Hay lugares en el mundo que parecen desafiar toda lógica: paisajes tan perfectos que se sienten irreales y escenarios tan imponentes que permanecen grabados en la memoria mucho después de haberlos visto. En otra época, ese asombro se concentró en las Siete Maravillas del Mundo. Sin embargo, en plena era moderna la pregunta vuelve a cobrar fuerza: ¿de verdad ya lo hemos visto todo o todavía existen destinos capaces de dejarlo sin aliento y que, además, se pueden visitar?
Con esa inquietud como punto de partida, la revista Condé Nast Traveller decidió mirar hacia el presente y seleccionar siete maravillas contemporáneas para 2026. Desde parques nacionales majestuosos hasta ciudades históricas e islas en medio del Atlántico, la lista reúne lugares donde naturaleza, historia y belleza se combinan para ofrecer experiencias memorables.
Matera, Italia
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993, Matera pasó de ser símbolo de abandono a convertirse en uno de los destinos más fascinantes del sur de Italia. Su fama se debe a los Sassi di Matera, antiguos asentamientos excavados en roca de toba que se consideran de los primeros núcleos humanos del país. Estas casas-cueva, superpuestas en una ladera frente al barranco de la Gravina, forman un laberinto de callejuelas, escaleras y terrazas que parecen suspendidas en el tiempo.
Hoy, lejos de quedar anclada en el pasado, la ciudad vive un nuevo impulso cultural. Como Capital Mediterránea de la Cultura y el Diálogo 2026, acogerá residencias artísticas, exposiciones y espectáculos bajo el concepto Terre Immerse. Entre gargantas vertiginosas, iglesias rupestres y antiguas cavernas convertidas en hoteles boutique, Matera ofrece una experiencia envolvente en una de las regiones más auténticas y menos exploradas del país.
Parque Nacional Banff, Canadá
Si hablamos de maravillas naturales, pocas impresionan tanto como el primer parque nacional de Canadá. Fundado en 1885, Banff es un mosaico de Montañas Rocosas, glaciares, lagos turquesa y valles profundos que siguen asombrando más de un siglo después. Con más de cuatro millones de visitantes al año, combina vida silvestre —desde alces hasta osos— con una infraestructura turística que incluye algunos de los mejores hoteles y restaurantes del oeste canadiense. Aquí, la naturaleza no es solo paisaje: es protagonista absoluta.
Algo importante es que la región podrá recorrerse desde 2026 en una nueva ruta ferroviaria que conectará Banff con el Parque Nacional Jasper. Operado por Rocky Mountaineer, el trayecto estará disponible solo entre junio y julio, por lo que conviene reservar con anticipación, especialmente porque coincide con la temporada en que Canadá será sede de partidos de la Copa Mundial de la FIFA.
Bradford Pennines Gateway, Reino Unido
Con una extensión de más de 1.270 hectáreas, conecta ocho espacios naturales, entre ellos Penistone Hill Country Park e Ilkley Moor, ofreciendo un entorno protegido que combina literatura y naturaleza en estado puro. Además, nuevos senderos enlazan antiguos pueblos laneros como Haworth, Stanbury y Thornton, guiando a los visitantes hacia puentes medievales, cascadas escondidas y pubs tradicionales. Aquí no hay un espectáculo estridente, sino una belleza serena que confirma que lo cotidiano todavía puede sorprender.
Ruinas de Djemila, Argelia
En el norte de Argelia, uno de los países menos visitados de África, se alzan las imponentes ruinas romanas de Djemila, fundadas por el emperador Septimio Severo como retiro para centuriones veteranos. Foros, basílicas y arcos aún intactos emergen entre montañas y cielos intensamente azules, creando un escenario tan majestuoso como silencioso.
Caminar por sus calles es retroceder en el tiempo: todavía se distinguen las marcas de antiguos carruajes, y lo más fascinante es que, pese a su enorme extensión, menos del 40 % del yacimiento ha sido excavado.
Islas Feroe, Atlántico Norte
Este archipiélago volcánico en el Atlántico Norte se ha consolidado como uno de los grandes secretos por descubrir en Europa. Acantilados dramáticos, techos cubiertos de césped y una naturaleza intacta convierten a las Islas Feroe en un escenario casi mítico, ideal para avistar frailecillos, recorrer la costa en kayak o perderse en pueblos como Gásadalur y Saksun.
¿Lo mejor? sus pueblos están cada vez mejor conectados con el continente gracias a su aerolínea nacional, haciendo que el destino también viva un auge turístico y además gastronómico. Por ejemplo, en su pequeña capital, Tórshavn, restaurantes como Ræst y el reconocido Koks han situado a estas islas en el mapa de la alta cocina escandinava.
Parque Nacional Richtersveld, Sudáfrica
En la remota provincia del Cabo Septentrional, junto a la frontera con Namibia, el Richtersveld despliega un paisaje casi lunar de cuarzo y granito salpicado por aloes gigantes y los enigmáticos “halfmens”, suculentas que se alimentan de la niebla atlántica conocida como Malmokkies. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por su extraordinaria biodiversidad —con miles de especies vegetales, muchas endémicas—, este desierto extremo donde las temperaturas superan los 50 °C también es hogar del pueblo nama y de una fauna adaptada al clima implacable. Aislado y poco visitado, es un territorio de silencios profundos, arte rupestre milenario y amaneceres que transforman la aridez en pura belleza.
Parque Nacional El Imposible, El Salvador
Ubicado en las montañas de Ahuachapán, el Parque Nacional El Imposible es uno de los tesoros naturales más impresionantes de El Salvador, famoso por sus profundos cañones, cascadas escondidas y extraordinaria biodiversidad.
Su nombre proviene de un peligroso paso que, hasta 1968, los cafetaleros cruzaban a lomo de mula sobre troncos improvisados para llevar su cosecha. Abierto al público desde 1977, hoy es un santuario ecológico que protege cientos de especies de flora y fauna, además de sitios arqueológicos como Piedra Sellada, convirtiéndose en un destino emblemático para el senderismo y la aventura.
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