4 Mar 2015 - 1:48 a. m.

Gran anfitrión

Las Olimpiadas Indígenas 2015 y los Juegos Olímpicos 2016 son la excusa perfecta para explorar estas tierras. Tome nota de los imperdibles en la primera visita al gigante.

Redacción Buen Viaje

El bullicio y la alegría de los colombianos se sintieron con fuerza durante casi un mes en territorio brasileño. La extraordinaria actuación de la selección de fútbol en la Copa Mundo hizo inevitable que las calles se tiñeran con el tricolor de la bandera y 411.000 aficionados nacionales no sólo disfrutaran del deporte, sino se animaran a explorar algunas de las ciudades y a dejarse seducir por la gastronomía y la cultura cariocas. Colombia estuvo entre los 20 países que mayor cantidad de viajeros registraron en Brasil por cuenta del Mundial.

Una posición representativa que las autoridades de turismo quieren mantener durante estos dos años, también por cuenta de la pasión por el deporte. Aunque ni las Olimpiadas Indígenas que se celebrarán este año, ni los Juegos Olímpicos que serán en 2016, despiertan tanto entusiasmo como el fútbol, serán una oportunidad para atraer nuevamente la mirada de los viajeros y estimular el sector turístico, especialmente entre las naciones vecinas. “Estamos trabajando para que los Juegos Olímpicos sean un evento del continente y no solo de Brasil”, advirtió Gilson Lira, director de Mercados Internacionales del Instituto Brasileño de Turismo (Embratur).

Con más de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados, la inmensidad del territorio de Brasil hace indispensable que quienes se animen a conocerlo aprovechando estas competencias planeen un itinerario. Abarcarlo todo en una primera visita será imposible, lo mejor es priorizar y, para quienes todavía no tienen muy claro por dónde empezar, compartimos algunas recomendaciones que por su valor estético, histórico, arquitectónico y simbólico harán de esta travesía una experiencia inolvidable.

Uno de los típicos atractivos es Corcovado, el morro más alto de la ciudad de Río de Janeiro, que alberga el famoso Cristo Redentor. Se puede llegar en helicóptero, carro o tren y la vista de la bahía Guanabara es extraordinaria. El centro de Salvador Bahía, declarado Patrimonio de la Humanidad, es otra de las joyas brasileñas. Con sus calles empedradas y casas de colores estilo colonial, cautiva a locales y extranjeros.

Para espíritus más guerreros la aventura comienza en Manaos, la puerta a la selva húmeda más grande del mundo, la amazónica; y puede extenderse por el archipiélago volcánico Fernando de Noronha, integrado por 21 islas paradisiacas. Otro paseo emocionante es al Parque Nacional de Chapada Diamantina. Son 152 mil hectáreas de cataratas, cumbres y piscinas naturales en medio de una exuberante vegetación.

Y para descrestarse con una ciudad que apostó por el diseño, en el centro del país se encuentra Brasilia. Fue construida en sólo dos años y es considerada patrimonio de la arquitectura moderna. A pesar de tener más de dos millones de habitantes, en sus calles no hay casi semáforos.

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