Así son los clubes de aficionados a las motos en Colombia

Desde guardarlas en la habitación hasta llegar al matrimonio en dos ruedas. Conozca hasta dónde llega la pasión que comparten miles de colombianos.

Si hay algo que comparten los aficionados de este medio de transporte es que viven experiencias fuera de lo común. /iStock

En la mente de Chucho Elejalde sigue vivo el recuerdo de aquella vez que rejoneó en su moto. Lo hizo por entretener a los asistentes y porque sentía seguridad sobre esas dos ruedas a pesar de estar en medio de la arena. Es la imagen de Harley-Davidson para Colombia y uno de los miles de aficionados a las motocicletas que hay actualmente en el país. Un fenómeno que empezó hace cerca de 11 años y que hoy parece no tener límites.

Los encuentros pueden ser semanales, mensuales o cada seis meses. Se reúnen en Bogotá, Cali, Medellín o cualquier destino de Colombia que les permita emprender una aventura.

Aunque para algunos clubes los parámetros y las reglas de formalidad quedan en un segundo plano, para otros están muy definidos. “Los motociclistas afiliados a los clubes deben ser personas que les guste el turismo en carretera, con disposición para viajes largos, sentido social para apoyar las obras que ocasionalmente desarrollamos, pero ante todo con disposición para compartir e interactuar con los miembros del grupo”, afirma Andrés Ibarra, líder del Club Riders Pulsar 200NS en Medellín.

Cursos de manejo, rodadas por municipios, paseos, pruebas de equilibrio, charlas de viajeros experimentados, clases de mecánica básica, desfiles de motos clásicas y antiguas, fiestas de integración y talleres de afinamiento de las habilidades técnicas en conducción, tanto para asfalto como en carretera, son algunas de las actividades más comunes durante las salidas.

“En el pasado encuentro anual alcanzamos a reunirnos alrededor de 900 personas en más de 500 motos”, cuenta Nicolás Upegui, gerente de BMW Motorrad. Una comunidad que existe desde hace cinco años y que se identifica porque “sus integrantes son tan aficionados que no guardan su moto en el garaje de la casa, sino dentro de la sala o en la habitación”, cuenta Upegui. Es por ello que Autogermana, como importador oficial de la marca, se encarga de coordinar constantemente actividades y organizar la logística.

Si hay algo que comparten los aficionados de este medio de transporte es que viven experiencias fuera de lo común. Prueba de ello es Mateo del Río, un colombiano de 25 años, apasionado por la marca italiana Vespa, quien decidió emprender un viaje hasta la Patagonia. “Recorrí 12.560 kilómetros en una GTS 300, una máquina con un look antiguo, pero con tecnología de punta. La gente no podía creer que me llevara tan lejos. Durante 48 días fue mi compañera, le hablaba, la miraba, me sentía seguro”.

Otros gomosos son capaces de “disfrazarse” con tal de ser fieles a esa hermandad que los caracteriza. “Una vez un amigo llegó al matrimonio en una Harley-Davidson. Todos los de la comunidad le hicimos calle de honor en motos y vestidos de esmoquin, ocultando esa rebeldía que llevamos por dentro”, recuerda Elejalde.
Más allá de ser un movimiento robusto que cada vez rueda con más fuerza por el país, los clubes se han convertido en la esencia de las marcas, una inspiración para fomentar la cultura del respeto, estar más cerca de los clientes y promover el buen comportamiento en las vías.

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