7 May 2020 - 3:55 p. m.

¿Qué viene para el turismo en los próximos meses?

Empresas, gobiernos y destinos a nivel mundial deberán trabajar por brindarles garantías de seguridad a los viajeros. La tecnología impactará notablemente en la toma de decisiones.

María Claudia Lacouture *

Si los atentados del 11 de septiembre supusieron fuertes inversiones en seguridad, aumento en los precios para viajar y una fuerte caída en el nivel de pasajeros, la pandemia del coronavirus ha sido un golpe generalizado con implicaciones mucho más devastadores porque supuso dejar en tierra más del 70 % de la flota de aviones a abril del presente año.

Después del 11 de septiembre estaba claro qué medidas había que tomar para neutralizar posibles nuevos atentados: blindaje de las cabinas, reforzar el control del aeropuerto con cámaras y escáneres, hacer inspecciones minuciosas de los equipajes, examinar a los pasajeros uno a uno, multiplicar los agentes encubiertos, todo con un alto costo.

Pero frente a esta emergencia de salud, hoy todavía no está claro cuáles serán las soluciones globales, ni cómo será el retorno de los turistas, ni qué mella hizo en cada uno la crisis, ni hay respuesta sobre posibles rebrotes del virus, ni si las personas tendrán la misma confianza para subirse a un avión, a un tren o a un barco. Y si algo nos enseñó el 11 de septiembre es que para que las personas vuelvan a viajar deben tener confianza en cada uno de los procesos que los gobiernos y las empresas realizan.

Tras los atentados pasaron tres años para que las aerolíneas recuperaran su nivel de ocupación y seis para que volvieran a ser rentables, pero nunca dejaron de volar, ni se cerraron los aeropuertos. La reacción de los países fue rápida en cuanto a generar acciones que les permitieran a los pasajeros poco a poco tomar confianza y continuar viajando.

Los científicos de las grandes potencias prueban vacunas sin que nadie se atreva a vaticinar cuándo, ni cómo, ni a qué precio estará disponible, lo que no contribuye a que recuperemos la confianza. El coronavirus se disipará, sin duda, será menos mortal, se podrá controlar, pero no desaparecerá en el corto plazo, ni el temor tampoco.

Sin que haya previsión de reapertura de aeropuertos, muchos vuelos dejarán de existir, y las posibilidades de generar tráfico de turistas va a ser limitado, así sea que se abran algunas rutas nacionales. Algunos países hablan de prorrogar varios meses las restricciones de salida e ingreso de personas y habilitar solo el transporte de carga y de nacionales que estén obligados a viajar internamente.

En esas circunstancias, el mundo, los destinos, las empresas, todos debemos trabajar en acciones que generen confianza, especialmente enfocadas en los sistemas de salud de los países, en la movilidad y el distanciamiento social.

Las previsiones de la Organización Mundial del Turismo en marzo decían que en 2020 caería el número de viajeros en un 30 % respecto a 2019, una cifra que hoy se está validando y se empieza a estimar un número más alto frente al panorama de incertidumbre que existe y sin que las aerolíneas hayan reabierto la venta de tiquetes.

Sin lugar a dudas el turismo interno (local, regional y nacional) será la prioridad, se promoverán y promocionarán destinos cercanos, comenzando por atraer a los jóvenes y familias. Los primeros, que suelen ser menos sugestionables y representan las dos terceras partes de la población y, aunque gastan menos, serán la punta de lanza para recuperar la confianza. Y las familias porque requieren, después de la cuarentena, tener la oportunidad de espacios abiertos, con distanciamiento social, pero que les permita cambiar la rutina.

En la medida en que crezcan los viajes domésticos y familiares, los hoteles de gama media verán el crecimiento más rápido y los hoteles de cinco estrellas deberán reinventarse para no quedar por fuera en el paulatino retorno.

La actividad y las vacaciones experimentales serán claves. Experiencias únicas, sensoriales y sostenibles acompañadas por garantías sanitarias, seguridad y un catálogo renovado de destinos.

Los viajeros serán más “hazlo tú mismo” o “Do It Yourself (DIY)” digitalmente a medida que se vuelven cada vez más expertos en informática y surfistas inteligentes. Lo que lleva a que las agencias de viajes deben estar en línea y lograr en este tiempo una relación más cercana con sus clientes, o verán aún más caídas comerciales en sus volúmenes de ventas después del COVID-19.

Los viajes ecológicos y el cuidado ambiental estarán en la mente de los potenciales turistas y ya no habrá nadie que no prefiera un destino sostenible y sustentable. Será una variable para la toma de decisión.

El teletrabajo funcionó, la tecnología ha permitido realizar reuniones virtuales y esto se mantendrá, por lo que se considera que los viajes corporativos pueden reducirse a 4 días, 3 noches (4D3N) durante la semana y el relacionado con ocio de empresarios aumentaría a 3D2N.

Somos humanos y necesitamos la interacción humana, por lo que las videoconferencias y los seminarios web aumentarán, pero las reuniones y conferencias cara a cara, las ferias y los congresos deberán sobrevivir mientras duran las secuelas de la pandemia.

Por lo anterior, es importante que tanto el sector público como el privado trabajen de la mano en el detalle de los protocolos de salud, especializados en sus sectores, como también en las herramientas que les permitan a los turistas ganar confianza y volver a visitarnos. Es una tarea que hay que comenzar ya.

*Directora de AmCham Colombia / Exministra de Comercio, Industria y Turismo.

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