Chicago: Una ciudad en el jardín

Desde su colonización a fines del siglo XVIII Chicago ha estado entre la naturaleza y la innovación. Es una ciudad de movimiento y gran diversidad cultural, que complementa su agitado ambiente cosmopolita con la tranquilidad del enorme lago Michigan.

En Chicago el viento sopla fuerte, tan fuerte que parece estar diciéndonos algo. Puede ser el continuo soplar de una trompeta o un trombón, tal vez de un saxofón dorado que entona una melodía de jazz en alguno de los barriecitos de la ciudad. El viento es el viajero que se mueve por encima del lago Míchigan y golpea contra los enormes y maravillosos edificios, como diciendo: “no te olvides dónde existes”.

Chicago es como el viento que la golpea diariamente. Es una ciudad de flujos y movimientos, de sonidos fuertes que a la vez dan una sensación de tranquilidad. Puede ser grande como Nueva York, tener también enormes edificios y muchísimos habitantes, pero no produce un sentimiento similar. Chicago habita la línea entre el caos cosmopolita y la tranquilidad de una ciudad costera. Porque aunque no queda al lado del mar, sí la bordea un gigantesco lago y la atraviesa un río. Es costa e interior, lago y río, tecnología y naturaleza, tradición y renovación.

Otra de las características más impresionantes de Chicago, además del constante ventarrón, es el contraste entre los pequeños barrios de casas antiguas y las manzanas repletas de edificios modernos. Por eso, desde el primer viaje en metro, que recorre la distancia entre el aeropuerto y el centro, se experimentan todos las microciudades que conviven dentro de la tercera urbe más poblada de Estados Unidos. El tren, que pasa de ser subterráneo a áreo y de vuelta, desfila sin pena por encima o por el lado de edificios de tonos cafés, que sin duda recuerdan al Chicago de las películas de gángsteres y de las antiguas “big bands” de jazz. El ambiente es invadido por tonos cafés y de repente, a la derecha, aparece el gran Wrigley Stadium, hogar de los Cubs, uno de los equipos de béisbol más emblemáticos de Estados Unidos.

Y sí, Chicago sigue siendo béisbol, música, cultura y un toque de lo antiguo. Lo que la hace realmente increíble es lo bien que interactúan sus viejas características con las nuevas. Al llegar al centro la ciudad cambia de tonalidades. Hacia arriba se pueden ver los plateados edificios modernos.

Uno de los más significativos es la Torre Willis, antes conocida como la Torre Sears. Con sus 442 metros es el edificio más grande de Estados Unidos y por 20 años fue el más alto del mundo. Subir es toda una experiencia, ya que desde el edificio, situado en el distrito financiero o “el loop”, se puede admirar la belleza del lago Míchigan y de la imponente ciudad. Otro lugar de altura es el John Hancock Center. Un enorme rascacielos que, en su tiempo, también fue el más alto de ese país. En el piso 95 se sitúa el tradicional restaurante “Signature Room on the 95th Floor”, donde se puede comer desde un brunch tempranero hasta una cena romántica.

Aunque sus rascacielos han hecho historia, albergan restaurantes, oficinas, tiendas e inclusive a celebridades de la talla de Oprah Winfrey, Chicago no es sólo vista. Es una ciudad para disfrutar a pie, tal como su hermana Nueva York. Las calles y andenes son amplios y limpios, y están llenos de árboles y parques. Su espacio público recuerda al de otras imponentes ciudades como Barcelona. Uno de sus parques más importantes es el Millenium Park, ganador del premio Rudy Bruner en 2009 por excelencia urbanística. Es, al igual que Chicago, una mezcla entre naturaleza y modernidad. Aunque no tiene el tamaño monumental del Central Park, este lugar cuenta con un encanto diferente. Casi todo su espacio es ocupado por un teatro al aire libre que parece más una obra de arte moderno: desde el piso se desprenden tubos metálicos que forman una especie de nido encima de los asistentes. Un dato curioso: la ciudad de Chicago lo considera legalmente una obra de arte, ya que no se podía construir un edificio en este lugar. Además del impactante teatro, el parque cuenta con el encantador jardín Lurie, cuyo lema es precisamente el mismo que el de la ciudad: “Urbs in horto” o ciudad en un jardín.

El “Loop” de Chicago, es también un importante punto turístico. Ahí, al lado del lago Michigan se encuentra el Parque Grant. Éste le da un aire muy natural a la zona y es perfecto para una caminata. Además de los típicos elementos de un parque, tiene en su lote el Millenium Park, el Instituto de Arte de Chicago, la enorme Fuente Buckingham, el Museo Field y el Acuario John G. Shedd. Éste último lugar es recomendado, ya que sus espectáculos de delfines y belugas tienen de fondo la vista del lago Míchigan. Definitivamente la zona del loop es imperdible en cualquier visita a Chicago, especialmente para aquellos que vayan con poco tiempo y quieran hacer un recorrido ameno en un área relativamente pequeña.

El “downtown” o centro de Chicago no es todo lo que la ciudad tiene para ofrecer. En metro se puede llegar a las pequeñas joyas que tiene la ciudad: barrios pequeños y de gran diversidad cultural. Tomando la rama O’Hara de la línea azul del metro se puede llegar fácilmente a la estación de Wicker Park, un barrio que ejemplifica la gran cantidad de emigrantes que llegaron a Estados Unidos y específicamente a Chicago. Está conformado por colonias italianas, griegas, checas y ucranianas. En la actualidad, Wicker Park es un lugar lleno de pequeñas tiendas y cafés, perfecto para las personas que no se dejan llevar por la facilidad del centro comercial y prefieren conocer la ciudad por sus calles. Tiene una escena artística de suprema importancia, la cual cuenta con galerías, museos, bares y teatros, además de librerías y tiendas de ropa. Su variedad étnica se ve reflejada en una variedad gastronómica impresionante, tiene restaurantes de comidas originales de todos los continentes.

Otro gran barrio es Pilsen, zona habitada por extranjeros a través de la historia, que ahora cuenta con una comunidad principalmente mexicana. Pilsen es otro ejemplo de que las grandes ciudades se construyen de sus emigrantes. Como todo Chicago, este barrio está repleto de arte. Además del Museo Nacional de Arte Mexicano y de galerías como el Pilsen Open Studio, sus calles son adornadas por gigantes murales del reconocido artista Jef Zimmerman. Es definitivamente un lugar perfecto para disfrutar de unos buenos tacos y una experiencia distinta.

Una de las áreas más refinadas es Lincoln Square. Es el paraíso de los “foodies” o amantes de la cocina. Chicago, que es conocido por sus blogueros y críticos de comida, les cumple a sus exigentes comensales con diversidad y calidad. Para los que tienen un presupuesto ilimitado está Alinea situado en el corazón de Lincoln Square, considerado por algunos críticos como uno de los mejores restaurantes de Estados Unidos. También está Charlies Trotter con 20 años de experiencia y un menú de lujo. Hay muchos más restaurantes para quienes buscan buena cocina: Mon Ami Gabi, Riccardo Trattoria y Café Bernard, son algunos. Lincoln tiene otros encantos, desde el famoso Lincoln Park Zoo, hasta el observatorio, escuelas de música y algunas de las mejores playas de Chicago, por supuesto, todas sobre el lago.

Chicago es ejemplo de cómo una urbe moderna Juega entre su pasado y su futuro sin escoger necesariamente uno de los dos. Es imposible de descubrir en su totalidad, ya que vive en constante cambio. Lo cierto es que al llegar a sus tierras y al sentir sus ventarrones, se puede percibir una calma poco típica de la ciudad moderna.

Planes:

Esta ciudad cosmopolita proporciona planes para todas las edades y gustos. Tanto para quienes la visitan por largo tiempo como para los que se quedan por pocos días.

Familiares: El Shedd Aquarium y el Lincoln Park Zoo son dos lugares que pueden disfrutarse a cualquier edad. Ideal para ir en grupo.

Románticos: Una cena en el restaurante “Signature Room on the 95th Floor”, en el John Hancock Center. Proporciona la perfecta vista de las luces de la ciudad.

Culinarios: El Chicago Downtown Farmstand es uno de los mercados campesinos más grandes de Estados Unidos. Ideal para quienes disfrutan de ingredientes y sabores exóticos.

Culturales: Para quienes disfruten del arte moderno recomendamos el Ala moderna del Instituto de Arte de Chicago. La estructura fue diseñada por el arquitecto Renzo Piano y tiene importantes obras del siglo XX.

Balones y diamantes

El béisbol en Chicago es una cuestión de sur y norte.La ciudad tiene dos grandes equipos. Al norte los Chicago Cubs, quienes juegan en el Estadio Wrigley, y al sur los White Sox, quienes tienen como hogar el U.S. Cellular Field, antes conocido como Comiskey Park. En Chicago el béisbol se toma muy en serio. A pesar de no tener tantas victorias como los Yankees de Nueva York, éstos dos son equipos de trayectoria que despiertan grandes amores y odios. Un partido en cualquiera de los dos estadios puede ser un excelente plan para un amante del deporte o inclusive para toda una familia.

La ciudad de la síncopa

El jazz de Chicago siempre ha dado de que hablar. Su época dorada fue entre 1920 y 1930 cuando muchos músicos negros de Nueva Orleans tuvieron que dejar el histórico Storyville (barrio jazzero por excelencia) y se mudaron a la ciudad de los vientos. Desde entonces se ha desarrollado ahí un jazz y un blues muy especiales, que cuentan, entre otras cosas, con la fuerte presencia del saxofón. Todavía existen muchos lugares donde disfrutar de estas deliciosas melodías. Uno de los más antiguos, el Jazz Showcase (806 S. Plymouth Ct.), fue fundado en 1947 y sigue presentando música en vivo todos los días. Otro, el nuevo Checkerboard Lounge for Blues ‘n’ Jazz (5201 S. Harper Court) sigue la tradición del antiguo local, en donde tocaron personajes de la talla de Keith Richards y Prince. Por último está el histórico Green Mill Cocktail Lounge (4802 N. Broadway St.), que aún conserva la atmosfera de la época de la prohibición del whiskey (de mafiosos como Al Capone), tiene jazz en vivo todos los días y lecturas de poesía slam los sábados.