
En la región Caribe puede encontrar deliciosos postres como alegría de burro, mongo mongo, panochas, bolis y salpicón, chicha de piña, flan de coco y de piña. / Foto: iStock
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El amor de los colombianos por lo dulce es indiscutible y todas las regiones se las han arreglado para aprovechar los agradables sabores de estas tierras, sobre todo, de las frutas tropicales. El objetivo: crear deliciosos manjares artesanales por los que hoy muchas personas recorren kilómetros. Desde la Región Caribe hasta la Amazonía hay un menú inmenso de pasteles, bocadillos, bizcochos y jaleas que recuerdan a qué sabe Colombia.
Su sencillez y originalidad han hecho famosos al arequipe, el mielmesabe, los merengues y la gelatina de pata, que además de los supermercados se encuentran en todas las plazas y parques en donde los antojados también pueden darse una idea de la historia y cultura del lugar. El viaje comienza en Montería, capital del departamento de Córdoba.
En este caluroso territorio, reconocido por su actividad ganadera, se utiliza una amplia variedad de frutos para preparar uno de los dulces más famosos de la zona: el mongo mongo. Una jalea hecho con plátano maduro, guayaba, mango, papaya, piña, mamey, coco, canela y panela, que cobra protagonismo especialmente durante la Semana Santa, cuando Cartagena y Barranquilla celebran sus festivales del dulce.
Los costeños también le ponen azúcar a su cotidianidad con la alegría de burro, el flan de coco y las cocadas, que se exhiben en cada esquina, listas para acompañar los paseos por los centros históricos; y con la chicha de piña y el salpicón que refrescan un día de sol en la playa. Llegando al interior el menú va cambiando y se empieza a notar la influencia española durante la época de la Colonia.
En Antioquia, por ejemplo, a la natilla, uno de los placeres infaltables en las mesas colombianas durante las fiestas decembrinas, se le agregó panela convirtiéndola en un manjar perfecto para llenarse de energía antes de salir a disfrutar de los increíbles alumbrados navideños en el Paseo del Río y la avenida La Playa. Estando en Medellín, la capital, vale la pena recorrer las vitrinas de la calle Junín mientras se come una deliciosa torta marialuisa, rellena de arequipe o mora, y maravillarse con la panorámica de la ciudad desde el tradicional Pueblito Paisa, en el cerro Nutibara, donde se consiguen las solteritas, deliciosas galletas con crema de vainilla y leche condensada.
En el Valle del Cauca la tentación son los pandebonos rellenos de bocadillo, arequipe o queso y el apetecido manjar blanco, una variedad de arequipe espesada a base de arroz molido, un poco hostigante para una calurosa tarde valluna, por lo que no es extraño que locales y extranjeros refresquen sus visitas al Señor de los Milagros de Buga o sus clases de salsa con luladas y champús, bebidas hechas con la pulpa de frutas como lulo, piña y banano, y endulzadas con panela, o con cholaos, una ensalada de frutas acompañada de hielo raspado, jarabes de diferentes sabores y leche condensada.
En medio de paisajes montañosos se levanta el Altiplano Cundiboyacense, en donde los visitantes disfrutan de deportes al aire libre y fríos paisajes de ríos, lagos, represas y hasta páramos, donde la mejor opción para calentarse es el típico canelazo, una bebida hecha con agua de panela, aguardiente y canela o el chocolate, que puede acompañarse de brevas con arequipe, mantecadas o cuajadas bañadas en melao.
Una vez en esta zona del país es impensable no pasar por Villeta, la capital de la panela, famosa también gracias a sus senderos ecológicos ya que es donde comienza la Ruta del Sol. Los viajeros tampoco pueden abandonar Bogotá sin probar el postre de natas o la chicha de arroz, que se consiguen en pintorescos locales de La Candelaria, el barrio favorito de los extranjeros debido a su arquitectura, ambiente bohemio, calles empedradas y llamativas casas de colores.
Santander y el Amazonas, departamentos que cautivan con sus riquezas naturales y emocionantes planes de aventura, también tienen sus propios manjares. Entre la infinidad de posibilidades extremas que ofrece el Cañón del Chicamocha, por ejemplo, nada sabe mejor para recargar energías que un cortado de leche, un buen masato o sabajón.
Y a sólo tres horas, el municipio de Vélez se ha vuelto una parada obligada no sólo por la Catedral Atravesada sino porque es la cuna del famoso bocadillo veleño. Ni qué decir de los bizcochos de frutas del bosque y dulces de marañón autóctonos de la Amazonía colombiana, perfectos para relajarse después de una expedición a lo largo del río Amazonas, en medio de delfines rosados, aves y monos.
Estos son algunos de los postres típicos por regiones y departamentos:
Región Caribe
Alegría de burro, mongo mongo, panochas, bolis y salpicón, chicha de piña, flan de coco y de piña.
Costa Pacífica
Cocadas y chancacas.
Antioquia
Arroz con leche, natilla y leche asada, mazamorra con bocadillo, marialuisa, solteritas.
Eje Cafetero
Alfandoques, crema de café, flan de café.
Valle del Cauca
Manjar blanco, pan de bono, lulada, champús, cholado.
Bogotá y Altiplano Cundiboyacense
Arequipe con brevas, mantecadas, merengón, postre de natas, fresas con crema, cuajada con melao, masato, chicha de arroz, canelazo.
Tolima
Galletas cucas, pastel de choclo, envuelto de plátano maduro, bizcochuelo, pan de yuca, almojábana, chicha de arroz, cacao.
Santander
Bocadillo veleño, sabajón, tonchaleros, masato, cortado.
Nariño
Dulce de papayuela, tamal con masa dulce, colaciones de azúcar, almendras de leche, helados de paila.
Llanos Orientales
Calostros llaneros.
Amazonas
Dulce de marañón, bizcocho de frutas del bosque, polvorones del Espíritu Santo.
Por Redacción Especiales
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