Al ritmo de samba

En cuatro kilómetros de playa, Copacabana acogerá cerca de dos millones de turistas que llegan para recibir el año nuevo en medio de luces, baile, fiesta y tradición.

La fiesta del 31 de diciembre es el segundo evento que más turistas atrae a Río de Janeiro después del Carnaval. / 123rf

La noche del 31 de diciembre en Copacabana es una de las más espectaculares del planeta. La alegría de su gente, las paradisiacas playas, las luces de la Avenida Atlántica, el ambiente al ritmo de samba y los fuegos artificiales con los que tradicionalmente Río de Janeiro despide el año, hacen en este lugar una explosión de alegría difícil de olvidar.

Anualmente, cerca de dos millones de personas entre residentes y turistas se reunen en los cuatro kilómetros de playa para recibir el año nuevo. Lo hacen en medio del espectáculo y la tradición. Vestidos de blanco para atraer la paz y con una copa de champaña en la mano esperan las 12 de la noche para disfrutar, con familiares y amigos, de un cielo lleno de luces, sonidos y colores.

Los más atrevidos se dan un baño durante la noche, saltan siete olas y ofrecen flores blancas a la diosa del mar para asegurar el éxito del año que empieza. En esta ocasión la fiesta Reveillon, como popularmente la llaman, sorprenderá a sus visitantes con el slogan ‘Río 450’, que se verá durante los 20 minutos del show de pólvora, para recordar que en 2015 la ciudad brasileña conmemora 450 años de su fundación.

Este es el segundo evento que más turistas atrae a Río de Janeiro después del Carnaval, por eso los hoteles que bordean las playas se preparan con menús especiales y disponen sus salones y terrazas para quienes prefieren disfrutar de la fiesta desde el balcón. Los museos, restaurantes y clubes también organizan sus programas para pasar las últimas horas del año.

Aunque la medianoche es el momento más esperado, desde muy temprano en las playas de Copacabana se empiezan a instalar carpas y equipos de sonido, ya en la tarde los diferentes artistas y grupos musicales inician sus conciertos para calentar motores. A lo largo del recorrido hay puntos de venta de comida y bebidas para quienes prefieren no llevar nada en las manos.

Vestirse de blanco es quizás el único requisito para disfrutar de esta experiencia inolvidable, en la que se baila hasta el amanecer al ritmo de samba y música electrónica junto a una marea de personas que disfrutan de esta tradición que inició en los años 80. Quienes buscan algo más privado pueden reservar un paseo en yate para ver de cerca las luces artificiales.