18 hoyos de inmersión

Los hoteles con un gran campo de golf y unos buenos palos convierten un viaje de negocios o placer en el juego perfecto.

Muchos ejecutivos que pasan la mitad de su vida viajando encuentran en el golf una terapia antiestrés, una salida de las eternas jornadas de las salas de convenciones, una fuga de las ruedas de negocio o una alternativa para sus vacaciones. Otros son simplemente fanáticos y optan por desplazarse para conocer las mejores canchas del mundo. Lo cierto es que con un itinerario muy preciso, se dan el lujo de que el golf haga parte de su agenda durante unas cuatro o cinco horas.

La oferta ya no sólo se reduce a clubes privados, exclusivos para unos pocos. El turismo en torno a los campos de golf genera rentabilidad para los hoteles porque a varios de ellos se los busca precisamente por esas zonas verdes que provocan emoción una vez se hace un swing. De hecho, hay quienes no pueden contemplar un viaje sin la posibilidad de un juego y cargan con sus palos en cada avión del que son pasajeros.

La tendencia se ha convertido en una fortaleza para Colombia pues, con más de 50 campos (concentrando el mayor número en Bogotá) y un clima de temperatura promedio durante todo el año, se ha convertido en uno de los destinos preferidos en Suramérica.

Pese a que en el país es más común que los campos de golf se encuentren en clubes, esto no se ha convertido en un impedimento para los viajeros extranjeros, quienes pueden encontrar atractivos paquetes turísticos que incluyen alianzas con aerolíneas y hoteles.

Aparte de Bogotá, que tiene los clubes más conocidos, como El Rincón de Cajicá y el Country Club, ciudades como Bucaramanga, Cali, Medellín y Cartagena otorgan la posibilidad de enfrentarse a los 18 hoyos.

En el Corralito de Piedra, a 15 minutos del aeropuerto internacional Rafael Núñez, se está desarrollando el proyecto arquitectónico Karibana Beach Golf Condominium, que tendrá un campo diseñado por la firma Nicklaus Design, con hoyos con vista al mar y a lagos artificiales.

En otros países del mundo, el asunto se maneja a mayor escala, especialmente en Estados Unidos, donde, por ejemplo, existen varios hoteles con campos propios. Uno de ellos, el Rosen Shingle Creek, está ubicado en Orlando y, como una de las nuevas apuestas de la ciudad, se impone con gran magnitud porque su infraestructura fue concebida para los aficionados a este deporte: cursos para los novatos, torneos, una tienda con productos exclusivos en un ambiente rodeado de árboles nativos.

La cadena Barceló Hotels & Resorts, con presencia en países como República Dominicana, España, Costa Rica, Cuba, México, Nicaragua y Estados Unidos, contempla a su huésped amante del golf y le brinda hoteles con campo propio o cercano para que no se preocupen por nada.

Sin duda Escocia, con más de 500 campos, es otro de los destinos preferidos para conocer esas zonas verdes donde conquistar el hoyo es el principal objetivo. Entre la multiplicidad de opciones se encuentra The Gleneagles Hotel, uno de los más famosos por concentrar tres de los mejores campeonatos y ser un resort ideal con retos tanto para un principiante como para un profesional.

Nombres como Islantilla Golf Resort, Abama Golf & Spa, La Reserva Rotana, Hotel Tango Mar, The Villas of Grand Cypress e Iberostar Cancún deberán ser parte de su lista si quiere experimentar el placer de viajar por un juego, por una cancha.

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