber recuperarse”, añade el ciclista que llama la atención de los extranjeros, más que Nairo, pues lo ven fuerte pero, ante todo, con convicción.

La etapa del jueves, a la que Egan hace referencia y la que se espera es de 160, 5 km, con siete premios de montaña y una llegada  a 1.140 metros sobre el nivel del mar, un ascenso final de siete km con un promedio de pendiente de 8,7%. En otras palabras, una pared en la que entre ellos mismos se pueden hacer mucho daño.

Aunque no demuestre emoción, pues su nivel de concentración es muy alto, las palabras de Bernal no ocultan el deseo de que la carretera empiece a seleccionar el grupo y sean unos pocos los que desordenen la clasificación general y la acomoden a su antojo. Eso sí, el van tiene toda la intención de ser uno de esos