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Viajar a San Vicente del Caguán: esta agencia lo lleva por sus lugares más hermosos

En el corazón del Caquetá, un grupo de excombatientes cambió la guerra por el río y hoy invita a Colombia a remar con ellos hacia otra historia.

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Leidy Barbosa
27 de febrero de 2026 - 09:10 p. m.
Las experiencias que ofrece Caguán Expeditions hacen parte de un proyecto de paz que nació en 2017, tras la firma del Acuerdo, como una apuesta concreta por transformar el territorio a través del turismo comunitario, la naturaleza y la memoria.
Las experiencias que ofrece Caguán Expeditions hacen parte de un proyecto de paz que nació en 2017, tras la firma del Acuerdo, como una apuesta concreta por transformar el territorio a través del turismo comunitario, la naturaleza y la memoria.
Foto: Caguanexpeditions
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Hay destinos que no se recorren solo con los pies, sino con la memoria y el corazón. Lugares que no buscan deslumbrar con postales perfectas, sino conmover con historias reales de transformación. En el sur del país, en San Vicente del Caguán, el turismo se ha convertido en una herramienta para resignificar el territorio y demostrar que, incluso en los escenarios más complejos, es posible construir nuevos relatos.

En la vereda El Pescador, a orillas del río Pato —antes de que sus aguas se fundan con el Caguán y luego con el río Caquetá— un grupo de excombatientes que hoy lideran Caguán Expeditions le apuesta a algo más profundo que la aventura. Allí, donde aprendieron a hacer rafting en la parte alta del afluente, en Miravalle, mantienen vivos proyectos comunitarios que combinan naturaleza, memoria y reconciliación.

¿Cómo nació el proyecto?

Hablar de San Vicente del Caguán es evocar un territorio que muchos colombianos creen conocer, pero que pocos se han detenido a mirar más allá de los titulares. Durante años fue noticia por diálogos fallidos de paz y por una violencia que marcó su nombre en la memoria colectiva. Sin embargo, reducirlo a ese capítulo sería desconocer su verdadera dimensión.

San Vicente está en Caquetá, la Puerta de Oro de la Amazonía colombiana, y se caracteriza por ser un municipio de cumbres rocosas, ríos caudalosos y selva profunda, donde la naturaleza impone su ritmo y dibuja un escenario privilegiado para el turismo de aventura.

Aquí, en 2017, tras la firma del Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y las FARC, nació Caguán Expeditions como una apuesta real por transformar la historia desde el territorio y no solo desde el discurso. El proyecto fue impulsado por firmantes de paz que decidieron reescribir su destino y convertir su experiencia en una herramienta para construir futuro.

“Cambiamos los fusiles por los remos”, resume Lucía Pedraza, guía de operaciones. La frase, más que simbólica, condensa una decisión colectiva: dejar atrás la guerra para abrazar el río, el trabajo comunitario y la reconciliación como camino de vida.

La inspiración comenzó en Miravalle, en la parte alta de un río caudaloso y desafiante. “Allí apareció un hombre llamado Rafael Gallo —quien ya falleció— y vio en nosotros algo más que un pasado armado. Nos dijo que teníamos potencial, que éramos personas disciplinadas, resistentes y echadas para adelante”, recuerda la guía.

Ese gesto de confianza fue el punto de partida. Les regaló un bote y seis remos y con eso comenzaron, sin conocimientos técnicos, aprendiendo entre corrientes y tropiezos, guiados más por la convicción.

Con el tiempo llegaron instructores que los formaron en rafting y les ayudaron a profesionalizar la operación. Lo que empezó como un ensayo lleno de incertidumbre se convirtió en un proyecto sólido de turismo de naturaleza, aventura y paz.

La iniciativa, sin embargo, también ha enfrentado dificultades. Tras un desplazamiento forzado, dejaron Miravalle y trasladaron sus actividades a los cajones del río Pato, en la vereda El Pescador. El cambio no frenó el proceso; al contrario, fortaleció su propósito. Hoy el río sigue siendo el escenario, pero también el símbolo de una transformación que continúa fluyendo.

¿Qué ofrece el emprendimiento?

Más que un operador de aventura, Caguán Expeditions ofrece una experiencia de inmersión en la naturaleza y en la memoria viva del territorio. En San Vicente del Caguán, el visitante no solo desciende ríos o camina senderos: escucha relatos en primera voz, comprende los procesos comunitarios y recorre escenarios que hoy simbolizan transformación.

La propuesta combina tres ejes centrales: aventura, naturaleza y memoria histórica. Cada plan está guiado por firmantes de paz y comunidades locales del Cañón del Río Pato y la cuenca del río Caguán, quienes acompañan al viajero en un recorrido que une adrenalina y reflexión.

Entre las experiencias más representativas están los descensos en rafting por los Cajones del Río Pato (niveles 2 y 3) y por el río Caguán (nivel 1, ideal para principiantes), así como jornadas de senderismo y tubing en el Cañón del Pescador. Estas actividades incluyen guía local, transporte interno, alimentación y seguro de accidentes, lo que permite vivir la aventura con acompañamiento profesional y enfoque comunitario.

Para quienes buscan una experiencia más profunda, el plan Renace Caguán integra rafting, caminatas por el Cañón de Aguas Claras, visitas a miradores naturales, baños recreativos como La Azufrada y una ruta gastronómica del queso en la región.

A esto se suma la Trocha de la Memoria, un recorrido urbano y rural que permite entender el poblamiento, las dinámicas de colonización y los impactos del conflicto armado, directamente desde la voz de jóvenes locales y firmantes de paz. No es un relato contado desde afuera, sino una conversación abierta con quienes vivieron esa historia y hoy la resignifican.

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Para Pedraza, el propósito de ofrecer estos planes va más allá de la aventura. “Queremos que realmente se den cuenta de que a nosotros no nos gusta la guerra. Tuvimos que escogerla por la ausencia del Estado. Eso es fundamental. Hoy, el mensaje es distinto: que los viajeros vayan, que conozcan, que recorran el río y escuchen las historias. Ya no hay guerra. Estamos operando, estamos trabajando y queremos que nos conozcan”, concluye Pedraza.

¿Cómo llegar al lugar?

Llegar a San Vicente del Caguán es parte de la experiencia. El trayecto permite entender la transición entre la región andina y la puerta de la Amazonía colombiana. Existen varias rutas, tanto terrestres como aéreas, que conectan el municipio con el centro del país y con otros destinos turísticos cercanos.

  • Vía terrestre por Neiva: Desde Bogotá se viaja por carretera hasta Neiva. Allí se toma un bus con destino a Florencia y luego conexión hacia San Vicente del Caguán.
  • Ruta por la Trocha del Pato: También desde Bogotá hacia Neiva, pero en lugar de continuar por la vía tradicional, se toma la llamada “Trocha del Pato”, un corredor que atraviesa paisajes rurales y conduce directamente a San Vicente.
  • Ingreso por La Macarena: Otra alternativa es llegar primero a La Macarena, conocida por el acceso a Caño Cristales, y desde allí desplazarse por vía terrestre hasta San Vicente del Caguán.
  • Vía aérea directa: Existen vuelos desde Bogotá hasta San Vicente del Caguán, lo que reduce considerablemente el tiempo de desplazamiento.
  • Vía aérea a Florencia + conexión terrestre: Se puede volar de Bogotá a Florencia y luego continuar por carretera hasta San Vicente.

Si el emprendimiento fuera un animal o un color...

Si el emprendimiento fuera un animal, sería el mico. Durante los años de guerra, cuentan, estos pequeños monos fueron una especie de centinelas naturales: cuando percibían movimiento en la selva, empezaban a chillar sin parar. Ese sonido, repetido una y otra vez, muchas veces servía como alerta. “En ese tiempo nos ayudó muchísimo”, recuerda Pedraza.

Hoy el significado es distinto. El mico ya no es señal de peligro, sino parte viva del paisaje que acompaña cada recorrido por los cajones del río. Aparece entre los árboles, salta de rama en rama y se convierte en un símbolo de memoria y transformación. Es el mismo animal, pero en otro contexto: antes asociado a la supervivencia en medio del conflicto; ahora, a la biodiversidad que maravilla a los visitantes.

Un dato curioso de la región

Uno de los sabores más representativos del territorio es el tungo, una preparación tradicional que hoy forma parte de la experiencia que ofrece el emprendimiento a sus visitantes. Se elabora con masa de maíz, queso y panela. La mezcla se envuelve y se cocina hasta obtener una textura firme y un sabor dulce–salado muy particular. Es sencillo, pero contundente.

“Durante los años en el monte, el tungo era un alimento práctico: podía conservarse sin dañarse durante dos o incluso tres días, resistía las condiciones de humedad y calor, y aportaba la energía necesaria para largas jornadas”, finalizó Pedraza.

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Leidy Barbosa

Por Leidy Barbosa

Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales.@leidyramirezbLbarbosa@elespectador.com

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