Empoderamiento de la mujer como causa y no como desenlace

Transformar vidas de mujeres víctimas del conflicto, haciendo énfasis en la niñez, se convirtió en la obsesión de Nadia Sánchez. Emprendimiento y desarrollo productivo son sus mantras para visibilizarlas.

Sánchez es la cabeza de la fundación She Is, que ofrece reparación a mujeres desde una perspectiva de emprendimiento y no de asistencialismo. / Cortesía
 
 

Nadia Sánchez contesta la llamada desde El Cairo, Egipto, donde el gobierno de ese país -en el marco de la Cumbre Mundial de la Economía de la Mujer (Women Economic Forum - WEF)- se dispone a entregarle un reconocimiento por su labor en el desarrollo de proyectos productivos y de emprendimiento para la mujer en Colombia y Latinoamérica. Transmite confianza, evoca satisfacción y emana resistencia al hablar. Bastan minutos para entender por qué, con solo 25 años, decidió marginarse de las comodidades que ofrecía una ciudad como Washington, en Estados Unidos, y de un trabajo en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para regresar al país y jugársela por mejorar la calidad de vida de las mujeres.

Su apuesta es lo que hoy se conoce como la fundación She Is, con la que ha logrado posicionar la equidad de género no como una moda, sino como una reivindicación histórica. Ese proyecto lo intentó promover en el BID y, ante la negativa, no se conformó y perseveró hasta hacerlo realidad. ¿Su detonante? El entonces proceso de paz entre el Gobierno y la otrora guerrilla de las Farc, una oportunidad para ponerse al servicio de los más de cuatro millones de víctimas mujeres que dejó el conflicto, más de la mitad del total.

“Queríamos darles voz, visibilizar y potencializar a esas mujeres rurales e indígenas víctimas del conflicto, así como a aquellas que sobreviven en situación de vulnerabilidad. Queríamos trabajar con mujeres en contextos de empoderamiento femenino y de memoria histórica, transformando ese dolor en proyectos productivos y de emprendimiento”, asegura Sánchez.

Con apenas 30 años, puede presumir de haber sido galardonada con el premio Joven Mujer Iberoamericana, haber representado a Colombia en la Cumbre Mundial de Emprendimiento -de la mano del entonces presidente Barack Obama-, ser nominada al Premio a la Innovación Nelson Mandela-Graça Machel (por promover cambios sociales positivos), haber traído y liderado la WEF 2019 a Colombia o que su organización haya sido reconocida por el Banco Mundial como uno de los 10 proyectos de mayor impacto en el mundo en mejores prácticas para eliminar la pobreza en mujeres rurales.

Sí, puede alardear de todo ello y más. No obstante, Nadia Sánchez prefiere hablar de cómo, en apenas cuatro años, She Is ha logrado impactar a más de 1.600 mujeres en nueve territorios. “El componente de la fundación es memoria histórica y reconciliación, construcción de paz, liderazgo y emprendimiento. A pesar de que solo llevamos cuatro años, somos una de las organizaciones más reconocidas en Colombia y en el mundo por sus proyectos de impacto y liderazgo femenino”, explica.

Si bien hoy She Is es todo eso, Nadia cuenta, entre asombro y orgullo por lo logrado, que lo más difícil no fue regresar y volver a vivir con sus papás, buscar financiación, tolerar que todos le cerraran las puertas o el menosprecio de otros por ser joven, sino el convencerse a sí misma que era capaz y podía lograr transformar las vidas de las mujeres. En el camino entendió que su vida fue la que se terminó transformando.

“La primera brecha para una mujer a veces es creérselo uno misma. Recién llegué a Colombia dije: ‘¿Qué estoy haciendo? ¿Será que sí es lo correcto?, sin pensar que tenía en las manos el poder de cambiar muchas historias de vida’. Hay otras barreras como los estigmas y estereotipos, lo que lo lleva a uno a pensar: ‘No, mejor no me arriesgo. Me van a decir que no’. Dejé eso de lado, me volví la persona más arriesgada y ya no acepto un no como respuesta”, agrega Sánchez.

La fundación ha impulsado dos observatorios sociales y económicos dirigidos exclusivamente para la mujer, instalados en regiones tan golpeadas como Magdalena y Putumayo, a lo que se suman iniciativas como una gira por la reconciliación con enfoque de género, que ha permitido promover proyectos y fomentar el empoderamiento. “En Magdalena hicimos los primeros telares de memoria histórica y varios de ellos fueron llevados a una audiencia con el papa Francisco”, cuenta con entusiasmo Nadia.

Quizás uno de los programas que más la apasionan es el que ha llevado a niñas en condición de vulnerabilidad, de zonas rurales y víctimas del conflicto a la NASA, en Estados Unidos. Su tono de voz cambia cuando se refiere al proyecto: “Muchas mamás no asistían a nuestros programas porque no tenían con quién dejar a sus hijas. Les dijimos que las llevaran y nos dimos cuenta de que para ellas las heroínas en territorio eran sus mamás. Comenzamos a trabajar desde la niñez en temas de empoderamiento, conocimiento de reproducción sexual y generación de proyectos de vida. Me apasioné enloquecidamente por trabajar con ellas”.

Para Nadia, una niña empoderada es toda una generación empoderada, que transforma no solo su vida, sino la de su comunidad, familia y región. El efecto es multiplicador. “Trabajamos con las mamás porque necesitamos transformar sus vidas en el día a día, pero son las niñas las que nos marcan la pauta de lo que vamos a esperar en un futuro, de lo que es esa real construcción de paz para nosotros, que es la unión de lo diverso y lo diferente, apoyando las zonas más marginadas en Colombia”, precisa.

Al margen de las dificultades que supone mantener avante una fundación, hoy solo una preocupación agobia a Nadia Sánchez. Todo el plan que tenía ideado para 10 años con She Is lo ha concretado en cuatro. Ello implica seguir pensando en iniciativas para alzar la voz de las mujeres y transformar la realidad. “Tenemos una deuda histórica gigante con las mujeres. Nuestra tarea es apoyarlas y fortalecerlas en su desarrollo. Insistiremos”, concluye.

 

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-Javier González Penagos / Twitter: @Currinche

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