Opinión: El Tour fue toda una batalla en los abanicos

El viento en la décima etapa de este lunes causó estragos antes de la cronómetro del próximo viernes y de los duros ascensos de los Pirineos que comienzan el fin de semana.

AFP

La gran batalla que se esperaba en la sexta etapa, primera de gran montaña, que no causó  mayores estragos entre los favoritos, se libró cuatro días después, en la jornada de 217 kilómetros de este lunes, en la que no fueron las cimas y los elevados porcentajes de ascenso los que fueron definitivos sino el viento que sopló con fuerza en los 40 kilómetros finales despedazando el lote, propinándole un golpe casi definitivo a varios de los candidatos al triunfo final.

La cronómetro del viernes quizás dé un nuevo revolcón en las clasificaciones pero los ascensos del sábado y del domingo son de raca mandaca y pueden brindarle a los colombianos alegrías tan grandes como las que hemos disfrutado en estos últimos días con la sensacional victoria de Cabal y Farad en Wimbledom y la barrida de los patinadores en el Mundial.

Este lunes muy pocos imaginaban que varios aspirantes al título iban a perder su opción. Se esperaba que el trazado del día no iba a causar ningún movimiento en la clasificación general pero los técnicos de las dos escuadras más poderosas, el Ineos y el Movistar- que habían hecho un recorrido previo de estas etapas- ya estaban enterados de lo que podía ocurrir y alertaron a sus muchachos para que estuvieran preparados en cabeza del pelotón para aprovechar al máximo la presencia de un enemigo mortal: el viento.

Cuando la carretera cambió de sentido, a 40 kilómetros de la meta, el EF Education First quiso aprovechar las ráfagas que barrían la carretera y se lanzó al ataque con todos los aspirantes al título a sus espaldas. Rompieron el lote dejando los primeros damnificados pero irónicamente en pocos minutos se fueron yendo al fondo del primer lote y pronto fueron barridos por el viento dejando fuera de toda opción al antioqueño Rigoberto Urán.

Y en medio de la feroz batalla en el llano la mala suerte de Mike Landa jugó en favor de un Nairo que cada día se ve mejor. El alavés fue a dar al piso y con ello se esfumaron sus opciones de disputarle el liderato del equipo al colombiano; ahora está a 3.03 de Thomas y a 2.09 de Quintana.

Lo que viene este fin de semana será de película con la etapa contra reloj de 27,5 kilómetros el próximo viernes, en la que todos los favoritos irán a muerte en un recorrido de columpios en los alrededores de Pau, (la ciudad que mostró la categoría de Juan Pablo Montoya al ganar un circuito de la Fórmula 2 en la que alcanzó por detrás a todos sus rivales y en la que un periodista francés afirmó: “ha llegado un nuevo Senna)”.

Y el sábado (justamente el día en que se celebra el grito de Independencia del país) en la jornada corta de 117,5 kilómetros que termina en el Tourmalet, con un duro premio de primera en el kilómetro 60 y la meta en el mítico alto que está a 2.117 metros sobre el nivel del mar,  Nairo y Egan tratarán de repetir el grito de independencia que lanzó al mundo en 1.983 el boyacense José Patrocinio Jiménez al coronar en cabeza el ascenso de 19 kilómetros, al 7.4 de promedio, para mostrarle al mundo que “los escarabajos” llegaban a Europa para quedarse, para darle un nuevo brillo a las grandes Vueltas con su poderoso andar cuando las carreteras buscan las nubes.

Y el domingo de nuevo a subir en los 185 kilómetros que terminan en Foix Prat d Albis ya que en los últimos 80 se encontrarán las escaladas a Port de Lers, el Muro de Peguiere y en la meta, de primera categoría, en las que el mundo ciclístico estará pendiente de Anaphilippe, Thomas, Kruijswik, Mas, Pinot, Fulgsang y Bardet pero en especial del duelo de los dos colombianos, Egan y Nairo, que van a darlo todo en la búsqueda del liderato.

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Rafael Mendoza /Especial para El Espectador

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