Ciudad de los deseos

Sede del partido entre España y Holanda, que se juega el viernes, esta urbe conjuga la arquitectura colonial y las tradiciones culturales, con rascacielos y vientos de progreso.

Salvador de Bahía fue la primera capital de Brasil. / 123rf

Una historia de fe se resguarda entre los muros y las calles empedradas de la primera capital de Brasil: Salvador de Bahía. Hasta 1763 esta ciudad fue la sede de la administración colonial y se dio a conocer por la belleza de sus iglesias, conventos, mansiones y palacios al estilo barroco que sirvieron para atraer creyentes y expandir la religión católica.

Hoy la metrópoli con el mayor número de construcciones de la época de la Colonia en América Latina convive con una nueva era de progreso que se refleja en docenas de edificaciones. Entre ellas se destaca el estadio de fútbol Arena Fonte Nova, cuya estructura fue convertida en un recinto que se caracteriza por su techo metálico ligero y por el museo del fútbol. El próximo viernes, 13 de junio, este escenario será sede del tercer partido de la Copa del Mundo y de uno de los más apasionantes de la primera ronda: España versus Holanda, los mismos equipos que hace cuatro años disputaron la final del campeonato.

Además de ser una ciudad entregada al balompié, Salvador de Bahía también es un lugar de fe y de creencias arraigas. Por esta razón es común ver amarradas en las muñecas de los residentes y visitantes, así como en las fachadas de las casas o en las rejillas de las iglesias, pulseras de colores que están cargadas de deseos. Según la leyenda del ritual de las cintas, que se realiza en la iglesia del Señor de Bonfim, cada tira de tela debe ser amarrada con tres nudos que representan tres deseos. Cuando se rompa o se caiga por el desgaste natural, estos anhelos se cumplirán.

La imagen del Señor de Bonfim, traída en barco desde Portugal el 18 de abril de 1745, inunda los rincones del pueblo bahiano, especialmente los del centro histórico, en donde la decoración neoclásica permanece intacta en construcciones del siglo XVI como el Hotel Convento do Carmo, el más antiguo del país.

La ciudad es un paraje obligado, debido a la diversidad cultural palpitante. Sus tradiciones amerindias, africanas y europeas se reflejan en sus prácticas culturales y gastronómicas, así como en su amplia producción artesanal. Los contrastes de Salvador de Bahía invitan a repasar el pasado y a vislumbrar un futuro promisorio.

Planes imperdibles

  • Visitar el Faro da Barra, fundado en el siglo XVI, que servía de guía a los barcos que navegaban por la Bahía de Todos los Santos.
  • Caminar por Pelourinho, la zona más antigua de la ciudad. Cada noche se ofrecen conciertos en vivo principalmente en la Praça Quincas Berro D'Agua y el Largo Pedro Archanjo.
  • Bailar en Pimentinha, un bar ubicado en Boca do Rio, construido con materiales reciclados y decorado con accesorios bohemios.
  • Conocer Sankofa, un bar artesanal que le rinde homenaje a la cultura afro-bahiana en una colorida casona colonial sobra la Rua Frei Vicente.