Poder y confort en la nueva camioneta de Toyota

Con el lanzamiento de la SW4 Street SRV, sus pasajeros difícilmente se inmutan en los terrenos agrestes. Llega al país como parte de la celebración de los 50 años de presencia de la marca en Colombia.

Heredera de la tradición todoterreno de Toyota, la SW4 Street SRV cuenta con motor 2,6 litros de 16 válvulas. / Cortesía

Hay algo en las camionetas de Toyota que hacen sentir poderoso al piloto, capaz de enfrentar cualquier cosa que el camino le ponga al frente. Es como estar en un tanque, uno potente, pero igualmente cómodo. No es efecto de la tracción 4x4 (o 4x2), que tienen muchos vehículos capaces de lograr sensaciones similares, mas no la misma. Es más bien el resultado de combinar más de 60 años de tradición todoterreno con un diseño pensado específicamente para causar tales efectos.

Por eso, cuando Toyota se nos acercó para ofrecernos uno de sus vehículos más recientes, no dudamos en aceptar. Las opciones eran las nuevas versiones de la Prado y la SW4 Street SRV, traídas a finales del año pasado para conmemorar los 50 años de presencia de la marca japonesa en Colombia. Así las cosas, nos decantamos por la segunda, una decisión acertada, no sólo por el comportamiento, sino porque las versiones del mismo que pudimos encontrarnos en las vías fueron muy pocas comparadas con la cantidad que nos cruzamos de su hermana. A veces se siente bien salirse del lugar común.

Se trata de una mole de casi cinco metros de largo y 1,8 metros de ancho cuyo peso se acerca a los 2.000 kilos, dimensiones que, si bien son masivas, no afectan para nada la manejabilidad. Prueba de ello es que, a pesar de tener un ángulo de giro abierto, cuenta con una dirección hidráulica que, sin hacer sentir flojo el timón, permite una maniobrabilidad suave y cómoda al tomar las curvas y, sobre todo, en los giros en u.

En cuanto a motorización, hay que decir que mantiene el motor de la versión 2016: 2,6 litros y 163,6 caballos de potencia, controlado por caja automática secuencial de seis velocidades y levas en el volante para los pilotos que desean tener mayor control sobre las marchas. Además, el propulsor de la renovada Fortuner cuenta con dos modos de manejo aparte del normal, activados por botón atrás de la transmisión: el Power, que le da rienda suelta a la aceleración, para una conducción potente, perfecto para carretera, y el Eco, que si bien se siente un poco quedado en las primeras revoluciones, es recomendado para transitar en los trancones de la ciudad y darle buen rendimiento al combustible.

En cuanto a este último, debo admitir mi sorpresa. Si bien el motor tiene el rugido emocionante y propio de los diésel, se alimenta con gasolina y no consume tanto como esperaba. De hecho, tras pisar el acelerador por 310 kilómetros (de Bogotá al salto del Tequendama y de ahí al parque Chicaque, para luego regresar a la capital), el gasto fue poco menos de la mitad del tanque, que tiene capacidad para 21 galones.

Dicho trayecto, además, sirvió para probar el comportamiento off road, que sin ser 4x4 cumple con creces. De eso se encarga el bloqueo del diferencial posterior que ofrece un manejo más preciso en los terrenos difíciles y las suspensiones, independiente y de doble horquilla con resorte helicoidal adelante y de cuatro brazos con helicoidal en la trasera para mayor confort en cabina.

Eso, sin embargo, no es lo único que hace del interior uno de los puntos más destacables. Para empezar, su tamaño facilita que, a pesar de tener siete puestos (dos plegables en la bodega), haya espacio más que suficiente para las piernas en todas las plazas, a lo que se suman salidas de aire acondicionado. Silletería en cuero y apliques metálicos suman para lograr un ambiente lujoso.

El remate es el sistema de infoentretenimiento. Si bien se extraña la presencia de sistemas como Apple Car Play y Android Auto, la conectividad bluetooth, con cable auxiliar o USB, y el funcionamiento del sistema de sonido son excelentes. Además, el manejo intuitivo del audio, la información de consumo y las alertas desde el volante suman puntos. Otro de los grandes aciertos de los nipones, que traen la camioneta desde Argentina, es la incorporación del control de crucero, que solía ser de la versión a tope.

Se trata, además, de un vehículo hecho para probar la pericia del conductor, pues en materia de seguridad no incluye sistemas como la alerta de punto ciego o de cercanía y el asistente de parqueo. No obstante, cuenta con frenos ABS con EBD, tres airbags, cámara de reversa, cinturones para las plazas y alerta por si alguno de estos no está en uso en los asientos ocupados.

Con todo, el costo de la SW4 Street SRV es de $166’400.000, aunque hay una versión más baja de $143’700.000, justo si se compara su nivel de equipamiento y los precios de otros vehículos del mismo segmento. Teniendo en cuenta su estilo, más deportivo, su interior, más lujoso, y su enorme capacidad, me atrevería a decir que Toyota trajo al país un buen vehículo.

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