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Hay lugares donde la historia se escribe en piedra, y otros donde se cultiva en los árboles. En algunos municipios de Colombia, la identidad no solo se narra: se saborea. Allí, las frutas dejan de ser un simple alimento para convertirse en símbolo, memoria y motor de turismo. Una de ellas, discreta pero inconfundible por su aroma, ha acompañado la vida cotidiana de generaciones enteras sin exigir protagonismo.
La feijoa, presente en jugos, dulces y recetas tradicionales, es mucho más que un sabor familiar. En Tibasosa, a tan solo unas horas de Bogotá, esta fruta marca el ritmo de la vida local y define el carácter de un municipio que ha sabido convertir su riqueza natural en parte esencial de su historia y su encanto.
¿A qué se debe esta estrecha relación?
La estrecha relación entre la feijoa y Tibasosa no es casual, sino el resultado de una combinación de historia, geografía y tradición campesina. Aunque esta fruta tiene su origen en regiones del sur de Brasil, el norte de Argentina, Uruguay y Paraguay —donde crecía de forma silvestre mucho antes de consolidarse como cultivo—, encontró en Boyacá un entorno ideal para desarrollarse y arraigarse en la vida local.
Según la alcaldía municipal de Tibasosa, esta fruta introducida en el municipio hacia 1935, se adaptó con éxito a las condiciones climáticas y a la fertilidad de los suelos tibasosenses. El paisaje, atravesado por los ríos Chicamocha y Chiquito y rodeado de valles y páramos, ofrece un ecosistema privilegiado que favorece su cultivo. Con el paso del tiempo, esta fruta dejó de ser una novedad agrícola para convertirse en un símbolo identitario y en una fuente clave de sustento para la comunidad.
Hoy, cerca de 300 familias dependen de su cultivo, transformación y comercialización. La feijoa no solo se consume fresca, sino que también da vida a una amplia variedad de productos como jugos, vinos, postres y dulces tradicionales, fortaleciendo una economía local que combina actividades agrícolas, ganaderas y artesanales.
Este vínculo se celebra cada año con un festival dedicado a la fruta, una muestra de cómo la producción agrícola puede trascender lo económico para convertirse en patrimonio cultural. En ese sentido, Tibasosa no solo es conocida como la “capital de la feijoa”, sino también como un territorio donde el paisaje, la historia y los saberes campesinos se entrelazan para dar forma a una identidad única, tan viva y aromática como el fruto que la representa.
¿Qué puede hacer aquí?
En Tibasosa, la experiencia va mucho más allá de probar la feijoa. Este municipio ofrece una mezcla de naturaleza, cultura y tradición que permite recorrerlo con calma, descubrir sus paisajes y conectar con la vida campesina. Desde caminatas por páramos hasta recorridos por calles coloniales llenas de flores, hay planes para todos los gustos.
Entre los imperdibles, se destacan:
- Páramo de Guática: Ubicado a más de 3.300 m s. n. m., es ideal para senderismo y ofrece vistas panorámicas hacia municipios cercanos.
- Río Chicamocha: Atraviesa parte del municipio y es clave para la vida agrícola de la región.
- La Mana del Varital: Un manantial de aguas cristalinas que brotan entre las rocas, perfecto para una pausa tranquila en medio de la naturaleza.
Si el plan es más tranquilo, recorrer el casco urbano de Tibasosa es una experiencia en sí misma. Conocido como el “Jardín de Boyacá”, este lugar enamora por sus casas coloniales, sus fachadas llenas de flores y un ambiente sereno, ideal para pasar una tarde sin prisa o incluso una cita especial. Caminar por sus calles también permite descubrir los murales que narran la historia campesina y las tradiciones del municipio, una forma de viajar al pasado a través del arte local.
Además, durante los fines de semana, el pueblo cobra aún más vida con ferias y pequeños mercados, donde la feijoa se transforma en una amplia variedad de sabores: desde dulces y postres hasta bebidas tradicionales que reflejan la esencia de la región.
Planes al aire libre y en familia
- Conocer el Guatika Bioparque, un refugio de fauna ideal para todas las edades.
- Practicar ciclismo de ruta o de montaña, aprovechando las vías que conectan con municipios cercanos y ofrecen vistas del Valle de Iraka.
- Hacer aviturismo en senderos y bosques nativos, donde es posible observar diversas especies de aves.
En conjunto, Tibasosa es un destino que combina descanso, aventura y tradición, donde cada plan —por sencillo que parezca— está atravesado por el paisaje y la identidad de un territorio que se vive con los sentidos.
¿Cómo llegar?
Desde Bogotá, la ruta más común es tomar la Autopista Norte en dirección a Tunja y continuar hacia Duitama–Sogamoso. Tibasosa se encuentra muy cerca de estas ciudades, lo que facilita el acceso tanto en transporte público como privado.
Opciones de transporte:
- En carro particular: el recorrido toma entre 2.5 y 4 horas, dependiendo del tráfico, siguiendo la ruta Bogotá–Tunja–Duitama–Tibasosa por doble calzada.
- En bus: se puede salir desde la Terminal del Norte de Bogotá hacia Duitama o Sogamoso. Desde allí, es posible tomar un taxi o transporte local hasta Tibasosa (trayectos de 10 a 30 minutos).
- Ruta combinada: también es viable llegar primero a Tunja y luego tomar otro transporte hacia el municipio.
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