17 Sep 2013 - 10:00 p. m.

De paseo por la Ruta 1

La emblemática carretera que bordea la costa pacífica de California está llena de sorpresas. Los árboles más grandes del mundo, leones marinos y una gran vista del océano.

Mariana Suárez Rueda / California

Dicen que es uno de los mejores viajes por carretera de los Estados Unidos. El recorrido puede hacerse en dos días o extenderse semanas para disfrutar de las paradisiacas playas californianas y del ambiente distendido y alegre de ciudades como Santa Bárbara, Morro Bay, Monterey, San Luis Obispo y Carmel by the Sea, en donde fue alcalde el famoso actor Clint Eastwood.

Primavera y otoño son las mejores épocas para viajar por esta ruta estatal, que conecta a Los Ángeles con San Francisco. En verano (junio y julio) lo importante es evitar la neblina de las mañanas y en invierno no es muy recomendable, porque las lluvias pueden causar algunos cierres. Lo ideal, por supuesto, es transitarla de día para poder admirar el océano Pacífico con sus tonos de azules, acantilados y olas que golpean con fuerza las playas. De vez en cuando se asoman las cometas de los kitesurfistas y se alcanza a observar a los surfistas deslizarse entre tubos de agua.

La primera parada es Santa Bárbara. Fundada como una misión franciscana, el clima mediterráneo y su semejanza con la Costa Azul francesa hicieron que también la bautizaran como la Riviera italiana-americana. La calle principal está rodeada de almacenes y coquetos restaurantes. Por ser sede de la Universidad de California goza de un ambiente juvenil que se siente con más fuerza los fines de semana y durante las vacaciones de verano.

Luego viene San Luis Obispo. Son sólo 28 kilómetros cuadrados a 200 metros sobre el nivel del mar. El sitio perfecto para pasar la noche, recargar energías y seguir con la travesía que hasta ahora comienza. Su gran atractivo son las Nueve Hermanas, una cadena de cuellos volcánicos que atraviesan gran parte de la ciudad. Desde aquí hasta Morro Bay, la siguiente parada, son apenas 20 minutos.

Al llegar a esta silenciosa villa de pescadores es inevitable fijarse en una piedra gigantesca que sobresale del mar en medio de decenas de embarcaciones, envuelta en una espesa capa de niebla. Juan Rodríguez Cabrillo, quien descubrió este lugar en el siglo XVI, la llamó Morro Rock. Desde entonces muchos turistas se animan a ir a tocarla en kayak o nadando bajo un cielo azul poblado de gaviotas. Las tiendas de diseño y de surf, las galerías de arte y la sencillez de los pobladores son el gran encanto de esta ciudad californiana, que de vez en cuando sorprende con ráfagas de viento helado, así sea verano.

El siguiente atractivo de la Ruta 1 es Piedras Blancas. No sale en los GPS, pero es fácil llegar guiándose por las señales de la carretera. Un parqueadero amplio en un increíble mirador da la bienvenida a quienes se detienen para observar a una gran familia de leones marinos. Tirados sobre la playa recibiendo el sol, jugando en el mar, chillando y arrastrando sus pesados cuerpos sobre la arena. Son muchos, de diferentes tamaños y edades. Resulta asombroso poder ver a estos gigantes tan cerca. Las ardillas también tratan de capturar la atención de los visitantes. Posan para las cámaras y algunas incluso se dejan acariciar.

El camino sigue en medio de curvas y precipicios que dejan al descubierto la imponencia del Pacífico. Al costado derecho de la carretera, después de varios minutos de recorrido, está la entrada al Pfeiffer Big Sur State Park. Una reserva natural para caminar en medio de bosques de secuoyas. Estos árboles viven entre dos mil y tres mil años, pueden alcanzar los 115 metros de altura y su tronco los 7,9 metros de diámetro. Se dice que son una de las especies de plantas más grandes del planeta. Para disfrutar del parque se requiere de un par de horas, aunque quienes vayan con algo de prisa pueden recorrerlo en carro y almorzar en su rústico pero cálido restaurante o llevar unos sánduches para disfrutar de un picnic antes de seguir el camino rumbo a San Francisco.

Carmel by the Sea es la siguiente parada. En el pasado fue el centro de vacaciones de los bohemios, pero hoy la arquitectura de sus casas, el ambiente de los restaurantes y la exclusividad de las tiendas dan la impresión de estar en un gran club de campo. La basílica de piedra alberga obras de arte originales y en la capilla independiente se encuentra la tumba de fray Junípero Serra, su fundador. Esta ciudad fue gobernada durante un par de años por el afamado actor y director Clint Eastwood, quien en 1971 la escogió como escenario de su primera película: Play misty for me. También tuvo un restaurante, Hog's Bread Inn, en el que vale la pena comer y degustar platos típicos americanos como las populares costillitas BBQ.

Ya finalizando la ruta se encuentra Monterey. El centro histórico conserva las raíces españolas y mexicanas de California con edificios restaurados. También están la bahía y un concurrido barrio de pescadores, que puede recorrerse rápidamente. Uno de sus atractivos es el acuario. Un maravilloso mundo submarino con tiburones, nutrias, medusas de colores, pingüinos, pepinos de mar y rayas. Además, la ciudad cuenta con un circuito de 29 kilómetros para pasear en bicicleta, recorridos en kayak por la bahía y avistamiento de ballenas y delfines durante todo el año.

La última parada de esta travesía, que vale la pena repetir pues el tiempo nunca será suficiente para conocerlo todo, es Santa Cruz. La llamada ciudad del surf fue un asentamiento indio durante la época precolombina y uno de los primeros lugares de la Alta California habitado por los españoles. Tiene el parque de atracciones más antiguo de la costa oeste de Estados Unidos, con un carrusel fabricado en 1911 y una emocionante montaña rusa construida tan sólo 13 años después.

El clima cálido pero nunca sofocante, las tendencias políticas liberales de sus habitantes, el estilo de vida alternativo que se percibe en las calles y la constante presencia de estudiantes e investigadores lo convierten en un destino inigualable, en la puerta de entrada perfecta a la irreverente San Francisco.

msuarez@elespectador.com

@marysua

Temas relacionados

Clint Eastwood
Comparte: