Colombia, la tierra prometida del ecoturismo

Paraísos llenos de recursos naturales que deben tratarse con responsabilidad, el desafío de ser sostenible. Recomendaciones de un argentino sobre las maravillas ocultas de nuestro país.

Parque Natural Nacional Los NevadosFlickr

Desde noviembre de 2017 está viajando por Colombia, especialmente en el departamento de Caldas, el experto argentino en ecoturismo Claudio Fermín Otano, quien es guía de montaña en Argentina, especializado en trekking de cordillera y miembro vitalicio de la Asociación Argentina de Guías de Montaña, quien se desempeña en la actualidad como coordinador de turismo activo/aventura en el Ministerio de Turismo de la Provincia de Río Negro, en Bariloche, Patagonia Argentina.

Fue invitado por Guido Echeverri Piedrahíta, gobernador de Caldas, a participar en una pasantía ad honorem en la unidad de turismo de la Gobernación, y ha visitado algunos de los lugares más atractivos de la región, rescatando y ofreciendo algunos consejos sobre el ecoturismo responsable.

Según los últimos reportes de la Organización Internacional para la Industria del Turismo de Aventura (Adventure Travel Trade Association), el volumen de gente que deciden volcarse a este tipo de turismo está experimentando un crecimiento explosivo que se hace difícil de mensurar.

Luego de décadas de miedo y estigmas, nuevos territorios de Colombia se abren al mundo. Claudio Fermín Otano le contó su experiencia a El Espectador.

“Me siento un privilegiado por ser testigo, y además participar en este breve tiempo, en una parte de un proceso con el que Colombia está reinsertándose en el mercado turístico internacional.

Hay muchas cosas que me llaman la atención y me generan admiración, entre ellas la articulación que existe entre el sector privado para integrar los programas de trabajo junto con las comunidades rurales.

Por ejemplo, me tocó vivenciar en las veredas del oriente del departamento, donde se está trabajando en productos de ecoturismo con un alto contenido de experiencias y actividades en ambientes naturales y en donde los habitantes son capacitados para convertirse en prestadores de sus propios recursos turísticos.

En ese mismo sentido, recorrí un tramo del río Samaná, hasta el inicio de un sendero que conecta con el río Manso, y transité en una selva de esas que se ven en las películas, con una fantástica cantidad de atractivos, desde su gran menú de especies tanto de flora como de fauna, hasta la conexión con las ruinas de una vieja ‘cocina de droga’, testimonio histórico de la memoria de un pasado violento que se deja atrás y que constituye un valor testimonial que mezcla naturaleza con memoria histórica, algo muy buscado en la demanda de los amantes del trekking de aventura.

También pude observar, más hacia el sur del departamento, un producto desarrollado por la Corporación para el Desarrollo de Caldas (CDC), en alianzas privadas, denominado la Ruta del Cóndor, que, de manera muy amigable, construye una historia entre veredas de diferentes pisos térmicos, en donde, de nuevo, los pobladores son los protagonistas receptivos del turista.

Ellos brindan sus costumbres cafeteras, sus conocimientos gastronómicos, su historia, sus diferentes producciones de campo, sus recursos naturales, su potencial en el ámbito del aviturismo, y el afecto y cariño propio del colombiano, el cual considero un valor agregado fundamental que sensibiliza y genera apego.

También, en las veredas altas existen subproductos que ofrecen conocimientos en permacultura o del denominado turismo de bienestar, con sitios caracterizados por la meditación y la conexión espiritual.

Desde mi especialidad en actividades de ecoturismo y turismo de aventura, y el venir desde Bariloche (capital del turismo de aventura en Argentina), me da una mirada clínica para contemplar y analizar el enorme potencial que significan los grandes recursos ambientales y turísticos, para que Colombia sea polo de desarrollo.

Desde mi visión, hay un reverdecer y una resignificación de esta actividad (el turismo) y estoy seguro de que va a brindar a mediano plazo grandes oportunidades laborales. Lo que hará que escale rápidamente en el ranquin de participación en el PIB.

Para esto considero que es fundamental ejecutar una planificación de manera adecuada, aprendiendo de los errores de otras experiencias y organizando un proceso de producción ecoturística con enfoque en la gestión ambiental, de manera tal que se preserve el recurso, en donde la formación profesional, técnica y de servicios esté a la altura de un mercado internacional cada vez más exigente y competitivo, que genera grandes expectativas en los futuros visitantes, luego de décadas de miedo y estigmas.

Doy fe de que es así. Me ha tocado visitar lugares que hasta hace poco tiempo eran un foco de conflicto y hoy son un ejemplo de integración y apertura al visitante.

Hace un par de días, hablando con unos amigos de Manizales, me decían que hay que pensar un desarrollo de senderos de corto, medio y largo recorrido, y eso me recordaba lo implementado hace unos años en Argentina, cuando desde el Ministerio de Turismo se lanzó Huella Andina, un programa de senderismo pensado en todas las posibilidades (edades, aptitudes físicas) y que empezó con la Patagonia.

Hoy, pensando en este territorio, se me ocurre, con todo el respeto del caso, un programa que se podría denominar Senderos por la Paz (Antioquia está desarrollando algo parecido), pero que abarque varios departamentos y que contemple esos increíbles lugares y ambientes naturales recuperados en estos procesos del posconflicto.

Debo añadir que mi participación es tan enriquecedora como devolutiva, una especie de feedback, de intercambio permanente. Estoy aprendiendo y brindando sugerencias técnicas. Se me ocurren tantas cosas, siento que Colombia es algo así como una de las tierras prometidas del mundo para el desarrollo del ecoturismo. Cuesta encontrar países cercanos que tengan tantas posibilidades de ofrecer el sinnúmero de escenarios.

Otra experiencia fue la de apreciar el Parque Nacional Natural Los Nevados, subiendo a la cumbre del nevado Santa Isabel, hasta sus casi 5.000 metros. Lo he bajado, en parte, esquiando en snowblades, con el permiso de las autoridades para evaluar su factibilidad de práctica, y debo decir que no es recomendable hacerlo porque no están dadas las condiciones en una superficie prácticamente de hielo y en franco retroceso.

Sin embargo, al compartir las imágenes de la cumbre en redes sociales, mucha gente amiga me preguntó si eran de la Patagonia. Ahí me di cuenta de la conexión que se da desde el mismo origen geológico cordillerano y también, en este caso, por el factor de altura, con temperaturas bajas, lo cual marca otro camino por trabajar en materia de diseño de senderos ambientales.

De todas maneras he sentido su desguace ambiental por culpa del efecto invernadero, en donde el comportamiento humano en los países más industrializados es el principal culpable. La excesiva emisión de dióxido de carbono, entre otros gases, está haciendo estragos en los glaciares. Lo pude comprobar directamente intentando, con dificultad, practicar adecuadamente este deporte.

Mi intención también era homenajear la historia que tuvo Manizales hasta la década del 60 en materia de esquí, la única ciudad del trópico en contar con un club de este tipo, teniendo torneos y equipos europeos entrenando en el centro que existía en el Nevado del Ruiz, cuyo eslogan era ‘Ski todo el año en el trópico’.

Hoy, sin embargo, debemos respetar rigurosas normas en materia de uso público para preservar los pocos años de vida que le queda a la presencia nívea en los Nevados. En este sentido, conocí a un ingeniero de Manizales que me comentó sobre un proyecto diseñado para montar un parque de nieve artificial en los nevados, que podría reeditar las condiciones para la práctica de este deporte. Será cuestión de seguir explorando la factibilidad técnica y ambiental de ese proyecto y potenciando esa vía, pues creo que sería un atractivo turístico de escala mundial el volver a esquiar en el trópico.

Finalmente, aprovecho esta oportunidad para mostrar mi gratitud hacia el gobernador de Caldas por la invitación, así como al embajador argentino en Colombia, Marcelo Stubrin, y a las autoridades de mi trabajo en Argentina, por acreditar el uso de mi licencia correspondiente”.

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