El primer parqueadero robot de Bogotá

Que las máquinas sean las encargadas de estacionar su carro es el paso lógico en una ciudad en donde encontrar un puesto demanda casi el mismo tiempo que salir de un trancón.

Parkeo 79, el primer estacionamiento robotizado de Bogotá, cobra $95 el minuto. /Cortesía

Si las avenidas de Bogotá parecen no tener espacio suficiente para la cantidad de vehículos que se movilizan a diario, ¿por qué pensar que sí alcanzan los parqueaderos? La mayoría de conductores capitalinos han sentido alguna vez la frustración de dar vueltas por el estacionamiento de un centro comercial en busca de un espacio vacío y, al final, terminar pagando más por el tiempo de búsqueda que por el que realmente se estuvo detenido.

Qué alivio sería que existiera un parqueadero en el que se dejara el carro en la entrada y éste se encargara de estacionar el vehículo, ¿no? Lo vimos en Tokio en la tercera entrega de la película Rápido y furioso en 2006, y hoy, 10 años después, está en Bogotá como todo un modelo de innovación, funcionalidad y urbanismo.
Con una inversión de $14 mil millones y 11 meses de construcción, la firma A Korn Arquitectos levantó en la carrera 15 con calle 79 el primer parqueadero con tecnología robótica de Bogotá y el tercero de este tipo en el país.

Parkeo 79 ocupa 450 metros cuadrados, cuenta con un local comercial y una capacidad máxima para 45 vehículos. Más allá de estos datos que dejan en evidencia la optimización del espacio, su sistema 100 % robotizado se lleva todos los aplausos y se posiciona como una inspiración del sector.

“Teníamos la idea de construir un parqueadero en esta zona, pero por el tamaño del lote no se podía hacer uno tradicional. Las rampas y vías de circulación de vehículos ocupan mucho espacio y los elevacarros no son del total agrado de los clientes por tener que dejar las llaves. Decidimos indagar sobre sistemas 100 % robotizados, y bueno, aquí está el primer parqueadero de este estilo en Bogotá”, indicó el arquitecto Abraham Korn, gerente y fundador de la firma.

Según Korn, sistemas como el de Parkeo 79 representan para el usuario un ahorro significativo de dinero y tiempo al no tener que recorrer el estacionamiento a la caza de un espacio disponible. En un parqueadero robotizado de 45 puestos, el cliente sólo tiene que esperar entre uno y dos minutos antes de tener el vehículo a su disposición, y puede hacerle seguimiento al proceso a través de un monitor.

Además de la funcionalidad, la seguridad es una de las prioridades en este tipo de estacionamientos. Parkeo 79 es monitoreado permanentemente por 15 cámaras de seguridad y en caso de una falla eléctrica puede ser operado de modo manual a través de controles especiales de emergencia que garantizan la prestación del servicio.

“Para nosotros es un orgullo poder entregarles a los bogotanos una opción diferente de estacionamiento. Lo pudimos hacer con una capacidad para 60 vehículos, pero preferimos dejarlo en 45 para que los tiempos de espera sean lo más cortos posible. Lo mejor es que el cliente puede ver todo lo que ocurre con su carro a través de los monitores y desaparece el riesgo de que otro usuario pueda golpear el vehículo tratando de estacionarlo o al abrir una puerta”, añade el arquitecto.

Actualmente se adelantan estudios para la construcción de otros tres parqueaderos robotizados en Bogotá, sin embargo, el alza del dólar desaceleró el proceso por los costos de compra e importación de maquinaria desde Corea. A Korn Arquitectos adquirió los equipos de Parkeo 79 cuando el dólar estaba a $1.800, haciendo que la inversión fuera más rentable para un proyecto de un parqueadero público.

Al igual que un ascensor o una escalera eléctrica, el parqueadero robotizado de Bogotá requiere mantenimiento constante para evitar cualquier falla en la mecánica del sistema, y su expectativa de vida útil supera los 100 años.

Cumplir la visión de construir un estacionamiento robot en Bogotá no fue tan sencillo. Vacíos legales ponen trabas a las licencias de construcción, pues las normas, adecuadas para parqueaderos tradicionales, exigen medidas específicas en zonas de circulación, rotación y espacios para personas con discapacidad. El problema, o mejor, la solución, es que elementos de este tipo no son requeridos en un sistema donde las máquinas hacen todo el trabajo. El conductor sólo tiene que preocuparse por sentarse y disfrutar de la danza de robots.