Brujas: un paseo por el medioevo

Conocida como la Venecia del Norte por la gran cantidad de canales que la atraviesan, es una de las urbes más bellas y mejor conservadas de Europa.

Históricamente, los canales han sido parte fundamental de la economía y el urbanismo de Brujas, en Bélgica. / 123rf
Históricamente, los canales han sido parte fundamental de la economía y el urbanismo de Brujas, en Bélgica. / 123rf

Un viaje al pasado. Eso es Brujas. Un paseo en barca por sus numerosos canales es el punto de partida para explorar una de las ciudades mejor conservadas de Europa y uno de los tesoros de Bélgica.

La mayor parte de su trazado es del siglo XIII y hasta el día de hoy permanece casi intacta, a pesar de haber sufrido los estragos de las dos guerras mundiales.

Los canales que la atraviesan tienen una particular importancia desde la antigüedad. En la Edad Media tuvieron que ser adaptados y ampliados para permitir que grandes buques comerciales llegarán y abastecieran la ciudad.

Hoy en día son utilizados por pequeñas embarcaciones turísticas desde donde se observa uno de los rincones más bellos de la ciudad: el Groenerei, o la Orilla Verde, lugar de inspiración de muchos artistas flamencos al momento de pintar sus obras.

La peculiar zona se encuentra junto al Palacio del Franc, donde cruzan los puentes Johanele y del Caballo. Su encanto se debe a que es uno de los rincones más tranquilos y apacibles de la ciudad y allí se puede apreciar la Casa del Pelícano y la pequeña Plaza de los Curtidores.

Además de los canales, Brujas creció alrededor de sus plazas. En el centro histórico se encuentran dos de las más importantes: la Burg y la Markt. La primera se destaca por las típicas casas con tejado piramidal, las fachadas coloridas en tonos rojos que contrastan con los edificios (muchos de ellos en tonos grisáceos) y el tono dorado de sus ornamentos e imponentes esculturas.

La segunda es la plaza principal y el corazón de la ciudad por ser el sitio de mercado desde el siglo X. La circundan edificios con gran valor arquitectónico, como el Palacio de la Provincia, una obra de estilo neogótico construida entre 1887 y 1921, donde anteriormente se comercializaban paños.

Ubicada en la parte sur de la plaza está la torre del Campanario Belfort, símbolo de la autonomía de Brujas. Se trata de una estructura con 84 metros de altura, 366 escalones y 47 campanas, lo que la hace visible desde cualquier punto de la ciudad.

Después de recorrer el centro histórico de la ciudad y comprar alguna artesanía en una de las plazas principales, conviene alejarse un poco del bullicio y adentrase en una de las zonas más tranquilas de la ciudad.

El parque Minnewater es un bello lugar lleno de paz, con un romántico lago poblado por patos y cisnes, apodado el “Lago del Amor”. En el pasado fue un animado puerto comercial que comunicaba la red de canales con el mar y ahora es uno de los sitios preferidos por los turistas que desean navegar o visitar la torre Polvorín que se encuentra a orillas del agua.

A la hora de cenar, los restaurantes en Brujas tienen fama por ofrecer comida flamenca y francesa de la mejor calidad. Los mariscos son muy buenos, ya que la costa está cerca, mientras que los platos preparados a base de cerveza belga tienen mucha acogida.

Las compras también son un plan imperdible, sobre todo si decide dar un paseo por el centro y recorrer los cientos de almacenes que ofrecen cerveza, chocolates y encajes. Estos últimos ostentan una fama mundial desde la época medieval, cuando las monjas en los conventos los trabajaban a una sola aguja.

Recorrer la ciudad de Brujas a través de sus canales o dar un romántico paseo en bicicleta por sus calles medievales es una experiencia inolvidable que hace pensar en regresar a este pequeño paraíso.