Quienes han recorrido un sendero o se han internado en la naturaleza lo saben bien: por más precauciones que se tomen, siempre existe el riesgo de una lesión. El terreno irregular, el clima impredecible o incluso un simple descuido pueden ponernos a prueba. Y aunque lo habitual es disfrutar del paisaje con calma y regresar a casa sin novedades, los contratiempos no están descartados. Por eso, la mejor herramienta no es solo el equipo o la experiencia, sino estar realmente preparados para cualquier eventualidad. Porque cuando algo sucede allá afuera, lejos de hospitales o ayuda inmediata, solo contamos con nosotros mismos.
Por eso, aquí le contamos cuáles son las cinco lesiones más comunes en el senderismo y cómo puede prevenirlas o enfrentarlas si llegan a ocurrir.
Alergias
Como menciona Héctor Guillermo Bernal, veterano del Ejército y enfermero médico de combate con más de 22 años de experiencia, una de las causas más comunes de emergencias en montaña es la falta de planificación adecuada frente a condiciones médicas preexistentes. Muchas personas subestiman cómo el entorno natural, la actividad física intensa y el estrés pueden agravar problemas de salud que normalmente están bajo control. Uno de los casos más delicados es el de las alergias, especialmente aquellas que pueden provocar reacciones anafilácticas.
“Una reacción alérgica en un entorno remoto puede evolucionar rápidamente y, sin acceso a ayuda médica inmediata, poner en riesgo la vida en cuestión de minutos. Por eso, si se tienen alergias conocidas, llevar la medicación adecuada no es opcional, sino esencial”, enfatizó el experto.
- Autoinyectores de epinefrina: Para quienes padecen alergias severas, llevar un autoinyector puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Sin embargo, como advierte Héctor Guillermo Bernal, es fundamental revisar siempre la fecha de vencimiento del dispositivo y protegerlo de temperaturas extremas, ya que estas pueden comprometer su efectividad. “Este tipo de intervención debe considerarse solo en situaciones extremas, cuando quien aplica el medicamento tiene conocimiento médico o el afectado será atendido pronto por un profesional. Nunca debe automedicarse sin una orientación previa de su médico”, enfatiza Bernal.
- Antihistamínicos básicos: Incluso si no se tienen antecedentes, la exposición a nuevos alérgenos durante una caminata puede causar reacciones inesperadas. Incluir antihistamínicos en el botiquín es una medida preventiva útil, tanto para casos leves como para evitar que una reacción avance.
“Conocer el entorno es clave. Estudie las plantas alergénicas comunes en la región, como la hiedra venenosa, el roble venenoso o la ortiga. También es importante informarse sobre los insectos presentes, ya que sus picaduras pueden generar reacciones alérgicas. Por ejemplo, los pelos urticantes de ciertas arañas pueden causar inflamación al contacto”, dijo Bernal.
Para esto da otras serie de consejos:
- Use pantalones y camisas de manga larga para reducir la exposición cutánea a plantas o insectos.
- Esté atento al terreno y no toque plantas o enredaderas desconocidas, especialmente al salirse del sendero o al buscar privacidad en el bosque.
Adicionalmente, revise los alimentos antes de empacarlos o comerlos, ya que muchas mezclas energéticas contienen ingredientes como maní, un alérgeno común. También recuerde que las mascotas pueden acumular alérgenos en su pelaje, así que es recomendable bañarlas al regresar si estuvieron en contacto con vegetación.
- Higiene y prevención de propagación: Si ha estado expuesto a posibles alérgenos, lávese bien al volver del recorrido para evitar el contacto cruzado con otras personas o superficies. Esto también reduce el riesgo de reacciones posteriores.
- Botiquín preparado: Asegúrese de incluir productos específicos para tratar reacciones alérgicas, como cremas calmantes o antihistamínicos en presentación oral. Algunos pueden incluso aplicarse como pasta sobre la piel para aliviar la inflamación sin causar somnolencia.
Y, sobre todo, si tiene antecedentes de reacciones graves, avise a sus compañeros antes de comenzar la caminata y asegúrese de que sepan cómo actuar en caso de emergencia. La prevención y la preparación son las mejores defensas cuando se trata de enfrentar lo inesperado en la naturaleza.
Ampollas
Fricción y humedad son los dos factores principales detrás de un problema común en el senderismo: las ampollas. Estas lesiones aparecen con frecuencia en los dedos, el talón o incluso bajo el arco del pie. Son el resultado del desprendimiento de la epidermis, que forma una burbuja llena de linfa. Cuando revientan, provocan ardor e incomodidad, afectando la marcha y, en algunos casos, obligando a detener la actividad. Por eso, aunque saber tratarlas es útil, lo mejor siempre será prevenir su aparición.
A continuación, encontrará consejos clave para evitar las ampollas y qué hacer si una se forma durante la caminata.
1. El calzado adecuado: clave en la prevención
Zapatos nuevos:
- Pruebe siempre el calzado con los calcetines que usará en la caminata.
- Asegúrese de que el pie no se deslice dentro del zapato y que no haya puntos de presión incómodos.
- Realice caminatas cortas de prueba, incluyendo bajadas, para verificar el ajuste y comportamiento del calzado.
Zapatos usados:
- Revise su estado antes de salir: busque arrugas en el cuero, costuras desgastadas o suelas lisas.
- Un calzado en mal estado puede generar más fricción y aumentar el riesgo de ampollas.
2. Calcetines: no todos son iguales
No todos los calcetines son iguales, y elegir los adecuados puede marcar la diferencia al prevenir ampollas durante una caminata.
- Evite los calcetines de ciudad, especialmente los de algodón, así como los muy finos o demasiado gruesos que no se ajusten bien al pie. En su lugar, opte por calcetines de senderismo elaborados con fibras sintéticas, lana merina o lino, que ayudan a mantener la piel seca.
3. Cómo evitar la fricción mientras camina
- Ajuste correcto del calzado: Ate las botas firmemente. Apriete bien la parte delantera para evitar el movimiento de los dedos y luego ajuste el tobillo para mantener el talón en su sitio.
- No ignore los “puntos calientes”: Si siente que una zona del pie se calienta, deténgase de inmediato. Revise el área y aplique una tirita antiampollas o un vendaje si es necesario. No espere al siguiente descanso.
- Evite la entrada de grava o arena: Cualquier partícula en el zapato puede alterar la pisada y generar rozaduras. Deténgase y límpielos de inmediato.
¿Y si ya tengo una ampolla?
- No la reviente si no duele. Si es pequeña y no interfiere con la marcha, lo mejor es dejarla intacta.
- Si duele, drénela con cuidado: Limpie bien la zona y el instrumento (puede ser un imperdible). Perfore la ampolla para extraer el líquido, dejando la piel exterior en su lugar.
- Aplique un doble vendaje: Primero, una capa de cinta médica de papel directamente sobre la ampolla. Luego, una segunda capa más gruesa para acolchonar y proteger.
- Evite cintas plásticas: Estas no permiten que la piel respire y pueden empeorar la situación.
- Renueve el vendaje al día siguiente: No espere a que reaparezcan molestias.
Calambre
Los calambres musculares son una molestia común para muchos senderistas, ya sea durante la caminata, después o incluso por la noche. Aunque el dolor puede ser intenso, no suelen ser peligrosos a largo plazo. La causa de los calambres no siempre es clara, pero existen múltiples estrategias que pueden ayudar a prevenirlos o aliviarlos.
Antes de la caminata
- Hidratación adecuada: Comience el día bien hidratado. Una forma sencilla de saberlo es verificar que su orina sea de color claro.
- Preparación física: Fortalezca las zonas propensas a calambres, como pantorrillas, isquiotibiales o glúteos. La debilidad muscular o la falta de acondicionamiento suele ser una causa frecuente.
- Calentamiento y estiramiento: Dedique unos minutos a estirar los músculos que suelen darle problemas. Movimientos simples pueden marcar la diferencia.
- Carga de electrolitos: Considere tomar una dosis de electrolitos antes de salir si sabes que sudarás mucho.
Durante la caminata
- Hidratación continua: Beba agua con regularidad y procure mantener un buen equilibrio de electrolitos. Lleve bebidas o suplementos con potasio, sodio, calcio y magnesio.
- Alimentación constante: Coma cada una o dos horas para mantener los niveles de energía y evitar la fatiga muscular.
- Estiramientos breves: Aproveche las pausas para hacer estiramientos suaves, especialmente si ya siente tensión en alguna zona.
Qué hacer si aparece un calambre
- Deténgase y estire: Estire suavemente el músculo afectado y masajee la zona para aliviar el espasmo.
- Hidrátate y repón electrolitos: Beba agua y, si es posible, toma una bebida con electrolitos.
Tenga en cuenta que no existe una fórmula mágica contra los calambres. Algunas estrategias funcionarán mejor para unas personas que para otras. Lo ideal es probar varias y observar cuáles te resultan más efectivas. Sin embargo,más vale prevenir que detenerse por un calambre en medio del camino.
Cortes, raspaduras y abrasiones
En caminatas o travesías por terrenos irregulares, es común sufrir lesiones en la piel al tropezar con raíces, rozar piedras o atravesar zonas con espinas. Estas heridas pueden variar desde raspaduras y cortes superficiales hasta abrasiones más profundas. Para reducir el riesgo, es importante vestirse según el entorno: al atravesar matorrales o chaparrales, se recomienda el uso de pantalones largos o polainas, y si se va a escalar por superficies rocosas, el uso de guantes puede proteger las manos. También se aconseja mantener la atención en el terreno, especialmente cuando el cansancio comienza a afectar la concentración, ya que muchos accidentes ocurren en esos momentos.
Según Bernal, en caso de sufrir un corte o una abrasión, lo primero es detener el sangrado aplicando presión directa sobre la herida con el material más limpio disponible. Luego se debe limpiar y desinfectar, preferiblemente con una jeringa de enjuague, antes de cubrir y vendar. Es fundamental vigilar signos de infección.
“En situaciones más graves, donde la hemorragia es intensa, el control adecuado del sangrado puede salvar vidas. Las técnicas de presión directa deben aplicarse sin interrupción para no interferir en la formación de coágulos. En casos de hemorragia severa en extremidades, puede ser necesario el uso de un torniquete, siempre que se cuente con el conocimiento adecuado para aplicarlo correctamente”, afirmó el enfermero.
Un kit básico de primeros auxilios para montaña debe incluir:
- Torniquete comercial: para hemorragias arteriales en extremidades.
- Apósitos hemostáticos: diseñados para favorecer la coagulación.
- Vendajes de presión: para mantener una presión constante sobre la herida.
- Guantes desechables: para protegerse y prevenir infecciones.
- Medicamentos específicos: tanto para condiciones médicas preexistentes como para emergencias comunes.
Mal de altura
Según el Dr. Alain Riveros Rivera, Médico y Fisiólogo de la Universidad Javeriana, el mal de altura o mal agudo de montaña es una condición que aparece cuando una persona asciende rápidamente a altitudes elevadas, donde el aire tiene menos oxígeno. Esta condición suele manifestarse a partir de los 2.400 metros sobre el nivel del mar y afecta principalmente a quienes viven por debajo de los 900 metros.
Factores de riesgo:
- Ascensos rápidos sin aclimatación.
- Residencia habitual en zonas de baja altitud.
- Niños menores de 14 años.
- Personas con ciertas condiciones médicas (ver más abajo).
Síntomas del mal de altura
Los primeros signos pueden parecer leves, pero deben tomarse en serio:
- Dolor de cabeza.
- Fatiga inusual.
- Pérdida del apetito.
- Náuseas o vómito.
- Dificultad para respirar.
- Confusión mental o pérdida de consciencia (en casos graves).
Para prevenir el soroche tenga en cuenta:
Antes del ascenso:
- Aclimatación progresiva: Evite ascender más de 300 a 500 m por día una vez superados los 2.500 m.
- Descanso adecuado: Dormir entre 6 y 8 horas mejora la capacidad de adaptación.
- Evite alcohol y cafeína: Pueden deshidratar y afectar el sueño.
- Consulte a su médico si tiene condiciones preexistentes.
Durante la estadía:
- Modere el esfuerzo físico: Realice actividades intensas solo tras 1 o 2 días de adaptación.
- Hidratación correcta: Prefiera bebidas isotónicas en lugar de solo agua para evitar desbalances de electrolitos.
- Alimentación balanceada: Evite alimentos pesados, fibrosos o que causen gases (brócoli, coliflor, repollo).
Si aparecen síntomas, como dolor de cabeza leve, es importante revisar si hay una hidratación adecuada, descansar y, si es necesario, tomar un analgésico como acetaminofén. Sin embargo, si los síntomas persisten o se agravan, lo más recomendable es descender a una altitud menor, administrar oxígeno si se tiene a la mano y buscar atención médica inmediata. En casos críticos, como cuando se presentan señales de edema cerebral o pulmonar de altura, será necesario un tratamiento farmacológico y manejo médico de urgencia.
🌳 ☘️ 🌿 Encuentre en La Huerta toda la información sobre plantas, jardinería, cultivos y siembra. 🍂🌺 🌼