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San Luis, un diamante en bruto de Brasil

Aunque no es muy conocida, esta ciudad en el norte de Brasil reúne los atractivos para convertirse en una de las potencias turísticas del país.

Germán Gómez Polo

03 de agosto de 2016 - 10:00 p. m.
Germán Gómez Polo
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Hay una ciudad en el nordeste de Brasil que es profundamente parecida a Cartagena. No a la Cartagena de ahora, por supuesto, sino a la que es contada por la gente que la vivió en los años 60 y 70, cuando no se había convertido en lo que hoy, para bien o para mal, representa para el turismo en Colombia. Cuando muchas de sus esquinas no lucían aún prefabricadas.

En los tiempos de la Colonia este territorio fue disputado por franceses y portugueses. Sin embargo, como lo demostró la historia, estos últimos se quedaron con tierras que todavía hoy conservan los vestigios de antaño, como edificios y casas con fachadas llenas de azulejos y la arquitectura propia de la época, con rasgos de deterioro que no permiten que la magia se evapore.

Y es la raza negra predominante la que reafirma la inmigración africana, principalmente de Angola, que no solo se ve, sino que se escucha con cada golpe de tambor de crioula, una danza que era practicada por los descendientes de los esclavos provenientes de la cuna de la humanidad.

Para disfrutar de este lugar también es necesario probarlo en las decenas de formas en las que se presenta su comida de mar. Platos cargados de cangrejos, camarones secos, arroz de cuxá y harina de mandioca, acompañados de un frío jugo de bacurí, guanábana o acerola. También, beber unos tragos de tiquira, un aguardiente típico de color violeta, hecho a base de mandioca, al son del reggae más clásico que suena como la champeta en los picos de los barrios populares de Cartagena.

Con seguridad le va a gustar San Luis. Su único inconveniente es la falta de conectividad aérea, haciendo necesario tomar un vuelo a São Paulo, que desde Bogotá dura unas seis horas, para luego coger una ruta doméstica de unas tres horas largas hasta esta ciudad. Sin embargo, el largo viaje valdrá la pena, debido a que, al ser como un diamante en bruto, los elementos por conocer se harán infinitos.

Amo el portugués, pero nunca había ido a Brasil y, por fortuna, caí en un lugar que, sin mucho esfuerzo, se convertirá pronto en una potencia turística.

*Invitación de la Oficina de Turismo de San Luis y Embratur.

Por Germán Gómez Polo

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