El auto que transportó al cohete más potente

Tesla, al futuro: “Saluden al mundo del motor en banda ancha”

La marca desarrolló uno de los más grandes homenajes del hombre a la industria automotriz, una obra maestra de mecánica e ingeniería que simboliza el deseo y el sueño de innovación de la humanidad.

Tesla Roadster, el veloz automóvil deportivo que hace 12 años representó el paso del hombre a una nueva era en materia de movilidad. / Cortesía Tesla

A las 3:45 de la tarde del pasado martes se escribía historia en el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida.

Del mismo sitio de donde despegó el Apolo 11 con el sueño de llevar al hombre a la Luna, en medio de un estremecedor ruido, cientos de espectadores y una nube de humo y llamas, se propulsaba hacia el cielo el Falcon Heavy: el cohete más potente del mundo.

Esta nave espacial de 70 metros de altura cuenta con 27 motores que generan una fuerza de empuje de 5 millones de libras, equivalente a la de 100.000 motores de la IndyCar. Además puede llevar hacia el espacio una carga de hasta 64 toneladas, lo que quiere decir que podría transportar aproximadamente ocho elefantes adultos.

Resulta poético que para este vuelo inaugural el único objeto que transportara el Falcon Heavy hacia el espacio —más precisamente, hacia la órbita de Marte— fuera un Tesla Roadster: el veloz automóvil deportivo que hace 12 años representó el paso del hombre a una nueva era en materia de movilidad.

Este carro que hoy se dirige a la órbita marciana debutó ante el público el 19 de julio de 2006, en Santa Mónica, California. Desde que se develó, el primogénito del fabricante estadounidense sorprendió con su alto nivel de innovación, pues presentaba una revolución del concepto que entonces se tenía sobre los vehículos eléctricos.

Al abandonar las líneas estéticas no muy populares típicas de esta clase de autos, el Roadster desmintió el paradigma que sentenciaba a los vehículos eléctricos a ser poco atractivos en materia de diseño.

El exterior del Roadster era idéntico al del modelo ícono de Lotus, el Elise, pues Tesla había establecido un acuerdo con el fabricante británico para que este le supliera 2.500 carrocerías para construir su auto. Si bien el exterior era un “préstamo”, otra era la historia del código genético de este deportivo. Aparte de su aspecto externo, el Elise y el Tesla sólo compartían un 6 % de sus componentes.

En febrero de 2008, un año y medio después de que se mostrara ante el público el vehículo deportivo, Elon Musk, el emblemático director de Tesla y de Space X, se convirtió en la primera persona en recibir un Roadster proveniente de la línea de producción de Menlo Park, California.

Esta primera edición del deportivo producía 248 caballos de potencia y tenía un torque de 273 lb/ft. Poco después, Tesla introdujo la variante Sport. Esta, si bien mantuvo el caballaje, aumentó el torque a 295 lb/ft y aceleraba de 0 a 100 km/h en 3,7 segundos, 2 décimas más rápido que el modelo base.

El sistema de baterías de este Tesla fue bautizado por la marca como el sistema de almacenamiento de energía. Este, que era el encargado de impulsar al motor eléctrico del auto, estaba compuesto por 6.831 células de ion de litio.

Refiriéndose a su experiencia de manejo en el Roadster, Jeremy Clarkson, presentador del importante show de autos The Grand Tour dijo en su momento: “¡Dios omnipotente! Despídanse del mundo del discado y saluden al mundo del motor en banda ancha. ¡Este automóvil es bíblicamente rápido!”.

Otro de los factores que hacían asombrosa a la primera edición del Roadster era su nivel de consumo. Era tan eficiente como muchos vehículos a gasolina y en una sola carga podía recorrer hasta 392 kilómetros.

Para 2012, los 2.500 autos que fueron fabricados ya habían sido vendidos. Sin embargo, la terminación del contrato con Lotus en diciembre de 2011 implicó que la producción de la primera generación del Roadster terminara.

El primogénito de Tesla dejó un imponente legado en el mundo motor. Su retirada marcó el fin de un capítulo para la compañía estadounidense y aunque entonces su director, Elon Musk, no descartaba el regreso del Roadster al portafolio de la marca, un pronto reintegro no se anticipaba.

Durante los años siguientes a la salida del deportivo, el fabricante estadounidense introdujo nuevos modelos a sus filas. En 2012 dio inicio a la producción de su berlina eléctrica de lujo, el Tesla Model S. En 2015 llegó el Model X y a comienzos del 2017 presentaron su modelo más asequible a la fecha, el Model 3.

En noviembre del pasado año, Elon Musk tomó por sorpresa a la industria automotriz al revelar el regreso del Tesla Roadster.

La segunda generación del auto diseñado por el estadounidense Franz von Holzhausen es fiel a su antecesor. La innovación compone su ADN y es un vehículo que, del mismo modo en que lo hizo el primer Roadster, desafía paradigmas.

Aunque de aspecto elegante, minimalista y deportivo por fuera, en su corazón este automóvil es emocionante, veloz e innovador desde cualquier óptica. Tendrá una extraordinaria autonomía de 1.000 kilómetros por carga —distancia similar a la que hay entre Bogotá y Cartagena— y alcanzará los 100 km/h en 1,9 segundos, lo cual lo convertiría en el carro de producción más veloz en el mundo, más que el más rápido Ferrari, McLaren, Porsche o Bugatti.

El Roadster demuestra que un automóvil veloz y deportivo no necesariamente ha de tener un exuberante diseño para ser emocionante. Justamente es la discreta sutileza de su exterior, que disfraza a su vívido e intimidante corazón, lo que hace del nuevo Roadster un fierro único en su especie.

Refiriéndose a su más reciente creación vehicular, Elon Musk dijo en su lanzamiento: “El objetivo de hacer este auto es dar un golpe contundente a los vehículos a gasolina. Dentro de poco, un deportivo de esos se sentirá como una máquina de vapor”.

Las primeras mil unidades del recién lanzado deportivo eléctrico convertible se venderán a un precio de US$250.000 —aproximadamente $695 millones— y se espera que ruede por las calles en 2020.

El Tesla Roadster no es un simple carro. Es quizás uno de los más grandes homenajes del hombre a la industria automotriz. A 39.000 kilómetros por hora, viaja en este momento hacia la órbita marciana un convertible escarlata: el primer Roadster producido. Entre tanto, a una incalculable velocidad, llega a la Tierra, de la mano de Tesla y Elon Musk, el futuro.