La cerveza no es solo una bebida: es una historia líquida que ha acompañado a la humanidad durante más de 10.000 años, desde las antiguas civilizaciones hasta las mesas contemporáneas. Presente en celebraciones, encuentros y tradiciones, ha evolucionado sin perder su esencia, convirtiéndose en un símbolo cultural que conecta territorios, sabores y memorias.
En Colombia, esa relación va tomando fuerza a través de experiencias locales que combinan tradición, turismo y producción artesanal y uno de esos escenarios se encuentra en Sáchica, Boyacá, donde la cerveza deja de ser solo un acompañante para convertirse en parte del relato del territorio, dialogando con su paisaje, su historia y su ritmo de vida.
¿Por qué destaca Sáchica?
Decir que Sáchica es “el pueblo más cervecero de Colombia” suena contundente, pero más que una cifra totalmente infalible, proviene de una idea que se sostiene en una relación evidente: la cercanía cotidiana entre esta bebida y la vida del municipio, una imagen que han reforzado los relatos, los medios y la propia voz de sus habitantes.
Y es que más que un título, lo que distingue a Sáchica es la forma en que la cerveza se integra al ritmo del lugar. Desde temprano, en las tiendas comienzan a reunirse trabajadores de los cultivos de cebolla, quienes encuentran en esta bebida una manera de refrescarse, acompañar la jornada y compartir. No se trata solo de consumo, sino de un hábito ligado al clima cálido del municipio (poco común en Boyacá) y a las largas horas de trabajo físico, donde “tomarse una fría” se vuelve casi una extensión natural del día.
Este comportamiento dialoga con lo que ocurre en el resto del país. Aunque Colombia se mantiene por debajo de otros países en consumo per cápita, la cerveza gana cada vez más espacio en la vida diaria. Un estudio de Worldpanel by Numerator del año 2025 muestra que el 6,1 % de los colombianos consume cerveza al menos una vez por semana en casa, un aumento frente al 5,7 % del año anterior, lo que confirma su presencia creciente en la rutina.
De hecho, en Sáchica, varios de estos habitantes asumen esa relación con orgullo. En las tiendas es común escuchar frases como “acá sí se toma como se debe”, que reflejan una práctica arraigada y compartida. Esa identidad, además, ha empezado a impulsar el turismo local, en el que se unen actividades que combinan tradición y ocio, como el tejo.
¿Hay alguna ruta?
Más que una ruta cervecera formal, en Sáchica la experiencia se construye de manera espontánea, recorriendo el pueblo y sus puntos más representativos. Uno de ellos es Mercafamiliar, una tienda ubicada a un costado del parque principal que, aunque pequeña, se ha convertido en un referente local por su alta venta de cerveza.
Su reconocimiento con la “tapa roja” de Bavaria —un distintivo para los establecimientos con mayor rotación de marcas como Póker— la ha posicionado como una parada casi obligada para quienes quieren entender esta dinámica desde adentro. Allí, entre mesas al aire libre y conversaciones cotidianas, se vive una de las postales más auténticas del municipio.
Sin embargo, más allá de esa experiencia informal, también hay planes que permiten integrar una “pola fría” con actividades culturales, naturales y recreativas. Operadores locales como Bohío Travel han diseñado recorridos que conectan el turismo activo con la identidad del territorio. Uno de ellos es el jour del tejo, un city tour en el que este deporte tradicional —considerado patrimonio cultural— se convierte en el eje de la experiencia.
El recorrido incluye una introducción al tejo y al juego de la rana, donde los visitantes ponen a prueba su puntería en un ambiente relajado, acompañado de gastronomía típica como el sancocho de gallina preparado en fogón de leña. Además, existe la opción de visitar cultivos locales, lo que permite entender de cerca la vida rural que define a Sáchica. Es una propuesta que mezcla tradición, juego y sabores, en la que la cerveza aparece de forma natural, como parte del ambiente y la experiencia.
¿Qué otros planes hay en Sáchica?
Más allá de la cerveza, el pueblo ofrece una variedad de experiencias que permiten entender su riqueza histórica, natural y cultural, sin perder ese aire tranquilo que lo caracteriza. De acuerdo con una guía turística de la Alcaldía municipal, el municipio propone planes que van desde recorridos culturales hasta actividades en la naturaleza.
Por ejemplo, una buena forma de empezar es con un city tour guiado, ideal para recorrer el pueblo mientras se conoce su historia desde tiempos prehispánicos hasta la colonización. Estos recorridos permiten entender el valor simbólico de lugares como la iglesia doctrinera, la plaza principal o monumentos como la Piedra del Castigo y el homenaje a la cebolla cabezona, tan ligada a la identidad local.
A partir de ahí, el viaje se abre a distintas posibilidades que combinan naturaleza, cultura y tradición:
- Pinturas rupestres: a orillas del río Sáchica se encuentran estos vestigios precolombinos, con figuras que representan rostros, elementos naturales y símbolos asociados a creencias ancestrales. Se cree que están ligadas a culturas como la chibcha y la arawak.
- Termales de azufre: un plan ideal para cerrar una caminata. Sus aguas son reconocidas por sus propiedades relajantes y terapéuticas.
- Miradores del Arrayán y del Espinal: puntos estratégicos para observar el Valle de Saquencipá, con caminos que se dibujan entre montañas y atardeceres memorables.
También hay espacio para experiencias más culturales y gastronómicas:
- Gondava, el gran parque de los dinosaurios: ideal para familias, con réplicas a escala real y una propuesta educativa y entretenida.
- Casa Terracota: una de las construcciones en cerámica más grandes del mundo, que mezcla arte, arquitectura y creatividad.
- Viñedos y olivares: recorridos que incluyen procesos de cultivo, producción y degustación, aprovechando las condiciones únicas del territorio.
Además, el municipio propone planes que invitan a bajar el ritmo: turismo rural, observación de aves, cabalgatas o incluso experiencias espirituales en territorio ancestral.
¿Cómo llegar?
Llegar es sencillo y se puede hacer tanto en transporte público como en vehículo particular. Desde Bogotá, puede tomar un bus con destino a Villa de Leyva y, una vez allí, hacer un transbordo hacia Sáchica, que se encuentra a unos 10 minutos de distancia.
Si prefiere viajar en carro, la ruta más común es salir de Bogotá por la Autopista Norte en dirección a Tunja. El trayecto tiene una duración aproximada de tres horas.
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