Por: Columnista invitado EE

¿Una nueva normalidad?

Por: Juan Carlos León D.*  

Se dice que un optimista es un pesimista mal informado. Tampoco me declaro optimista pero busco estar bien informado. Es decir, de fuentes autorizadas y con una trayectoria probada. Esto implica buscar no solo las fuentes con las cuales estoy de acuerdo, sino aquellas que me lleven a controvertir mis posiciones, con argumentos y hechos reales.

Cada vez me es más claro que esta pandemia al remover las estructuras económicas y sociales, sacó a relucir las fisuras y debilidades que estábamos ocultando conscientemente en algunos casos, pero la mayoría de manera inconsciente. Mucho de esto último con el argumento de que yo solo, no puedo hacer nada. De tal forma que me dejo arrastrar por la corriente y así me siento menos vulnerable y tranquilo.

¿Qué se evidenció?  La inequidad entre ricos y pobres. Internamente en cada país, e internacionalmente entre regiones y países. ¡Claro que lo sabíamos! el 2 % de la población del mundo tiene el 80 % de la riqueza.

Se evidenció que la disminución de hábitats sostenibles y especies incrementan de manera exponencial la aparición de estos virus por transmisión de animales a humanos, al estar fuera de sus ecosistemas naturales.

Se evidenció que las fuerzas de mercado sin las debidas regulaciones llevan a mayor concentración de la riqueza y a que sistemas indispensables para una vida digna y justa, como salud o educación, se vuelven más elitistas.

Se evidenció que la globalización es más un tema de mercado y capital y no del ser humano. Ya no producimos para las personas, sino para el capital. Como titulé en otro artículo: Una economía perversa.

Hay quienes cuestionan si volveremos a la antigua normalidad o tendremos que acostumbrarnos a una nueva normalidad en el momento que salgamos del confinamiento. Yo creo que ni lo uno, ni lo otro.  La normalidad implica cierta regularidad por un tiempo sostenido. Esto no es lo que vamos a enfrentar. Saldremos a período de transición con mucha inestabilidad e incertidumbre. El reacomodo de los cimientos, sociales, económicos y existenciales (para llamarlo de alguna manera), tendrá muchos temblores y quizás hasta terremotos, sin ninguna claridad cuál será la “normalidad” a la que finalmente arribaremos, ni cuando.

Lo que ya es un hecho es que las reacciones iniciales nos están llevando a un aislacionismo comercial, que ya había comenzado antes de la pandemia con la guerra comercial entre China y USA. Se inició y se incrementará un proteccionismo creciente. El nacionalismo y la xenofobia que venía creciendo en los últimos años, tendrán un mayor auge ante el miedo que siempre gana adeptos. Igual el populismo político que ya tenía una cara visible, pescará en río revuelto y obtendrá réditos electorales. La polarización social y política será la otra tendencia ante las diferencias entre ricos y pobres que la crisis aceleró.

¡La vida será más cara, menos libre y más insegura! Espero equivocarme. Pero no creo, las estadísticas e información de fuentes como The Economist, analistas internacionales y fuentes de países asiáticos muestran ya claramente estas tendencias.

¿Se preguntarán qué tiene esto de optimista? Pues la verdad, nada. Creo que es tener los pies en la realidad, anticipar para no ser sorprendidos, quedar frustrados y desanimados. No es mi intención tampoco generar miedo, pero si estar claros del terreno que pisamos para generar opciones y salidas viables, regulando inteligentemente nuestras fuerzas y motivación.

Me parece que los movimientos sociales que vimos el año pasado alrededor del mundo en Francia,  Taiwán, Chile, Colombia, Ecuador,  centroamérica, etc… también muestran que el ciudadano quiere más participación en las decisiones. La tecnología nos da una mayor capacidad de convocatoria y de denuncia. Esto ayudará a contrarrestar las tendencias arriba mencionadas, debilitando el poder actual de los políticos.

Thomas Piketty, economista francés y director de la Escuela de Altos estudios en Ciencias Sociales, afirma que: “La Desigualdad no es por causas económicas, sino políticas e ideológicas” y  que esta situación podría acelerar la transición hacia otro modelo económico más equitativo y sustentable.

Creo que es durante este período de transición difícil e incierto (ninguna nueva normalidad), que tendremos que cultivar y sacar lo mejor de nosotros ante la crudeza de una realidad sin tapujos, que preferimos no mirar hasta ahora y que el virus nos la develó de manera implacable para que identifiquemos claramente nuestro lugar. ¿Cuál es mi lugar?

Acá vuelvo a un tema de orden y lo llevo a mi campo personal. Yo hace mucho que me desilusioné de la política y las ideologías. Sin desconocer su importancia, creo que algo nuevo y muy diferente tiene que surgir. De este parto que parece no será corto.

Para mí hay dos GPS valiosos ante este escenario que describo. La Intención verdadera y los resultados. Encontramos corruptos de derecha, de centro y de izquierda. Así que el tema es más de la intención con la que actuamos cuando ejercemos el poder. Todo comienza en mí al preguntarme mi intención verdadera en mis decisiones y elecciones.

Por otro lado, si los resultados son valiosos, la discusión conceptual pierde relevancia; me oriento por los resultados.

Piketty nos recuerda que después de la segunda guerra mundial Alemania aplicó una tasa del 50 % sobre el capital, no sobre ingresos. Si eso nos parece sorprendente, Japón aplicó el 80 % sobre el capital y miren los resultados que obtuvieron. Han sido muchas las voces que comparan lo que estamos viviendo con la segunda guerra mundial. Pues de esa magnitud son los cambios que deberíamos hacer.

Para mí, todo esto es un ejercicio de volver a recuperar una verdadera escala humana, en lo individual y lo colectivo y lo que conlleva sin duda desprendernos de algunos privilegios y lujos que acumulamos; esto ya es un reto enorme. Los beneficios y las compensaciones las veremos más adelante cuando nuestra racionalidad económica, cultural y social hayan evolucionado.

Esto implica una mirada más amplia de lo colectivo y lo inclusivo. Implica mucho trabajo y autoconocimiento personal. Si centro mi esfuerzo ahí, generaré la fuerza para apoyar los cambios colectivos que igual necesitamos. Pero el orden es de lo individual a lo colectivo. Creo que esa fue la enseñanza de Ghandi.

Lo colectivo se genera a partir de la suma de las partes, hasta lograr la masa crítica. Los invito a sumar. A sumar a escala humana.

* Economista

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