Bésame, bésame mucho

Así reacciona el cerebro con un beso apasionado

Además del romanticismo y el encanto del amor, la ciencia ha demostrado los beneficios y los cambios positivos que generan en el cuerpo.

Los labios son de las partes del cuerpo que tienen mayor número de terminaciones nerviosas. iStock

“Un mundo nace cuando dos se besan”, decía el poeta mexicano Octavio Paz. Un nuevo universo nace, nuevas relaciones, emociones o sensaciones. Un acto tan simple que a veces complejizamos, una acción tan poderosa que a veces banalizamos.

“Hay besos que producen desvaríos de amorosa pasión ardiente y loca, tú los conoces bien, son besos míos, inventados por mí, para tu boca”, escribió la poetisa chilena Gabriela Mistral; “Y si beso la osadía y el misterio de tus labios no habrá dudas ni resabios, te querré más todavía”, dijo el reconocido poeta uruguayo Mario Benedetti. 

“En un beso sabrás todo lo que he callado”, confesó Pablo Neruda; “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... yo no sé qué te diera por un beso”, escribió el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Besos eróticos, tiernos y apasionados, protagonistas de historias de amor, pasión, deseo y hasta desengaño. 

Sin embargo, además del romanticismo y el encanto del amor, la ciencia ha demostrado los beneficios y los cambios positivos que genera un beso en el cuerpo.

“Los cambios en el cerebro son sutiles, pero importantes, hay una conexión neuronal. Cuando se besa por primera vez a alguien se generan nuevas conexiones sinápticas entre las neuronas que hacen que se identifique cuál es la forma como la otra persona besa. Usted empieza a identificar olores, sabores y propiedades bioquímicas del beso mismo y de la persona con la que tiene contacto y empieza a crear, hablando coloquialmente, una especie de memoria emocional. Es decir, cada vez que usted besa a esa persona no sólo va a evocar el recuerdo de cómo es el beso, sino varias emociones asociadas con el mismo”, asegura Óscar David Díaz, psicólogo y epidemiólogo de la Universidad El Bosque. 

El beso sirve entonces como un primer examen del otro, un examen del que no somos conscientes. Lo confirma un estudio de la Universidad de Oxford, realizado por Rafael Wlodarski y Robin Dunbar, que sugiere que ayuda a evaluar la idoneidad de la pareja.

Por otro lado, Díaz Sotelo asegura que hay otros cambios en el cuerpo que tienen que ver mucho con la actividad de ciertos sistemas. Cuando hay un beso apasionado tiende a bajar la presión arterial, se acelera el ritmo cardíaco y, por ende, el miocardio tiene un poco más de actividad. En la mayoría de los casos hay sudoración y es la puerta de entrada a un contacto sexual en términos de la respuesta fisiológica. En las mujeres puede haber, por ejemplo, mayor lubricación vaginal y aumento en el flujo sanguíneo en la zona clitoriana, y en los hombres facilita la erección peneana.

Según el experto, hay unos cambios neurológicos gracias a la liberación de, principalmente, cuatro neurotransmisores (sustancias químicas que comunican unas neuronas con otras) que son: la adrenalina, la serotonina, la dopamina y la oxitocina. Todas ellas están involucradas en procesos de placer. 

“Toda esta actividad neuroquímica que se libera a partir del beso genera una sensación de bienestar, disminuye la ansiedad y aumenta procesos como la autoestima. Por ejemplo, una persona que es besada se siente importante, querida o amada por otro o por otra y, por consiguiente, contribuye a un mejoramiento de sus estados de ánimo de una manera importante”, afirma Díaz Sotelo.

“Y como estimula la actividad del miocardio, dar besos frecuentemente contribuye o es un factor protector para enfermedades de tipo cardiovascular. Insisto, estos cambios son sutiles, no quiero decir que si usted besa todos los días va a tener mucho menor riesgo de una enfermedad cardiovascular cuando tiene otras conductas de riesgo como comer mal, ser sedentario o tener antecedentes familiares. Besar disminuye la probabilidad de una manera muy sutil, está comprobado que el beso tiene este tipo de beneficio”, añadió el experto de la Universidad El Bosque. 

Los labios son de las partes del cuerpo que tienen mayor número de terminaciones nerviosas, eso también explica que los besos sean una gran herramienta de sentir satisfacción y placer. Las terminaciones nerviosas de los labios están asociadas al sistema límbico y la mayor frecuencia de besos hace que tenga una liberación mayor de neurotransmisores.

No obstante, hay que tener en cuenta que el beso involucra ciertos riesgos, porque la cavidad bucal aloja un número importante de bacterias y de diversas clases, por ende, si una persona tiene un proceso infeccioso o bacteriano, incluso viral, hay un riesgo alto en la transmisión de dicha infección. Hay otra un poco más delicado, que es el virus del herpes simple u otro tipo de infecciones que se dan en procesos odontológicos.

“Sin embargo, esas son cosas que hay que tener en cuenta, pero no hay que darles mucho detalle, sí es importante manifestarlas y tenerles en cuenta, pero no por esta razón nos podemos volver paranoicos y evitar los besos. Tampoco satanizarlos o pensarlos como un mecanismo de riesgo para infecciones. Y parece una recomendación muy obvia, pero la higiene oral es fundamental, si no, se arriesga a que nadie quiera besarlo”, finaliza Óscar David Díaz Sotelo. 

Temas relacionados