2 Dec 2015 - 3:39 a. m.

Botsuana, paraíso salvaje

Por tierra, aire o sobre el agua, los destinos que ofrece este país africano atraen a viajeros aventureros en busca de una emocionante experiencia en medio de la naturaleza y la vida animal.

Redacción Buen Viaje

Botsuana es todo lo que uno se imagina de África. Una extensa llanura en la que viven miles de elefantes, donde se ruedan documentales de animales salvajes que se pasean por doquier en busca de alimento, que merodean los campamentos de los turistas en las noches, caminan en manadas hacia los ríos y descansan debajo de los árboles.

Esta tierra no tiene mar, comparte los territorios del desierto de Kalahari —unos 930 mil kilómetros cuadrados— con países como Namibia y Sudáfrica, sus fronteras colindan con otros como Zimbawe y Zambia y tiene la mayor concentración de elefantes, rinocerontes e hipopótamos del mundo, al punto que muchos se atreven a decir que es más fácil tropezarse en el camino con uno de estos animales que con un botsuano. Un lugar en el que se puede apreciar la magnitud del desierto y que atrae a los más intrépidos turistas que disfrutan de la sensación inigualable de estar a pocos metros de las especies más feroces del planeta.

¿Qué hacer? ¿A dónde ir? Si hay algo que no le falta a este pedazo de la cuna de la humanidad son las reservas y parques naturales, que ofrecen un contacto íntimo con la fauna. Es por eso que irse de este país sin visitar la Reserva Central de Kalahari, la más grande de Botsuana y la segunda mayor reserva de vida silvestre en el planeta, es un error. Durante las épocas de verano, cuando la lluvia se asoma ocasionalmente, es posible observar la llanura repleta de manadas de gacelas, antílopes, ñús y jirafas que se reúnen para encontrar la mejor zona de pastoreo. Antiguamente, estos territorios eran recorridos por los pueblos bosquimanos que se dedicaban a la caza y la recolección.

A 400 kilómetros de esta reserva se puede hallar algo verdaderamente impresionante: un santuario en el que los rinocerontes son protagonistas. El Khama Rhino Sanctuary, muy cerca de la histórica localidad de Serowe, fue creado en 1989, debido a la preocupación que generó la caza desmedida de rinocerontes, que estuvo a punto de desaparecerlos, y hoy es un lugar de parada casi que obligada para los turistas que viajan hacia o desde las reservas del norte del país.

Es un proyecto de turismo comunitario que dirigen los habitantes de las aldeas de la región, quienes ofrecen planes como safaris o la observación de aves. Una de sus particularidades es que permite ver rinocerontes blancos, en peligro de extinción hace algunos años; y negros, que actualmente están seriamente amenazados.

Otro de los parajes para encontrarse con la magia de lo salvaje es el parque natural fronterizo Kgalagadi, que pareciera romper con los esquemas y que se convierte en el oxímoron de lo que es un desierto, al ofrecer praderas llenas de verde que surgen tras la temporada de lluvias y que conservan mucha diversidad vegetal y animal. Es como un barrio en el que viven leones de Kalahari, cebras, gacelas, guepardos, leopardos y hienas manchadas, por el que los turistas pueden pasear a bordo de camionetas, aprender un poco sobre la fauna e, incluso, cenar con una puesta de sol como telón de fondo.

Los planes por hacer no terminan ahí y, sin ánimos de comparar lo interesante que puede llegar a ser el apreciar tan de cerca la naturaleza, en Botsuana esta experiencia se puede llevar aún más al límite. Por ejemplo, hacer un safari en el que el mismo turista dirige su travesía, para lo que solo se necesita una 4x4, agua, combustible, alimentos y ganas de conducir por África; subirse a una avioneta para apreciar el paisaje sobre la reserva Moremi y así tener una dimensión de la inmensidad de la llanura; o emprender una ruta por las aguas poco profundas del delta del río Okavango a bordo de un moroko, una canoa fabricada con el tronco de un árbol e impulsada por un remero.

Lo que sea que se haga en un país donde los animales más salvajes del planeta pueden estar a pocos pasos de los asentamientos humanos, ya es impresionante, y lo que queda por descubrir de este territorio de extensas llanuras que parecieran ser la cama del sol al anochecer, lo convierte en un paraíso.

 

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