18 Mar 2015 - 2:38 a. m.

En tierras sagradas

Recorrido por emblemáticos escenarios religiosos y el corazón de una de las ciudades más antiguas del mundo: Jerusalén.

Redacción Buen Viaje

Disfrutar de unas vacaciones en Israel puede sonar a locura para quienes han seguido el conflicto con Palestina. Sin embargo, los viajeros que han regresado de estas tierras no ocultan su sorpresa debido a la grata experiencia, que inevitablemente está marcada por el espíritu religioso de una región que alberga los lugares más sagrados del cristianismo, el judaísmo y el islam, pero que también cuenta con una inagotable vida nocturna, exquisita gastronomía e increíbles paisajes.

Pensando en su seguridad y en las dificultades del idioma, la mayoría de viajeros optan por comprar paquetes guiados en los que se visitan en tiempo récord los principales atractivos, lo cual puede resultar frustrante, pues es imposible apreciarlos todos con detenimiento. Planear un recorrido que se ajuste a las expectativas, consultando a quienes ya han hecho esta travesía y en lo posible hospedándose en hoteles reconocidos (dicen que el fuerte de Israel no son precisamente sus hostales), es una buena alternativa para sacarle provecho al viaje y regresar sin arrepentimientos.

Jerusalén debe ser el plato fuerte. Caminar a lo largo de las murallas de la ciudad vieja, recorrer sus callejuelas y atravesar las puertas de Damasco, los Leones y Sión. A pesar de la pereza de tener que hacer fila y someterse a una exhaustiva revisión en los puestos de control, no hay que dejar de subir al Monte del Templo o Explanada de las Mezquitas, aprovechando los momentos en que no se está llevando a cabo ninguna celebración.

Bajando se encuentra el Muro de los Lamentos. Tiene 650 kilómetros de largo, ocho metros de alto y seis de grosor. Algunas de sus piedras pesan hasta 628 toneladas y entre muchas de ellas sobresalen los bordes de los papeles que introducen los judíos con sus plegarias. El trayecto sigue hacia la iglesia del Santo Sepulcro, que alberga los escenarios en donde se cree transcurrió la pasión y resurrección de Jesús. Fue destruida y reconstruida en repetidas ocasiones y hoy solamente conserva la mitad de sus dimensiones originales.

En el itinerario no puede falta el mar Muerto. Flotar en sus aguas se ha convertido en un plan turístico obligado. Y vale la pena, pues contienen 20 veces más de bromo, 15 veces más de magnesio y 10 veces más de yodo que el agua de mar tradicional. Estos elementos no solo relajan, sino que ayudan a combatir algunas alergias de la piel. A la entrada de sus playas se venden bolsas con barro para untarse en todo el cuerpo y aprovechar sus beneficios hidratantes.

Muy cerca está la impresionante fortaleza de Masada, construida entre el 103 y el 76 a.C., pero cuyo desarrollo y esplendor se produjeron durante el reinado de Herodes. Galilea es otra parada interesante. Alberga la ciudad antigua de Beit She’an, en donde se mantienen en pie vestigios y ruinas de columnas, calles, templos y un teatro romano. Se recomienda disfrutar de un paseo en barco, que zarpa de los muelles de Tiberíades, Genesaret, el Parque Nacional de Cafarnaún o Ein Gev. En medio del recorrido el conductor apaga el motor para navegar con el impulso del viento por las aguas en las que se dice caminó Jesús.

En la costa mediterránea de Israel se levanta orgullosa Acre, una ciudad que cautiva con su riqueza arquitectónica y cultural representada en fortalezas, castillos, iglesias, mezquitas y sinagogas. Y para terminar, la fascinante Tel Aviv, la capital financiera de Israel, con las inolvidables tiendas bohemias de la calle Shenkin, decenas de restaurantes, la enérgica vida nocturna del puerto pesquero de Yafo y la Ciudad Blanca, una especie de museo al aire libre de más de mil edificios levantados entre 1920 y 1940.

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