26 Jun 2018 - 11:05 p. m.

Los encantos del Llano

Atardeceres de colores, sabores inigualables, el sonido de las bandolas, travesías en lancha y cabalgatas son algunas de las actividades que el turista podrá disfrutar.

Redacción Especial

Por la vía Restrepo-Cumaral, en el Meta, se encuentra una de las fábricas de quesos y yogures más importantes del departamento. En toda una esquina, rodeado de árboles y unos morichales, propios y extraños pueden disfrutar postres y comidas típicas del Llano.

La Catira es el resultado de un trabajo disciplinado y apasionante de Melquisedec Valero, su dueño y fundador, quien, mientras hace un recorrido por la planta de producción, les cuenta a los turistas cómo en 1981, con la necesidad de aprovechar los excedentes de la producción lechera, le apostaron a fabricar quesos y yogures.

“Cuando empezamos no teníamos tecnología de punta, pero decidimos acceder a cursos con el Sena y aprender buenas prácticas”, señala Melquisedec Valero, quien hoy lidera un proyecto gastronómico en la región. Su idea es que, entre varios empresarios, hagan del destino algo atractivo, lleno de historia, sabores y mucha música.

Para lograrlo, con unos vecinos, diseñaron caminatas ecológicas, que se acompañan con cantos de vaquería y todos los relatos que sus habitantes conocen y disfrutan compartir. También realizan cabalgatas cerca al caño San Jacinto, en donde se prueban los sentidos. Primero al escoger la bestia y después, al sumergirse en el agua y confiar por completo en el animal. Más allá de la cabalgata, han posicionado este lugar para eventos empresariales, donde se fortalece el trabajo en equipo y el reconocimiento de habilidades. Es un destino para que la familia también fortalezca sus lazos y es idóneo para niños con problemas cognitivos, pues la relación con los animales les permite mejorar su salud. “El objetivo de nuestras alianzas es crear una oferta turística de calidad y que se trabaje con toda la comunidad”, puntualiza Melquisedec, quien está seguro de que es un destino que tiene mucho por ofrecer. Acá les mostramos algunos lugares imperdibles.

Parque Wisirare

Es un lugar extenso con verde de sobra y dos enormes lagunas que sirven de refugio a muchas aves acuáticas. En los días de verano, los visitantes pueden liberar tortugas Charapa y hasta apreciar al caimán llanero que hoy se cría en cautiverio porque está amenazado de extinción. El viaje termina en la casa de José Eustasio Rivera.

En la habitación principal está su retrato y un ejemplar de La Vorágine. También se puede visitar un árbol, a la orilla del río, donde según cuentan las personas fue el lugar donde el escritor le dio vida a su obra, la cual hay que regresar leyendo, pues hacerlo es un aliciente para entender el magnetismo e inmensidad del Llano. Sin duda, un destino mágico para quienes quieran conocer el tesoro de la naturaleza y enamorarse de los aterdeceres de colores y melodías de arpas y bandolas que se alternan con el canto de las aves.

Ecohotel  La Fortuna

Es una finca de recreo para disfrutar con la familia y los amigos. Cuenta con cabañas amplias, un quiosco rodeado de árboles de mango y el rumor del río Cravo Sur, que la bordea. A la luz de la Luna cualquier día aparece el consagrado artista llanero, “El Cholo” Valderrama, quien, vestido de camisa blanca, sombrero y whisky en mano, canta como pocos al Llano de sus ancestros e invita a propios y extraños a recorrer las tierras de los paisajes de tonos azules, rojos y anaranjados. Su velada siempre concluye con las parejas bailando o contrapunteando.

Pero entre baile y baile también la comida se roba el show. En La Fortuna cada plato es preparado por saberes centenarios de la tradición criolla. Allí podrá disfrutar de la arepa de Chámeza, la mamona del rodeo hato vecino, el cazabe de Orocué, la gallina del totumo del patio, el topocho del conuco de Quebradaseca, la hayaca de la sabana, el café de Támara, el jugo del árbol donde se guinda el chinchorro para dormir la siesta y disfrutar una caminata de árboles de mango.

Ruta de  La Vorágine

Su nombre es en memoria del escritor José Eustasio Rivera y su novela cumbre desarrollada en los llanos y selvas de Colombia. El recorrido empieza en el puente El Cacho, a las afueras de Yopal, en donde los caminos se vuelven largos, con una majestuosa vista a las palmeras y morichales, con centenares de garzas, blancas y rojas, volando a sus anchas sobre un cielo azul despejado, que representa un espectáculo digno de muchos documentales. De repente, si los viajeros tienen suerte, aparecen los venados, aunque prefieren mantenerse en sus espacios reservados y algo lejos de la gente.

La travesía por el río se realiza con poncho al hombro y con el bastimento que no puede faltar (provisión de comida con carne y patacón como lo hacían años atrás los trabajadores del Llano). Durante el recorrido, el sonido del río se mezcla con el cálido clima, que invita a los turistas a desconectarse del ajetreo de la ciudad y perderse llano adentro.

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