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hace 7 horas

Financiamiento en clave rural: ¿cómo satisfacer las necesidades campesinas?

Productores de café, cacao y otros alimentos son ejemplo de cómo se puede obtener un beneficio de servicios financieros pensados para las dinámicas del campo. Accesibilidad y flexibilidad son fundamentales.

Así se ve la bodega en construcción de Asopep, en Planadas, Tolima. / Cortesía
 
 

Pensar el campo en clave urbana por muchos años ha dificultado el cierre de brechas, incluyendo las relacionadas con el acceso a educación y servicios financieros. Según el Censo Nacional Agropecuario, apenas los productores del 10,7 % de las unidades productivas censadas (UPA) pidieron un crédito. De ellos, a 88 % se los aprobaron.

Parte del problema, como señalaron Carlos Gustavo Cano, Paola Cuadros y Dairo Estrada en un estudio sobre inclusión financiera rural, enfocado en el sur de Tolima y publicado por el Banco de la República y Usaid en 2017, está en que el sistema no ha ajustado su oferta lo suficiente para que la población del campo pueda acceder a ella.

No tener la posibilidad de obtener un crédito o encontrar muchas dificultades para hacerlo puede ser una barrera para el impulso de inversiones que mejoren la actividad productiva. El mismo censo del DANE dio cuenta de que apenas un 16 % de las unidades productivas censadas tienen construcciones (infraestructura de almacenamiento o transformación, por ejemplo) y usan maquinaria.

Estrada, ahora al frente del Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (Finagro), resaltó en entrevista con este diario en enero pasado no solo la participación creciente en el campo de la banca privada tradicional, sino de otro tipo de entidades que están en capacidad de dar créditos, como las cooperativas.

Canalizar los recursos de Finagro (conocido como un banco de segundo piso) a través de organizaciones, como las cooperativas, ha permitido que actores que están en los territorios, y los conocen, puedan dar financiamiento. De esa forma se ha visto beneficiada Asopep (Asociación de Productores Ecológicos de Planadas), ubicada en uno de los municipios estudiados por Cano, Cuadros y Estrada.

Según los investigadores, al 30 % de los consultados les tomaba dos horas o más ir a la oficina de un banco. Camilo Enciso, vocero de Asopep, que reúne a 325 pequeños productores de café y cacao, sostiene que la llegada en los últimos años de entidades como Bancamía y la cooperativa Coofisam ha ayudado a soportar la dinámica comercial de la zona, que estaba desbordando la oficina del Banco Agrario, los corresponsales de otras entidades y los datáfonos para hacer transacciones con la cédula cafetera.

Fue precisamente con Coofisam, cooperativa de ahorro y crédito fundada por agricultores hace 59 años en Huila, que Asopep, creada hace siete años, pudo acceder en 2019 a un préstamo en condiciones Finagro, con el que actualmente están financiando la construcción de una bodega para los equipos de secado de café, una oficina y un laboratorio. Además de la tasa favorable, Enciso afirma que fue la alternativa que les permitió tomar el crédito como organización.

La solidez de la asociatividad y la calidad de los productos de Asopep es lo que, para Jeisson Cediel, de Coofisam, hace del caso de ese grupo de productores una historia de éxito. Cediel explicó a este diario que para poder beneficiarse de los servicios, personas naturales o jurídicas como Asopep deben ser asociados de la cooperativa. Actualmente, en Coofisam hay otros 272 asociados con créditos en condiciones Finagro, por unos $3.860 millones en total.

El funcionario afirma que el proceso de evaluación por parte de Finagro para que Coofisam pudiera canalizar recursos fue riguroso. Estrada, de Finagro, explicó a este diario que la evaluación de riesgo para intermediarios diferentes a los bancos tradicionales –en general, y no en referencia a Coofisam– debe ser diferente, acompañada de asistencia técnica para que esas entidades mejoren sus indicadores.

Con la bodega, Asopep valorizará su propiedad rural, dejará de pagar el arriendo del espacio que utiliza en el pueblo actualmente, que, por cierto, es más pequeño; y podrá ofrecer el servicio de secado de café a los productores ahí mismo. La Asociación está en capacidad de cumplir mensualmente con las cuotas a partir de su ejercicio comercial, aprovechando además los buenos precios del grano que por la devaluación se han visto en las últimas semanas, y la visibilidad que Planadas, municipio ubicado en el corazón de la guerra en Colombia, ha recibido en los últimos años. “La paz nos visibilizó, sonamos por las cosas buenas que tenemos y que estaban ocultas por el conflicto”, dice Enciso.

Mantenerse al día

Un poco más de trayectoria crediticia que Asopep tienen María Buitrago y su familia, productores de tomate en el oriente de Antioquia. Hace 10 años recibieron su primera financiación para construir los invernaderos para cubrir el cultivo y actualmente se encuentran pagando, al día, el tercer crédito con los incentivos de Finagro, a través de la cooperativa Confiar.

Aunque esta productora reconoce el trabajo de los asesores que van a hasta su finca para explicar las condiciones de los servicios, señala que todavía desplazarse hasta una oficina en el municipio le puede tomar unos 45 minutos. Por cierto, según el estudio de Cano, Cuadros y Estrada, la principal razón por la cual los encuestados (30 %) no ahorran en el sistema financiero es que no hay un banco cerca.

Hernán Arango, de la cooperativa Confiar, afirma que una de las prioridades de la entidad es hacer accesibles los servicios, por lo que han implementado una aplicación móvil –cuyo uso sin embargo depende del acceso a internet, muy incipiente aún en gran parte del territorio– y alianzas con canales como la red de Efecty.

De Confiar, que tiene cobertura urbana y rural en seis departamentos, Arango destaca la asesoría personalizada y el acompañamiento que se les puede dar a los productores que optan por el portafolio de Finagro. Actualmente, la participación de la cartera Finagro en todas las líneas de microcrédito de Confiar es del 4,3 %, pero el 55,7 % al contar la cartera de microcrédito agropecuario.

Buitrago resalta la flexibilidad que le he permitido cumplir con las cuotas durante 10 años. “Hay veces que los precios (del tomate) no colaboran o hay plagas y el cultivo no rinde. Si me veo atrasada, les aviso con anticipación y dan la posibilidad de dar un plazo”, cuenta. No ajustarse a los ciclos o condiciones de la producción agropecuaria es otro de los factores que tradicionalmente han apartado a la población del campo de los bancos. Por eso, pensar en clave rural puede ayudar a solucionar el hecho de que casi el 50 % de los productores se atrase en sus cuotas por la caída inesperada de ingresos, según el estudio de Cano, Cuadros y Estrada.

 

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2020-03-28T21:00:00-05:00

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María Alejandra Medina C. - @alejandra_mdn

Economía

Financiamiento en clave rural: ¿cómo satisfacer las necesidades campesinas?

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