¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 16 mins

Pulse y Trump: la suma de todos los miedos

El ataque al bar gay en Orlando facilita el mensaje del virtual candidato presidencial republicano. El magnate apela a la emoción más racional que existe: el miedo.

El candidato presidencial republicano, Donald Trump.  /AFP
El candidato presidencial republicano, Donald Trump. /AFP

Los especialistas electorales saben que todos somos seres tan racionales como emocionales y que los buenos candidatos son los que asociamos tanto a un conjunto de propuestas racionales como a unos sentimientos más primarios que influyen desde el subconsciente.

En las actuales elecciones estadounidenses el miedo es el sentimiento más presente y el gran aliado de Donald Trump. El magnate republicano juega –y no utilizo la palabra al azar¬ de manera muy consciente a ser el antiObama.

El actual presidente invocó hace ocho años a la esperanza para movilizar a sus votantes. Un sentimiento vinculado a la confianza y a la voluntad, y que se afirma en la intención de desarrollar un proyecto común a través de las instituciones y del Gobierno Federal.

Por el contrario, Trump se erige en el paladín de un electorado que siente inquietud ante el futuro, las transformaciones tecnológicas y que percibe el cambio cultural y de valores como amenaza a las tradiciones estadounidenses. La clase política de Washington, el gobierno Obama y, en general, el Estado serían los responsables de esa erosión del modo de vida americano al aceptar ¬o ser incapaces de frenar¬ la inmigración ilegal –identificada con los latinos¬, al ampliar los derechos de minorías –los afroamericanos, la comunidad LGTBI¬ y de mujeres –que constituyen ya el 51% del censo¬, etc.

En definitiva, un conjunto de votantes que creen que el único dispuesto a despojarse de formalismos y hablar el lenguaje del hombre común contra Washington y protegerles es un millonario populista que desconfía del papel benefactor del Estado al que Obama apeló y que dice: “Make America Great Again”.

Y para esos estadounidenses el atentado en el club Pulse de Orlando encarna la suma de todos sus miedos: un lobo solitario, un yihadista del Estado Islámico, el hijo de un inmigrante afgano, un homófobo que, golpeaba a su exmujer, un hombre que fue investigado dos veces por el FBI sin mayor efecto que ataca un club gay en el que se celebra una noche latina.

El ataque en Orlando facilita el mensaje de Trump que no tiene que proponer soluciones ni racionalizar las sensaciones. Trump sólo tiene que convencer a sus potenciales votantes de que, si ellos tienen miedo, el mundo debe asustarse, y que no hay mayor miedo para el resto del mundo que un presidente impredecible, bocazas, dispuesto a enfrentar al establishment y a las restricciones a lo políticamente correcto.

En el miedo gana Trump, y lo que muchos no parecen comprender es que el miedo es una de las emociones más racionales que existen, porque apela a autopreservación y a inseguridades reales.

Minusvalorar esos miedos lleva a no tomarse en serio a Trump. Hasta ahora ninguno de sus contrincantes lo ha entendido. ¿Incurrirá Hillary Clinton en el mismo error?

@mbenlazProfesor Departamento de Historia Escuela de Filosofía y Humanidades Universidad Sergio Arboleda