Así nació la tradición de encender luces en Navidad

En las principales ciudades del país se encendieron los alumbrados para darles la bienvenida a las fiestas navideñas y deslumbrar a locales y visitantes. Una tradición que nació en los pueblos escandinavos y se consolidó como una costumbre y atractivo mundial.

Las luces del Parque de Usaquén, en Bogotá, se encendieron el lunes. / Mauricio Alvarado

Calles, parques, plazas, puertas, vitrinas y ventanas alrededor del mundo se visten de luz para recibir una de las épocas más queridas del año: la Navidad. Aunque en algunas ciudades se encienden tan pronto acaba octubre, en otras sólo a finales de noviembre, todas, casi sin excepción, las prenden. ¿Por qué?

Hace algunos años, en uno de sus episodios, Los Simpson trataron de explicar las fiestas navideñas, incluyendo la costumbre de decorar con luces. Marge y Homero eran María y José y Bart el Niño Jesús. Tras una serie de eventos desafortunados y una persecución por parte de los oficiales del rey Herodes, se ven envueltos en una avalancha que termina con los soldados atorados en un árbol que iluminan con sus antorchas.

Las locuras de Los Simpson, sin embargo, tienen algo de cierto. Si bien el origen de los alumbrados navideños no tiene que ver con el nacimiento de Cristo o una avalancha, los primeros árboles de Navidad se decoraban con velas. Esta costumbre, al parecer, nació de las creencias germánicas y escandinavas, antes de ser adoptada por el cristianismo.

De acuerdo con el artículo El legendario origen del árbol de Navidad, de Isabel Martínez Pita, los habitantes de estas regiones europeas celebraban cada 26 de diciembre el nacimiento de Frey, dios del sol y la fertilidad, adornando un árbol que a su vez representaba a Yggdrasil, una metáfora del universo según la mitología nórdica.

Con la llegada de San Bonifacio a Europa, en el siglo VIII, esta práctica cambió, pues la misión de este evangelizador cristiano era, entre otras cosas, eliminar o reemplazar todos los símbolos paganos, incluyendo el árbol. El santo, que hoy es conocido como el padre del árbol de Navidad, sustituyó la planta de los nórdicos por un pino, “símbolo del amor perenne de Dios”, según Martínez, vistiéndolo además con manzanas que representan las tentaciones, y velas como símbolo de la luz de Cristo.

La costumbre de las velas, relata la experta, se mantendría por siglos en lo que hoy se conoce como Alemania, pero más por combatir el frío y calentar los hogares en esa época de invierno. También llegaría a países como Inglaterra, en donde se tienen registros de árboles adornados con luces en el castillo de Windsor desde que la reina Victoria accedió al trono.

Y la tradición no tardó en migrar hacia Estados Unidos, donde Thomas Edison estaba a punto de crear la primera bombilla eléctrica. Este invento, que se produjo en 1880, le daría un aire nuevo a la Navidad dos años más tarde, cuando Edward H. Johnson, socio de Edison, usó 80 focos luminosos de diferentes colores para adornar el árbol de su casa.

Aunque se registró en varios diarios, la acción de Johnson no fue bien recibida en un principio, por parecer una estrategia publicitaria. Sin embargo, este inventor sigue siendo considerado el padre de las luces navideñas eléctricas, un adorno que en 1895 llegó a la Casa Blanca y en 1931 visitó al tradicional árbol del Rockefeller Center de Nueva York, para pasar luego a ser un elemento decorativo imprescindible en casas, calles y vitrinas.

El resto es historia. Lo que comenzó como una moda durante los años 30 en Norteamérica, llegó a Suramérica en los 50 para convertirse en parte fundamental de las tradiciones colombianas navideñas a finales de los 60 en varias ciudades del país. El caso más representativo es Medellín, que en 1967 se llenó de luz por cuenta de la apuesta de EPM, que cada año engalana la ciudad con un despliegue de creatividad único que le ha merecid o el reconocimiento del mundo.

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