Carrera por el tiempo en Daytona

Este sábado inician las 24 Horas de Daytona, en las que habrá participación de cuatro pilotos colombianos. A propósito de las 56ª edición de esta mítica carrera, un viaje en el tiempo para revivir los orígenes de esta pista ubicada en el Estado del Sol. La transmisión inicia a la 1:00 p.m. (Fox Sports 3).

Panorámica del Daytona International Speedway en Daytona Beach. / EFE

Cuando se habla de Daytona, dos pensamientos surgen: el primero, las blancas y amplias playas que aquí se funden. El segundo, autos de carreras. Y es que en esta ciudad costera del Estado del Sol se encuentra una de las pistas de carreras más míticas y emblemáticas en el automovilismo: la Daytona International Speedway.

A pesar de que la playa y las carreras no parezcan ir de la mano, en Daytona no es el caso, y hace algún tiempo estas dos de hecho estaban íntimamente relacionadas.

A comienzos del pasado siglo, corredores innatos, hombres en busca de velocidad, se tomaron las blancas playas de esta ciudad floridana para acelerar sus autos y vibrar con el rugir de sus motores.

Históricamente, Daytona siempre ha sido sinónimo de velocidad. Incluso antes de que se realizara la primera edición de las 500 Millas de Indianápolis en 1909 o de que se corriera el primer Gran Premio en Europa, valerosos y veloces gladiadores ya aceleraban a fondo sus autos en la playa de Ormond, a pocos kilómetros de Daytona Beach.

Con el tiempo, la playa de Daytona y su amplio, extenso y soleado trazado se convirtieron en el sitio idóneo para alcanzar nuevos récords de velocidad y descubrir nuevos límites para la humanidad.

Entre 1905 y 1935 se llevaron a cabo más de una docena de eventos en la playa de Daytona. Además, aquí se establecieron 15 récords de velocidad, incluyendo el conseguido por Sir Malcolm Campbell, que en 1935 se convirtió en el hombre más veloz del mundo al superar las 276 millas por hora.

Para 1936, las autoridades de Daytona Beach, de la mano de un corredor local, Sig Haugdahl, diseñaron un circuito de 3,2 millas, que recorría tramos de la icónica autopista A1A y los fusionaba con sectores arenosos de la playa.

A pesar de captar la atención de una amplia multitud de corredores, el evento no era económicamente viable, por lo que las autoridades de la ciudad dejaron de promoverlo.

Fue entonces cuando William France Sr., o como se lo conoce en el mundo automotor: Big Bill, asumió las riendas del evento. El estadounidense, que años después fundaría la serie Nascar, hizo del evento un éxito y logró que por primera vez en su historia tuviese cifras económicas positivas.

Vinieron así años exitosos y de emocionantes competencias en el circuito de la playa de Daytona. Sin embargo, el deporte motor en Estados Unidos se suspendió durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que no se hizo ninguna clase de competencia entre 1942 y 1946. Concluida la guerra, el sol volvió a iluminar las blancas playas de la Florida y, así, el siempre emocionante rugir de los motores volvió a Daytona para nunca volver a irse.

El emblemático y demandante trazado de arena y pavimento, adornado con palmeras y un azul océano fue ampliado a 4,2 millas de extensión. Su trazado cada vez se hacía más popular en el mundo.

Por supuesto, correr en la arenas suponía muchos peligros y por esto los pilotos que lograban dominar y vencer en la playa de Daytona se hacían leyendas, inmortalizándose para la historia.

La creciente popularidad de las carreras en la playa de Daytona hizo que cada vez más pilotos participaran en ellas y que más espectadores asistieran a verlas. Por este motivo, el trazado urbano ya era insuficiente y en 1953 Big Bill comenzó a planear la construcción de una pista permanente que bautizaría como Daytona International Speedway.

En 1956 dio inicio a la construcción del enorme óvalo de 2,5 millas con una capacidad superior a las 200.000 personas. Único en su especie, las cuatro curvas del Daytona International Speedway tendrían un ángulo de inclinación superior a los 30 grados, lo que permitiría que los autos alcanzasen altísimas velocidades.

El nuevo trazado supondría el fin de una era y así, en 1958, se realizó la última competencia en el icónico circuito de la playa. Uno que fue testigo del nacimiento de incontables de las leyendas del automovilismo estadounidense. Un veloz y soleado escenario al que se le debe gran parte de la cultura automovilística de ese país.

El Daytona International Speedway que creó Big Bill para seguir creciendo la cultura automovilística de esta ciudad fue terminado en 1959. Justo a tiempo para la primera edición de las 500 millas de Daytona, de la Nascar, que hoy es uno de los eventos emblemáticos del automovilismo mundial.

Pocos años después de inaugurar este templo para el automovilismo, Big Bill tomó la decisión de darle a su pista un perfil más internacional. Para esto decidió crear una carrera de resistencia que atrajera a pilotos y fabricantes de todas partes del mundo. A esta competencia la bautizó con el nombre de las 24 Horas de Daytona.

Tras medio siglo de historia, velocidad y emocionantes carreras, esta desafiante prueba se ha consagrado como una de las más importantes del deporte a motor.

Hoy ondeará la bandera verde para la 56ª edición de esta mítica competencia y cuatro colombianos harán parte de ella: Juan Pablo Montoya, triple ganador de las 24 Horas de Daytona, estará en el prototipo #6 del Acura Team Penske; Sebastián Saavedra y Gustavo Yacamán, que conforman el Team Colombia, estarán a bordo del prototipo Ligier #52, del equipo AFS/PR1/Mathiasen Motorsports, y Juan Pérez, en un Mercedes AMG-GT3 del P1 Motorsports.

Como lo hicieron Red Byron y Tim Flock en aquel mágico circuito rodeado por mar, palmeras y una blanca playa, los nuestros buscan vencer este fin de semana en este templo del automovilismo para así inmortalizarse en la historia del deporte motor. Dos vueltas al reloj en la mítica Daytona los separan de la gloria.

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