12 Jul 2017 - 3:05 a. m.

Un recorrido en moto por los desiertos de Utah, Estados Unidos

El estado número 45 esconde uno de los paisajes más exóticos de Norteamérica. Sus desiertos, nevados y grandes montañas rocosas lo convierten en un paraíso para los aventureros que recorren sus vías en dos ruedas.

Jairo A. Cárdenas A. / @Jairo_Cardenas7

La promesa del sueño americano es simple: trabaja duro durante tu juventud y ten una vejez plena al lado de tus seres queridos. Por décadas, esta frase ha sido la guía de millones de estadounidenses e inmigrantes que con sus manos han convertido a este país en una de las potencias más grandes del mundo y hoy, aún con una economía debilitada y un presidente que parece sacado de una mala serie de televisión, esta consigna continúa siendo el pilar de una sociedad que carga con el peso de ser llamada “la tierra de la libertad”.

Visitar el país del Tío Sam, especialmente para un colombiano que toda su vida ha sido bombardeado por publicidad y películas gringas, hasta el punto de casi reconocer las franjas y estrellas como su segunda bandera, es una experiencia que rompe con las sensaciones protocolarias de hacer turismo en cualquier otro destino del mundo. Hay un aire de satisfacción cuando aprueban la visa; adrenalina al momento de enfrentar al agente de migración en alguno de los aeropuertos internacionales de Estados Unidos; paz cuando se escucha el golpe del sello de OK sobre el pasaporte, y ansiedad por salir a vivir una aventura en suelo estadounidense.

Sus casi diez millones de metros cuadrados de superficie, que lo ubican en el top 3 de los países más grandes del mundo y le permiten atravesar de Este a Oeste la zona alta del continente americano, son garantía de encontrar una riqueza geográfica y cultural que responde a las expectativas de cualquier viajero. Cada uno de sus 50 estados guarda magia y encanto propios, por lo que adentrarse en cada uno de ellos abre la puerta a una experiencia diferente. Siendo un país tan grande y tan diferente, es entendible que los mismos estadounidenses decidan romper con la monotonía de su línea de producción capitalista y salir a la carretera para sentir el aire de la verdadera libertad.

Pequeños carros familiares, camionetas, casas rodantes y buses son los medios tradicionales para conquistar la imponente malla vial que comunica a cada punto cardinal de este país. Pero, más allá de estos vehículos, hay uno reservado para los aventureros que quieren sentir el viento en el rostro y no le temen al inclemente clima bipolar de los Estados Unidos: la moto. Kawasaki, Harley, Ducati, KTM, Yamaha o Suzuki, no importa la marca, en el pavimento todas son recibidas como iguales.

Hay algo especial en recorrer esta nación en dos ruedas, sobre todo por los códigos que hay entre los motociclistas viajeros. No importa qué tipo o modelo de moto llevas entre las piernas, el respeto y la solidaridad es la primera regla que comparten los diferentes grupos que día a día se cruzan por la vía. Ya en el interior de uno de estos grupos, las reglas son sencillas: no sobrepasar al líder, respetar la línea de marcha, no dejar atrás a ningún compañero y, quizá la más importante, recordar que tanto moto como camino son los medios para romper con las cadenas de la rutina y conectarse con el aventurero que estaba perdido entre trajes y corbatas.

Utah, un país distinto en cada kilómetro

La mayoría de colombianos se inclinan por los destinos clásicos. Miami, Los Ángeles, Nueva York, Washington, Las Vegas y los parques de Orlando son tan visitados que casi se ven más turistas que locales. Viajar a estas ciudades, aunque es un sorbo de todo lo que ha conseguido Estados Unidos a lo largo de los años, se queda corto cuando se trata de vivir el verdadero sentimiento viajero norteamericano.

El estado de Utah es uno de esos puntos que escapan al masivo éxodo de turistas y, por lo tanto, aún conserva las tradiciones del Oeste clásico. Varios de sus paisajes son algunos de los más exóticos del país y sus vías son un tapete en el que se puede acelerar a fondo sin temor a que un hueco le ponga fin al paseo. Las poblaciones no son muy grandes y, como buen estado de ideología republicana, las banderas estadounidenses ondean en cada parque, colegio, negocio, gasolinera, vehículo de carga, pico de montaña y cartel de información.

Pocos escenarios son más satisfactorios para un motociclista que las vías de Utah. En un kilómetro se siente el rigor del calor del desierto y al siguiente hay que enfrentarse al frío de uno de los nevados más blancos de Estados Unidos. De no ser por el traje de montar, las temperaturas harían estragos en el cuerpo del piloto. En algunos tramos, la carretera se encarga de partir la naturaleza en dos y el aventurero puede ver arena a su derecha y nieve a la izquierda, un espectáculo que muestra la mezcla perfecta entre la naturaleza y la mano del hombre.

Este estado no es para un turista amante de las grandes ciudades, pues las poblaciones son pequeñas y el estilo de vida se asemeja al de los municipios de Colombia, aunque con el desarrollo económico, social y de infraestructura de un país primermundista. Aquí, los parques estatales son los mayores atractivos, y miles de visitantes llegan hasta puntos como el Goblin Valley, el Promo Canyon, Dead Horse Point y Swasey’s Beach, donde incluso los hombres más grandes y fuertes se ven diminutos ante la grandeza de las maravillas de la naturaleza.

La oferta gastronómica es una experiencia típica. Cuando la moto frena en algunas de las poblaciones gringas, los restaurantes cinco estrellas y los platillos internacionales se hacen a un lado para darles paso a gigantescas hamburguesas o filetes que se apoderan de la mesa. En Utah, la carne de algunas de las mejores reses del continente es el plato típico, y acorde a las dimensiones que manejan los estadounidenses, cada corte pone en apuros a cualquier latino amante del BBQ, no importa el estómago que tenga.

Así es Utah, una muestra del Estados Unidos de antaño, donde cada kilómetro esconde un paisaje y una experiencia diferentes. La moto responde con velocidad a la gentileza de la carretera y la carretera responde con un espectáculo continuo a los ojos de quien se atreva a desafiar la monotonía y la simplicidad de un viaje en carro. Tierra de guerreros, recompensa para los más arriesgados. ¡A viajar, viajero!

* Invitación de Kawasaki Colombia.

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