13 Dec 2011 - 5:31 p. m.

Canaima, el mundo perdido

La caída de agua más alta del planeta está en Venezuela. El Parque Nacional Canaima ofrece un recorrido hasta la imponente catarata.

Paula Santana / Venezuela

El avión que sobrevolaba el Parque Nacional Canaima permitía ver un paisaje alucinante. Desde la ventanilla de un ATR 42 de la aerolínea venezolana Conviasa, los viajeros contemplaban asombrados la interminable alfombra vegetal, interrumpida por ríos serpenteantes y enormes rocas talladas como mesas. Todos parecían estar regresando a un tiempo remoto, cuando el planeta escondía lugares que nadie había pisado todavía.

Ubicada en el extremo sureste de Venezuela, en el estado de Bolívar, esta reserva natural fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 12 de junio de 1994. Considerada como el sexto parque natural más grande del mundo por sus 30.000 km² de superficie, la belleza de Canaima es tan sorprendente como las leyendas que recorren los seductores paisajes que atraen a turistas, científicos, exploradores y aventureros. Dentro del parque hay distintos campamentos que ofrecen planes acordes al tiempo de estadía. Kavak, Waku Lodge, Paracaupa Canaima y Tapuy Lodge son los más conocidos, pero el campamento Canaima Venetur tiene la mejor vista a la laguna Canaima.

Las inabarcables mesetas conocidas como tepuyes —montañas planas sin picos y cuyo nombre en la lengua de los indígenas pemones significa “morada de los dioses”— pueblan los confines de la reserva que inspiró la obra del escritor británico Arthur Conan Doyle, El mundo perdido. Estas “islas del tiempo”, llamadas así por tener cuatro mil millones de años y que han sido talladas por la erosión, semejan gigantescas mesas de piedra. El Auyantepuy, el Roraima y el Kukenan son los tepuyes más conocidos, cuyas cimas albergan numerosas especies endémicas de flora y fauna, objetos de estudio científico. En los últimos años, los biólogos han descubierto un ecosistema de plantas carnívoras e insectos nunca antes catalogados.

El Auyantepuy o Cañón del Diablo es la cuna de la caída de agua más alta del mundo: el Kerepakupai Vená, más conocido como el Salto Ángel. Aunque se necesitan aproximadamente 14 días de caminata y campamento para llegar hasta la cima del tepuy, el viajero puede optar por un día de aventura y llegar hasta el mirador más cercano de este portento natural. Para llegar sin perderse selva adentro, los mejores guías son los indígenas de la etnia pemón, habitantes de Canaima.

El viaje hacia el salto comienza cuando apenas está amaneciendo. Todavía no se ven los primeros rayos de sol y unos 12 turistas suben a bordo de una curiara. Durante cuatro horas, esta embarcación indígena sorteará las aguas de los ríos Carrao y Churún para llevar a los curiosos turistas hasta el campamento Isla Ratón, donde comenzarán el ascenso hasta el Ángel. El recorrido por los ríos es simplemente sobrecogedor. Sólo el sonido del motor impide juzgar el peso del silencio y nuestra pequeñez frente a la inmensidad del paisaje. Es necesario tener en cuenta que durante la temporada seca, desde enero hasta mayo, los ríos bajan de nivel y no hay mucha agua para navegar con facilidad o disfrutar de las cataratas.

En tierra, después de dos horas de caminata subiendo entre las enmarañadas raíces de los formidables árboles del bosque tropical, la catarata de 979 metros de altura aparece imponente ante las miradas de los fatigados turistas. Es el Salto Ángel, el más alto del mundo, a los pies del Auyantepuy. Es necesario llevar tenis deportivos con suelas especiales que disminuyan el riesgo de resbalarse, pues las piedras y raíces están cubiertas de rocío. Ropa cómoda y un morral con bebidas hidratantes son suficientes para una caminata segura y triunfal hasta el mirador del Kerepakupai Vená. Si se camina en silencio, el turista tendrá la oportunidad de ver monos, reptiles y anfibios, como el sapito minero que habita cerca de las quebradas y zonas húmedas. Si se corre con suerte, incluso es posible seguir las huellas de algún huidizo jaguar.

Otra manera de observar el salto y sus flecos de neblina es desde arriba. Desde una avioneta o, como dirían los indígenas, desde un pájaro de metal. “Luego de cerrar un anchísimo viraje en espiral que casi nos ha conducido a las fronteras del Brasil, el avión vuela, ahora, al nivel de las mesetas”, dice el escritor cubano Alejo Carpentier en “El Salto del Ángel en el reino de las aguas”, un texto donde narra el viaje entre los gigantes de piedra y sus caídas de agua. “Las nubes grávidas, pesadas, perennemente hinchadas por la humedad de una tierra siempre vestida de humo, ignorante de la tala, palpitante de manantiales, cuidan muy particularmente del Salto del Ángel, aquel que justifica doblemente el nombre con su virginidad, su ausencia de los mapas, y el llevar la cabeza más alto que todos los saltos del mundo”, relata el escritor que ve desde las ventanillas de un avión escudriñó la selva venezolana. Su visión, al igual que la del escritor venezolano Rómulo Gallegos en su obra Canaima o la de la conocida novela de Conan Doyle, son las que han cubierto el paisaje americano con un halo de misterio y exotismo que le ha valido el nombre de mundo perdido. Pero este lugar no se queda solamente en una evocación literaria: es el mundo de las fuerzas poderosas de la naturaleza donde encarna lo divino.

Puerto Ordaz

El parque La Llovizna, con una extensión de 160 hectáreas y ubicado en el río Caroní, a cinco kilómetros de la confluencia con el Orinoco, está conformado por 30 pequeñas islas conectadas entre sí por numerosos senderos de piedra y caminos naturales. La bruma producida por el agua pulverizada del imponente salto La Llovizna es lo que le da ese nombre al parque. Millones de gotas diminutas se precipitan por la pared de rocas precámbricas, encontrando su camino entre las piedras y raudales del Caroní, antes de encontrarse con el Orinoco.

Otro destino

Isla Margarita es una opción ineludible para el descanso y la diversión. Sus paisajes inigualables, centros urbanos, parajes solitarios, el agradable clima tropical y una costa de 168 kilómetros con playas de ensueño la han llevado a ganarse el título de la Perla del Caribe. Situada en este mar, al noreste de Caracas, la capital de Venezuela, y a sólo 35 minutos en vuelo o a un par de horas en ferry desde Puerto La Cruz o Cumaná, Isla Margarita es uno de los destinos turísticos preferidos del país vecino. Practicar ‘windsurf’ o buceo, relajarse frente al mar saboreando un coctel de camarones o irse de compras son algunas de las actividades que se pueden realizar en la isla.

Cómo llegar al Parque Nacional Canaima

La mejor manera de llegar hasta Canaima es por aire. El Consorcio Venezolano de Industrias Aeronáuticas y Servicios Aéreos, S.A. (Conviasa) realiza vuelos de conexión a Canaima desde el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, con escala en Puerto Ordaz, estado de Bolívar. Esta ruta tiene una tarifa aproximada de 1.200 bolívares, ($539.297) ida y vuelta Porlamar-Canaima y de 1.300 ($584.242) desde Caracas. En Canaima, los viajeros tendrán que pagar los impuestos de Inparques antes de trasladarse en autobuses o camionetas hasta el hotel o campamento.

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