En el mundo existen paisajes y formaciones naturales que, con el tiempo, han adquirido significados románticos que van más allá de su origen geológico. Uno de ellos era el icónico Arco de los Enamorados, ubicado en Torre Sant’Andrea, en la región de Apulia, al sur de Italia.
Sin embargo, este símbolo natural asociado durante años al amor y a las promesas de pareja colapsó completamente la noche del 14 de febrero, convirtiendo una fecha tradicionalmente romántica en un momento inesperado de sorpresa y nostalgia para residentes y visitantes.
¿Qué pasó?
La estructura, moldeada durante siglos por la acción constante del viento y el mar, era un puente natural de roca blanca que unía dos columnas frente a la playa principal de Torre Sant’Andrea, en el municipio de Melendugno.
La desaparición se conoció la mañana posterior al 14 de febrero, cuando caminantes que recorrían la zona advirtieron que el llamado “arco del amor” había colapsado por completo, tras varios días de lluvias persistentes y fuertes vientos. Aunque no se registraron víctimas, las autoridades subrayaron el duro golpe que representa para la comunidad perder uno de sus símbolos naturales más emblemáticos.
Uno de los primeros que lamentaron el hecho fue el alcalde de Melendugno, Maurizio Cisternino, que lo calificó como “un golpe muy duro en el corazón”, señalando que con el derrumbe desaparece “una de las zonas turísticas más famosas de nuestra costa y de toda Italia”, una tragedia que, aunque se consideraba posible por el deterioro progresivo de la formación rocosa, no se esperaba que ocurriera tan pronto.
Por su parte, el concejal de Infraestructuras y Movilidad de la región de Apulia, Raffaele Piemontese, expresó igualmente su apoyo a la administración municipal y advirtió que la desaparición del arco implica la pérdida de “un pedazo de memoria colectiva, paisaje e identidad”.
Piemontese subrayó que el cambio climático y la intensificación de los fenómenos meteorológicos están acelerando procesos naturales que antes tomaban siglos, lo que exige mayor vigilancia, prevención y planificación costera. En este contexto, la región ha reiterado su disposición a trabajar con los municipios del litoral para identificar las zonas más vulnerables y avanzar en intervenciones sostenibles orientadas a proteger tanto el paisaje como la seguridad de las comunidades y la actividad turística.
Y es que, según expertos y autoridades, el colapso fue consecuencia de la erosión costera prolongada, agravada por eventos meteorológicos cada vez más intensos en el Mediterráneo. La combinación de marejadas ciclónicas, lluvias torrenciales y vientos extremos debilitó progresivamente la estructura hasta provocar su caída definitiva.
Entre los episodios recientes que aceleraron el deterioro se encuentra el ciclón Harry, que en enero azotó el sur italiano con olas de hasta nueve metros y ráfagas cercanas a los 119 kilómetros por hora. Sus efectos se sintieron en regiones como Sicilia, Calabria y Cerdeña, donde se registraron inundaciones, evacuaciones y numerosos daños, en un contexto de creciente vulnerabilidad de las costas mediterráneas frente a fenómenos climáticos extremos.
La caída del arco no solo transforma el paisaje del litoral adriático, sino que deja una huella emocional en la memoria colectiva. Más allá de la pérdida turística, su derrumbe simboliza cómo los paisajes icónicos, antes moldeados por la naturaleza, hoy cambian a un ritmo acelerado bajo la presión de un clima cada vez más extremo.
Ahora, la región busca cómo proteger sus zonas turísticas y patrimoniales para evitar que situaciones similares se repitan. El colapso del arco ha puesto sobre la mesa el debate sobre las medidas que las autoridades y las oficinas de turismo deberán comenzar a implementar para enfrentar los efectos del cambio climático, desde planes de monitoreo y prevención hasta inversiones en infraestructura costera.
La situación también abre una discusión más amplia sobre el impacto que estos fenómenos tendrán en la industria turística, especialmente en destinos cuyo principal atractivo son sus paisajes naturales, cada vez más expuestos a eventos climáticos extremos y a procesos acelerados de erosión.
¿Por qué se llamaba el Arco de los Enamorados?
Según medios locales, una leyenda aseguraba que las parejas que se besaban bajo el arco recibirían la promesa de un amor eterno, un mito que atraía a miles de enamorados. Con el tiempo, el lugar se consolidó como uno de los grandes símbolos románticos del Salento y de la región de Apulia, escenario habitual de propuestas de matrimonio, sesiones fotográficas y campañas promocionales, según informó la alcaldía de Melendugno.
Eso sí, antes de convertirse en ícono romántico, el arco tenía una función práctica: servía como punto de referencia para los pescadores durante sus travesías nocturnas. De hecho, aún era recordado como el arco de “Lu pepe”, dentro de una antigua tradición de nombrar las rocas para orientarse en alta mar.
Con los años, la utilidad dio paso a la leyenda, y aunque muchos reconocían el carácter supersticioso de la historia, el simbolismo del lugar terminó por formar parte de la memoria colectiva de la región.
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