24 Mar 2017 - 12:00 a. m.

Louisiana y Mississippi, leyendas del blues

En las notas de este género se esconde la esencia de los estados del sur de Estados Unidos. Una tierra fascinante, que conserva las cicatrices de la esclavitud, en la que florece el algodón y se han inmortalizado historias de músicos como Robert Johnson.

Leonardo Botero Fernández / @LeonardoBotero4

Louisiana y Mississippi son la puerta perfecta para conocer un Estados Unidos diferente, influenciado por la cultura africana y el blues. Su encanto sureño, misticismo y las huellas de la esclavitud y el racismo muestran el país más allá de La Florida y la Gran Manzana.

Estas tierras esconden historias en las que la música es protagonista. Por ejemplo, en la pequeña ciudad de Clarksdale, en Mississippi, se unen dos autopistas que, aunque fácilmente podrían pasar desapercibidas, se han convertido en un lugar especial para melómanos, turistas y curiosos que guiados por la historia de un bluesero, llegan esperando al diablo para intercambiar su alma por música.

Los más valientes aparecen con una guitarra diez minutos antes de la medianoche, a la espera de que un hombre misterioso, alto y negro tome la guitarra y la afine. Así se cierra el trato. El diablo se adueña de un alma a cambio de un talento inigualable para tocar esa música que surgió en las plantaciones de algodón, cuando los esclavos que venían desde África cantaban para resistir: el blues. A esta cita a la que acuden varias personas cada noche se llega inspirado por el aura de misterio que envuelve la vida de Robert Johnson.

Johnson nació en 1911 en una familia negra, en una época en la que ser negro era un delito. Desde joven quiso ser músico, pero quienes lo conocieron cuentan que había una gran distancia entre ese deseo y la realidad. Al menos hasta que decidió recorrer el país con su guitarra al hombro, después de que su primera esposa muriera durante el parto de su primogénito.

Luego de aquel viaje, Johnson volvió con un talento único para cantar y tocar la guitarra y una memoria tan prodigiosa que podía estar toda una noche escuchando música sin prestarle mucha atención y al día siguiente interpretar un recital con las mismas canciones que sonaron. Y así nació la leyenda, alimentada quizá por dos de sus canciones más reconocidas: Crossroad Blues y Me and the Devil Blues. La primera, cuenta la historia de un hombre que se arrodilla en un cruce de autopistas para pedirle al Señor que tenga piedad. La segunda, habla de la llegada del diablo a la casa de Johnson anunciándole que es hora de partir y, mientras caminan, el cantante, siempre viajero, pide ser enterrado al lado de la vía.

Pero no fueron solo sus enigmáticas letras las que inmortalizaron el mito. Fue la vida desordenada y errática de Johnson la que hizo que esa historia calara aún más, pues parecía que seguía los pasos de otra canción tradicional del blues: House of the Rising Sun, mundialmente famosa luego de que el grupo inglés The Animals la interpreta en 1964, que habla de un bar, o quizás un burdel, en Nuevo Orleans llamado El Sol Naciente, “que ha sido la perdición para muchos pobres jóvenes”.

Su cocina

Es el resultado de una mezcla de recetas francesas, españolas, caribeñas, africanas y estadounidenses. Por eso, la riqueza culinaria de la zona  es innegable. Algunos platos típicos son: frijoles rojos con arroz, la jambalaya (a base de arroz con vegetales, jamón, langostinos y pimienta), y el gumbo, una sopa que mezcla arroz y distintos tipos de carne.

Imperdible

Uno de los principales atractivos de la región son las plantaciones de algodón, que llevan siglos funcionando. Vale la pena recorrer la de Frogmore, una hacienda de más de 720 hectáreas que empezó a funcionar en 1800.

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