Cabos mexicanos, entre el amor y el odio

Las aguas mansas del mar de Cortés y las olas salvajes del Pacífico inundan de contrastes a este municipio donde el desierto se une con el mar.

El arco, donde los dos mares se unen, es el símbolo de Los Cabos, ubicados en el estado de Baja California. / 123 rf
El arco, donde los dos mares se unen, es el símbolo de Los Cabos, ubicados en el estado de Baja California. / 123 rf

En el extremo sur de la península de Baja California, casi escondido y desconocido por gran parte del mundo, se encuentra un paraíso de contrastes. El cielo azulado y el desierto rojizo, la adrenalina y el descanso impregnan a Los Cabos, donde se unen las tierras áridas y las aguas cristalinas. Pero la dualidad quizá más importante es la representada por las personalidades de sus mares. La Playa del Amor, ubicada en el mar de Cortés, llamada así por la tranquilidad de sus olas, y en el lado opuesto, la Playa del Odio, con su oleaje que arrasa y golpea con furia.

Un arco inmenso e incrustado entre los dos mares es el punto de encuentro de estas aguas disímiles que parecen reconciliarse en la profundidad de la formación rocosa, donde una cascada de arena es observada por los buzos que se sumergen para ser testigos de la mediación entre los opuestos.

Desde las embarcaciones, diminutas e indefensas ante el imponente arco, se observa cómo el desierto se une con el mar, una imagen posible gracias a la ubicación geográfica de un destino privilegiado como pocos en el mundo. Un majestuoso paisaje que versatiliza la oferta de actividades turistas que van desde deportes acuáticos y safaris en el desierto, hasta bodas en altamar.

En una playa cercana al símbolo insignia de Los Cabos, los visitantes bajan de los yates con sus caretas y aletas para apreciar la variedad de peces y corales. Luego, sobre kayaks recorren los alrededores, y sobre una tabla disfrutan de la refrescante brisa y la intensidad de los colores, una práctica que pone a prueba el equilibrio de los turistas.

La tierra del cactus y de las flores también está llena de lobos marinos y ballenas. Durante el mes de mayo y hasta abril diferentes especies se toman los mares. Jorobada, azul, piloto y gris habitan allí por esos días con peculiaridades existentes en pocos lugares. Las grises se han acostumbrado tanto a la presencia de los humanos que, una vez ven la embarcación, se acercan y sacan sus cabezas para ser apapachadas.

De vuelta, llegando a la marina, se observa con frecuencia a los lobos marinos. Pacho, el más popular, por su gran apetito, se postra cerca de los barcos para recibir bocados de manos de los navegantes.

Los delfines se roban la atención en el delfinario. A diario, cientos de personas llegan a este lugar para sumergirse sobre el lomo del animal más inteligente del mundo después del hombre.

Luego de toda esta experiencia acuática, el desierto abre paso a las aventuras. Una de ellas es el safari en camello, en el que se aprecia la variedad de fauna y vegetación desértica. En caravana, los gigantes animales recorren la arena dejando en la memoria escenarios inolvidables. Y para aquellos que prefieran más velocidad, las bicicletas todoterreno son una buena opción. Con cascos, guantes y botellas de agua, los ciclistas inician la travesía.

Los Cabos, compuesto por algo más de diez poblaciones, es uno de los lugares más costosos para vivir en México. La exclusividad del destino ha sido escogida por muchas celebridades como Jennifer Aniston, George Clooney y Kiss, quienes abrieron recientemente un restaurante en Cabo San Lucas, que junto a San José del Cabo se ha convertido en la principal elección de los estadounidenses. A pesar de la cercanía con Estados Unidos, este municipio mantienen su espíritu mexicano. Sus moles y ceviches, las plazas representativas en el centro de las ciudades, y los mariachis ahora seducirán a los colombianos.

 

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@pilar4as

 

* Invitación del Fideicomiso de Turismo de Los Cabos (Fiturca).

 

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