18 Dec 2020 - 10:22 p. m.

Miraflores, el distrito turístico de Lima, en Perú, sobrevive sin extranjeros

Miraflores concentra gran parte de la oferta hotelera de Lima, con hospedajes exclusivos para gente de negocios hasta hostales para mochileros.

Agencia EFE

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Hoteles, restaurantes y casinos lucen semivacíos o cerrados en Miraflores. Son una imagen del devastador efecto de nueve meses de pandemia del nuevo coronavirus, que ha dejado sin clientes al barrio turístico de Lima.

La “nueva normalidad” impuesta por el COVID-19, con prohibición de reuniones sociales, toque de queda nocturno y restricciones para las fiestas de Navidad y Año Nuevo por el temor de un rebrote de contagios, alteró el paisaje social de este emblemático distrito de la capital peruana.

Los aforos limitados en los comercios, que reabrieron tras un largo confinamiento obligatorio de más de 100 días, afectaron en especial a la gastronomía peruana, de referencia a nivel global.

La resiliencia mantuvo en pie a una mayoría, que afronta ahora el desafío de recuperarse frente a otros que cerraron definitivamente. Decenas de locales vacíos muestran carteles de venta o alquiler.

Miraflores concentra gran parte de la oferta hotelera de Lima, con hospedajes exclusivos para gente de negocios hasta hostales para mochileros. Su municipio se jactaba de recibir cuatro millones de visitantes cada año, más que la ciudadela inca de Machu Picchu.

La historia está presente en sus 10 kilómetros cuadrados de superficie, como lo atestigua un cementerio preincaico y un campo de una batalla de la guerra del Pacífico, que enfrentó a Perú y Bolivia contra Chile en 1879-1883.

Una cocina al mundo

En Miraflores abundan los cafés y restaurantes, y entre ellos resalta Maido, segundo mejor restaurante de América Latina y décimo en el mundo en 2020 según la influyente lista World’s 50.

Maido, del chef peruano Mitsuharu ‘Micha’ Tsumura, es uno de esos casos donde los turistas constituían el 70% de su clientela hasta antes del 16 de marzo, cuando Perú se confinó por el nuevo coronavirus.

“Cuando cerramos Maido, nos dijimos ‘nos vemos en 15 días’. No se dio así, tuvimos una de las cuarentenas más largas del mundo”, dice a la AFP Micha, cuyo local reabrió en septiembre, 150 días más tarde de lo que imaginó.

“Ha sido una gran tragedia, la peor tragedia a nivel turismo, la he vivido en carne propia”, agrega este exitoso chef de 39 años descendiente de inmigrantes japoneses.

El primer día que Maido reabrió hubo solo 10 comensales, frente a los 190 diarios en tiempos normales. Ahora suman 45 al día y ya asoman algunos turistas entre ellos.

“Veo turistas que están regresando, veo turismo corporativo y eso ayuda al consumo”, acota Micha, confiado en superar la pesadilla de la pandemia.

Las calles de Vargas Llosa

Tradicional barrio de clase media, Miraflores tiene unos cinco kilómetros de malecones de cara al océano Pacífico y parece una fortaleza vista desde el mar debido a que se levanta sobre unos acantilados de 80 metros de altura.

Situado al sur de la ciudad, sus acantilados y las olas que revientan sobre sus playas de piedra alimentan la inspiración de parapentistas, surfistas y escritores, entre ellos el premio Nobel Mario Vargas Llosa.

El célebre escritor peruano ambientó sus primeros relatos y novelas en Miraflores, donde vivió cuando se casó con su tía Julia Urquidi hace más de seis décadas.

“Día domingo”, “Los cachorros” y “La ciudad y los perros”, novela que puso en el mapa de la literatura hispana e internacional a Vargas Llosa, reflejan pasajes de su vida en Miraflores.

Una ruta turística recuerda incluso los lugares donde el escritor estuvo, con menciones en calles y parques.

Apuesta por el cliente local

En una de esas calles se encuentra Coffee Time, que se mantiene en pie vendiendo café y crepes para llevar.

“Estuvimos cerrados tres meses y medio, toda la cuarentena, tuvimos que reducirnos todo lo que podíamos. Cerramos un local y dejamos solo uno abierto”, dice a la AFP su copropietaria, la francesa Claudie Perche.

Llegada a Miraflores hace 10 años desde La Guerche-de-Bretagne (noroeste de Francia) después de enamorarse y casarse con el peruano Juan Pablo Ayala, Claude cuenta que la falta de turistas, su público principal desde hace siete años, le hizo temer lo peor.

“Nos hemos dado cuenta de lo importante que es tener la fidelidad de nuestros clientes y no depender solo de los turistas”, afirma.

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