21 Aug 2013 - 11:47 a. m.

Salvador de Bahía: encanto colonial

Una ciudad que atrae por sus calles llenas de historia, amplia oferta gastronómica y fiestas de talla mundial.

Karen de la Hoz Rodríguez *

Google Imágenes no le hace honor a la belleza del centro histórico de Salvador, en el nordeste de Brasil. Lo que en el buscador es un barrio de edificaciones coloridas se trata en realidad del mayor conjunto arquitectónico de estilo barroco de Latinoamérica, que fue declarado patrimonio histórico de la humanidad en 1985.

Deambulando por sus calles es posible encontrar construcciones del siglo XIX y principios del XX, y si se tiene mucha suerte, algo de conocimiento o el guía correcto alguna de las pocas que quedan del siglo XVIII.

Un punto de visita obligado en el Pelourinho, uno de los tres barrios que conforman el centro histórico de Salvador, es la Iglesia de San Francisco. Si su guía le dice que entre con la vista fija en el suelo y no levante la mirada hasta llegar al centro del recinto, hágale caso. Se sorprenderá con una imponente construcción, diseñada por ingenieros navales, en la que no escatimaron en el uso de polvo de oro.

La Catedral Basílica de San Salvador, que llegó piedra a piedra desde Portugal, es otro punto de referencia para los amantes del arte de religioso. Si esto no es suficiente, puede visitar la Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim, allí comprenderá por qué en Salvador los vendedores siempre lo abordan con citas de colores. Se trata de las “Fitas de Bonfim”, amuletos religiosos que los creyentes atan con tres nudos, representando igual número de peticiones, a cualquier barrote o manija de la iglesia.

Si tiene suerte su visita al Pelourinho será interrumpida por una batucada, una manifestación musical en la que dominan los instrumentos de percusión. El sonido de los tambores parece tener magnetismo sobre los turistas, que salen de restaurantes, tiendas de souvenirs e iglesias antiguas para rodear a los tamboristas y bailarines, moverse al ritmo de la música o hacer videos y fotografías. Lo que pocos saben es que detrás los surdos, cajas y repiques hay jóvenes que fueron rescatados de las calles y de la delincuencia gracias a la música.

Dejando atrás el centro histórico y tomando la Avenida Sete de Setembro se puede ver la Bahía de Todos los Santos, la mayor entrada marítima de Bahía. La Avenida Sete, como es conocida popularmente, también está conectada con la parte más moderna de Salvador, y durante el Carnaval acoge un circuito tradicional de la fiesta. En uno de sus extremos se encuentra el Fuerte de Santo Antonio de la Barra, desde cuyo faro se puede disfrutar una vista privilegiada de la Bahía y, si el clima lo permite, apreciar el atardecer.

Quienes aún tengan ganas de mar pueden tomar la Avenida Oceânica y escoger entre diferentes playas. En el recorrido encontrarán 'As Meninas do Brasil', una obra que llamará la atención de los colombianos por sus formas voluminosas y redondeadas que recuerdan a Fernando Botero. Las gorditas de Ondinas, como son conocidas las esculturas, representan las tres razas que dieron origen a Brasil: la negra, la blanca y la india. Fueron hechas por Eliana Kertész, conocida como la Botero de Brasil.

El sabor de Bahía

Conocer su gastronomía, de una marcada influencia africana, es otra de las formas de disfrutar Bahía. El camarón, como entrada o como plato fuerte, está presente en muchas preparaciones típicas. Se encuentra, por ejemplo, en el acarajé, una fritura tradicional elaborada con la masa del frijol poroto fradinho, que se rellena con camarón y se acompaña con salsas.

No será difícil encontrar un lugar para probar el acarajé, pues en Bahía abundan los carritos atendidos por mujeres, vestidas con faldas y blusas amplias, que deleitan a los comensales con este aperitivo. Si necesita una razón adicional para probarlo, le ayudará saber que el oficio de las baianas do acarajé fue declarado Patrimonio Cultural de Brasil.

Si busca un plato fuerte puede probar con la moqueca o con el bobo camarón. El primero se hace con aceite de dendé o de palma, leche de coco y variedad de especies; el segundo incluye pasta de mandioca o de yuca. Ambos guisos, cuya base es el camarón, se sirven con arroz blanco. Antes de ordenar debe saber que una porción será suficiente para satisfacer a dos personas, incluso si quieren repetir. Si no quiere arriesgarse con el camarón, pruebe con cualquier especie de mar pues Bahía ha sabido aprovechar su ribera como despensa.

El coco, en todos sus presentaciones, es otro elemento común en esta cocina. No en vano, el cocotero domina amplios paisajes cuando se recorre el nordeste de Brasil por tierra.

¿Y las fiestas?

Una buena temporada para visitar el Estado de Bahía es durante las fiestas juninas, una celebración de origen rural donde abundan las comidas tradicionales (a base de maíz y yuca), la música y los bailes.

El forró es la banda sonora de las fiestas. Se trata de un género musical que se interpreta con un acordeón, un triángulo y un bombo, una mezcla de ritmos africanos y europeos popularizada por el músico Luiz Gonzaga.

Si le pregunta a algún local por el origen del Forró le dirá que viene del inglés ‘For All’ (para todos), una forma de indicar que todos eran bienvenidos en los bailes que organizaban los ingleses que construían la línea férrea del Estado de Pernanbuco en el siglo XVIII. Incluso si la explicación no es cierta representa muy bien el sentido de las fiestas: tarimas dispuestas en varios puntos del centro de las ciudades donde todos están invitados a bailar.

*Este artículo fue posible gracias a una invitación del Instituto brasileño de turismo, Embratur.

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