La tecnología del automovilismo

De las pistas a las calles

Por años, los principales fabricantes automotores han utilizado los circuitos del mundo como recintos de experimentación e innovación tecnológica. Este desarrollo compone el ADN de los modelos que recorren las autopistas de todos los países.

/ Audi

La diferencia entre un carro de carreras y aquellos que ruedan por las calles todos los días es, para la percepción, abismal. Pero la realidad es que los automóviles producidos en serie tienen origen en las pistas y su código genético es de muchas maneras similar al de los automóviles de competición.

La razón de esto es que, durante años, los fabricantes han tenido la filosofía de trasladar las tecnologías que desarrollan en las categorías de competición, como la Fórmula 1, a los modelos que ruedan por las calles. En este sentido, las pistas de carreras son en esencia laboratorios de experimentación para las marcas, en donde el fin es encontrar nuevos límites en el desarrollo tecnológico.

Son muchas las marcas automotrices que han apostado y soñado con vencer en las diferentes categorías de competición que hay en el mundo del automovilismo. La sed de victoria y el deseo de alcanzar la gloria han motivado a los constructores a hacer inconmensurables esfuerzos y enormes inversiones para conquistar las pistas. Por milésimas de segundo se invierten millones de dólares, pues esa pequeña diferencia en tiempo no sólo puede ser la clave para ganar, sino también la llave para lograr automóviles en serie más completos y sofisticados.

Las pistas de carreras no son un laboratorio fácil. Varias marcas que han tenido la intención de ser campeonas del mundo han sido derrotadas en el intento y se han ido sin lograr el codiciado título. Estos templos de pavimento son comparables a un campo de guerra, en donde el ganador es quien haya alcanzado el mayor nivel de innovación.

Para Germán Mejía Pinto, experto en automovilismo, “los carros que ruedan por las calles son producto de las competencias. La competición ha estado siempre ligada al desarrollo y, por eso, las carreras son una guerra entre fabricantes”. Agrega que “las guerras han sido sucesos que históricamente han marcado desarrollos tecnológicos grandes. El ser humano quiere ganarle al otro como sea, y eso lo estimula a inventar cosas”. De acuerdo con esto, Mejía afirma que “de la guerra del automovilismo han nacido soluciones que han encontrado los fabricantes automotores como una ventaja tecnológica sobre la competencia”.

Históricamente, han sido tres las categorías automovilísticas creadas como propulsoras de creatividad, tecnología e innovación: la Fórmula 1, el World Endurance Championship (WEC), conocido principalmente por las 24 Horas de Le Mans, y el World Rally Championship (WRC). A ellas se sumó hace pocos años la Fórmula E, en donde compiten únicamente monoplazas eléctricos.

El mayor nivel tecnológico está en la Fórmula 1, que es la categoría reina del automovilismo. Aquí se han desarrollado en los últimos años sofisticados motores híbridos que ya se están viendo en los carros que ruedan por las calles.

Según Mejía Pinto, en este campeonato ocurre así porque “el reglamento técnico de la Fórmula 1 propone innovaciones” y estas, “con el tiempo y de una manera dosificada, llegan a los vehículos de línea”.

El WRC ha sido la cuna de avanzados sistemas de tracción, por ejemplo el Quattro de Audi. Aquí, la naturaleza de la competencia en terrenos off road ha llevado también al desarrollo de algunos de los sistemas de suspensión más avanzados de la industria.

En el WEC, la exigencia de las carreras ha llevado a que los fabricantes diseñen sistemas confiables, eficientes y duraderos. Audi, que ha sido una de las marcas más exitosas en este serial, lo ha utilizado como laboratorio de desarrollo de tecnologías que después ha incluido en sus modelos de calle.

Gabriel Afanador, product manager de Audi en Colombia, dice que “en el WEC buscan desarrollar un carro que resista la totalidad de la carrera andando. Por eso, en este campeonato se desarrollaron motores como el TDI (Turbo Direct Injection - Diesel) y el TFSI (Turbo Fuel Stratified Injection), que resultaron ser muy eficientes y de gran autonomía. Posteriormente los heredaron los carros de calle. Además, como en la categoría corren de día y de noche y en condiciones difíciles, se empezó a desarrollar el sistema de iluminación LED y láser que ahora está en todos nuestros vehículos”.

Finalmente, la Fórmula E, que tuvo su primera temporada hace apenas tres años, se ha convertido en la categoría favorita para que los fabricantes prueben y desarrollen tecnología bajo la apuesta de un futuro eléctrico para la movilidad. Audi, Renault, Citroën, BMW, Jaguar y Mahindra son las marcas que se han adscrito al reto.

En definitiva, si bien es difícil percibirlo, los carros que ruedan por las calles comparten mucho con sus pares de las pistas de competición. De hecho, se podría decir que en un sentido amplio éstos son sus progenitores. De las carreras y de la lucha entre fabricantes por alcanzar la victoria, los circuitos del mundo se han convertido en templos de experimentación y desarrollo, cunas de tecnología que llevan las creaciones de las pistas a las calles.

Temas relacionados

 

últimas noticias

BMW actualiza la serie F