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Ficci 65: cine bajo las murallas y movilidad sostenible

El Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias cerró su edición 65 con la incorporación, por primera vez, de vehículos eléctricos en su operación logística.

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Pedro Mendoza
20 de abril de 2026 - 12:00 a. m.
Natalia Reyes, actriz colombiana habló para El Espectador de la importancia de los carros como elemento visual en las producciones cinematográficas en el Festival de Cine de Cartagena 2026.
Natalia Reyes, actriz colombiana habló para El Espectador de la importancia de los carros como elemento visual en las producciones cinematográficas en el Festival de Cine de Cartagena 2026.
Foto: Natalia Reyes
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Termina en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias en su edición número 65. Este año fueron más de 250 proyecciones, con la participación de 180 películas de 57 países. Se destacaron 58 estrenos nacionales, 42 estrenos latinoamericanos y 28 estrenos mundiales, consolidando al Ficci 65 como un punto clave para la exhibición de cine en Iberoamérica y el mundo.

En las calles del centro histórico, por primera vez, vehículos eléctricos movían a los actores, directores y productores de diferentes países que asistían a los eventos programados.

Los autos de Deepal fueron los responsables del transporte de talento y aliados, convirtiendo cada trayecto en parte de la experiencia de electrificación. “No solo reducimos el impacto ambiental, sino que redefine la forma en que se vive la movilidad dentro de la ciudad: más silenciosa, eficiente, alineada con el entorno”, le dice a El Espectador Juan Carlos López, gerente general de Deepal y Changan en Colombia.

Los carros en la industria del séptimo arte se han involucrado como parte esencial. En el recuerdo de generaciones está “Cupido motorizado”, de 1968, dirigida por Robert Stevenson y producida por Walt Disney Productions; era el carro que hablaba, tenía sentimientos.

En estos días de Festival de Cine en Cartagena, hablamos con varios asistentes sobre los carros y la pantalla grande. La lista de vehículos puede tener diversidad de títulos. La relación entre el cine y las marcas automotrices está presente con la introducción del Aston Martin DB5 que conducía James Bond en la película “Goldfinger”, en 1964. De manera similar, el DeLorean DMC-12, un automóvil deportivo fabricado entre 1981 y 1982, fue protagonista en la trilogía de “Volver al futuro”.

El conteo puede seguir, recordando el Austin Mini Cooper S de la cinta “La estafa maestra”; con su compacta ingeniería, los carros se movían en la ciudad por espacios estrechos.

Los modelos más famosos incluyen el Mustang Fastback, el Falcon XBGT de Mad Max y los deportivos de Ford contra Ferrari que se encuentran en una historia real. El visionario diseñador de coches Carroll Shelby (Matt Damon) y el intrépido conductor Ken Miles (Christian Bale) se enfrentan a Enzo Ferrari en “Le Mans-66”, clásico de 2019.

Y cómo no hablar de la película “F1”, cuya relevancia técnica y narrativa encontró la esencia de la velocidad contemporánea. Obtuvo un Óscar este año a mejor sonido.

El calor en Cartagena es propio de estos días del séptimo arte. La actriz Natalia Reyes es amable, atenta; su trabajo cinematográfico será reconocido en el Festival de Cine con el Premio Salvo Basile a la Trayectoria Internacional.

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Esta colombiana fue protagonista en “Terminator: Dark Fate”, en 2019. La actriz fue dirigida por Tim Miller y la película fue producida por James Cameron. Allí estaba una Toyota Land Cruiser J80. El Espectador le preguntó por la importancia de los carros en las películas, teniendo en cuenta su experiencia en cintas como Terminator.

“La importancia de los objetos en el cine —en este caso, los vehículos— trasciende lo material”. Sostiene que todo lo que aparece en la gran pantalla se convierte inevitablemente en un referente aspiracional para la audiencia. Según la actriz, el cine funciona como una “gran máquina de sueños” que tiene el poder de transformar elementos cotidianos, como la moda o los carros, en tendencias globales que marcan épocas específicas.

Hace una pausa y subraya que los elementos visuales no son accesorios, sino que reflejan el momento del mundo en el que se desarrolla una historia. Al evocar íconos como las películas de James Bond, explica cómo los carros y los relojes dejan de ser simples utilitarios.

“Se convierten en protagonistas silenciosos que ayudan a definir la identidad de los personajes y a estructurar la narrativa, dejando una huella imborrable en la memoria del espectador”.

De fundar el Festival de Cine y los taxis

Víctor Nieto creó el Festival de Cine de Cartagena en 1960. Inició el rodaje de uno de los eventos más importantes en Latinoamérica. Además del cine, don Víctor tenía una pasión poco conocida: los carros.

Su hijo Gerardo le dice a El Espectador que su padre, además de la pasión artística, “tenía una flota de taxis; compraba esos carros a una compañía que vendía los Ford y entonces les pintaba en la puerta un tigre. Varios choferes que llegaban todos los días le traían el dinero, y muchos de ellos también me llevaban al colegio”, dice Gerardo, quien recuerda que otro negocio automotor del creador del Festival de Cine.

“Una idea que trajo de Acapulco tras asistir a un festival de cine. Decidió pintar los jeeps de color rosado, con techos de líneas rosadas y blancas; eran realmente divinos. Con ellos marcó un precedente histórico. Creería que fue la primera vez en Colombia que se implementó el sistema de alquiler de vehículos”.

Y es que los automóviles en el Caribe colombiano tienen historias de realismo mágico. Gustavo Tatis, periodista y escritor, me recuerda, además del negocio de don Víctor, el caso de Alejandro Obregón, que era el único hombre en Cartagena que manejaba en reversa, en espacios reducidos, en un carro pequeño.

Hace una pausa y dice que a Álvaro Cepeda Samudio casi se le pierden los originales de su novela, “La casa grande”. “Él vendió la camioneta y en la guantera del carro tenía los originales de la novela”.

Ricardo Chica es investigador y decano en la Universidad de Cartagena; hablamos del cine en la ciudad y Latinoamérica. Sostiene que la cinematografía mexicana, consumida en Cartagena y en toda América Latina, integró escenas de transporte urbano de manera recurrente.

Un ejemplo es la producción de finales de los 40, “Esquina bajan”, cuyo título hace referencia a la expresión utilizada para solicitar la parada en el bus, vinculando directamente la narrativa fílmica con la vida moderna.

Sobre los automóviles y la industria, afirma que la aparición de marcas y modelos marcó periodos de innovación. En el cine estadounidense de los años 70, vehículos de grandes dimensiones definieron el estilo de las secuencias de persecución en Nueva York o Los Ángeles.

En contraste, el cine europeo utilizó el automóvil para narrar la audacia y el peligro. Chica puntualiza que el vehículo funciona como una herramienta de caracterización: “Muchas veces estos autos caracterizan al personaje: definen si es un héroe o qué tan hábil es al volante”.

En su libro “Te invito a vespertina: el cine en los años 60 en Cartagena, barrio, películas y cineclubes”, el autor analiza el transporte público y los autos como elementos recurrentes en el contexto urbano.

Los archivos de prensa de la época revelan que se garantizaba transporte nocturno para los asistentes a las salas de cine. Asimismo, en la pantalla, el melodrama mexicano situaba al automóvil en el centro de la dinámica urbana del cabaret y la noche. Agrega Ricardo que el automóvil opera como un símbolo de glamur, exclusividad y distinción. En la logística de los festivales de cine, actúa como una plataforma de promoción para patrocinadores.

En la calle de la Inquisición, en el Centro Histórico, un carro eléctrico color blanco se detiene; se baja un invitado y saluda a la directora del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), Margarita Díaz.

Ella, en tono atento, le dice a este diario que están contentos con la presencia, por primera vez, de los autos eléctricos. “Estos vehículos se alinean perfectamente con nuestros principios de sostenibilidad e innovación”. Agrega que el posicionamiento que ha logrado el Ficci a lo largo de los años permite traer a personalidades, lo cual hace fundamental el apoyo de estos medios de transporte.

Juan Carlos, saluda al conductor y me dice que son “carros electrificados”, una categoría que abarca cualquier sistema que utilice motores eléctricos como apoyo, pero que en su compañía se centra específicamente en todo aquello que se pueda enchufar.

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En un mercado con más de 80 marcas, la empresa ya se posiciona entre las primeras 14 del país, impulsada por lo que López describe como una “fiebre” por este tipo de movilidad, donde más del 30 % de los vehículos consumidos en Colombia cuentan con algún grado de electrificación.

La presencia de los autos eléctricos en Cartagena demostró que no son una película futurista; es una solución real capaz de responder a la intensidad y demanda de un festival internacional de cine y cualquier vía del país.

Sonríe y me recuerda el programa de televisión “El auto fantástico”, ese Pontiac Firebird de color negro que marcó la televisión de los años 80 por sus capacidades futuristas. Era conducido por Michael Knight, interpretado por David Hasselhoff, quien utilizaba un reloj de pulsera para comunicarse con el vehículo y activar funciones.

Saluda a un amigo y me dice: “Ahora ya que nos vamos, activemos el aire acondicionado del carro que está a unas cuadras de acá; nos iremos en el rojo”. Toma su celular y da un comando de voz: “Hey, prende el aire acondicionado”. Nos vamos caminando para subirnos a un futuro que ya es presente.

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Por Pedro Mendoza

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