Barranquilla siempre joven

Además de la Batalla de las Flores, el Festival de Orquestas y los desfiles de comparsas, el Carnaval de La Arenosa sorprende con manifestaciones que cada año se renuevan para atraer a la juventud.

El Carnaval de Barranquilla, que comenzará el 14 de febrero, tiene más de 800 agrupaciones de danzas y comparsas. / Fundación Carnaval de Barranquilla

En Barranquilla me quedo” cantaba Joe Arroyo hace más de 20 años. Una frase que hoy sigue vigente, sobre todo por estas fechas, cuando la Puerta de Oro de Colombia está a menos de 15 días de protagonizar una de las fiestas más importantes del país: el Carnaval.

La celebración de los curramberos tiene la capacidad única de fusionar las dinámicas modernas con las tradiciones características de la ciudad, cautivando a locales y extranjeros por igual. Por eso ese título de la Unesco que reconoce al Carnaval de Barranquilla como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad no es gratis. Los barranquilleros saben muy bien cómo hacer que los más jóvenes se enamoren de las tradiciones desde espacios tan variables como el arte, la academia y el diseño. Eso sí, permitiendo que puedan inyectarle su toque a partir de las tendencias de moda.

Mónica Lindo, directora de la Corporación Cultura Barranquilla, recuerda que hace apenas unos años la mayoría de expresiones culturales por las que el Carnaval fue declarado Patrimonio y que hoy no pueden faltar, como los coyongos, el paloteo, la Danza del Congo, las farotas y los diablos, estaban a punto de extinguirse. Sin embargo, pudieron salvarse gracias a procesos en las escuelas, “donde los docentes llegan de manera directa a los estudiantes induciéndoles el conocimiento de la cultura del Carnaval”.

Al respecto, Afif Simán, secretario de Cultura de la capital del Atlántico, advierte que actualmente se destinan $1.100 millones con el objetivo de salvaguardar “la fiesta más importante del país”. Gran parte de este dinero se invierte en la transmisión de saberes y oficios relacionados con la celebración a través de 70 casas de la cultura y de la Escuela Distrital de Arte y Tradiciones Populares, que tiene programas de teatro, danza y música, y que a partir de junio abrirá una nueva carrera técnica sobre el Carnaval.

Mantener las tradiciones no es la única prioridad. Lindo dice que el Carnaval es un fenómeno vivo y que, como tal, se oxigena dando cabida a expresiones modernas que llaman la atención de los jóvenes y que a la larga terminan ganándose un lugar junto a otras más tradicionales. Es el caso de las marimondas, que no existen en otro lugar del mundo y que comenzaron siendo un disfraz que se convirtió en comparsa con pasos de baile propios y ahora es tan importante como el cipote garabato, la cumbia arenosa y el paloteo de Barranquilla, danzas que se han transmitido de generación en generación y hoy son disfrutadas por visitantes de todo el planeta.

Y es que formas de vivir el Carnaval y salvaguardar su legado hay mil. Así lo demuestran Johnny Insignares y Fernando Vengoechea, dos jóvenes diseñadores que pasaron de gozarse esta celebración como espectadores a ser parte de ella. Su proyecto, el colectivo #Todomono, produce camisetas que buscan resaltar los íconos y el lenguaje barranquilleros a través de diseños modernos materializados por artesanos de la ciudad.

Para este año, el colectivo liderará una de las comparsas más tradicionales de la fiesta, “Disfrázate como quieras”, y aunque es una labor importante, ambos coinciden que es mucho más significativo apropiarse de los pequeños tesoros que el Carnaval entrega año tras año para compartirlos con todo el mundo. La mejor forma de hacerlo es asistiendo a los eventos que prepara la ciudad, entre los que sobresalen la tradicional Batalla de las Flores, el Festival de Orquestas, la Gran Parada de Comparsas y la Berbetrónika, que presenta una nómina de artistas alternativos para el disfrute de los más jóvenes.

Al final, el Carnaval es la máxima expresión de creatividad de Barranquilla y permea toda la sociedad. En parte se mantiene fiel a la forma en que nació, combinando y celebrando en un solo lugar las costumbres de todos los habitantes y consolidándose como una fiesta donde las tradiciones se van actualizando gracias a las mismas comunidades y se acomodan al lenguaje de las nuevas generaciones, invitando al desborde de emociones, imaginación e innovación.