De la granja al hotel

Organizaciones de campesinos en distintos lugares del país han aprendido a prestar servicios de hotelería.

Parque Natural El Cocuy, ubicado en el nororiente colombiano. / RodrigoBernal Flickr

Para visitar el parque natural El Cocuy, ubicado en el nororiente colombiano, se necesita un carro campero y buenas piernas. Solo se puede llegar por carretera y, una vez en la zona, hay que caminar tres kilómetros y medio para entrar a la cabaña que aloja a los visitantes. Ese fue el recorrido que hicieron un chef y un ama de llaves del grupo GHL, empresa dedicada a la prestación de servicios hoteleros en el mundo. Caminaron con tablero en mano, porque esa vez iban a enseñar. Enseñar lo que ellos saben y los campesinos no: cómo tender una cama, cómo manipular los alimentos, cómo atender al huésped. Y sobre todo, cómo hacer una empresa. Allá, perdidos en unas montañas con 21 picos de nieve, los nativos poco sabían de administración, de sumas y de restas.

En 2008, el gobierno nacional adoptó una medida de política pública que permite que asociaciones comunitarias administren infraestructuras turísticas en Parques Nacionales Naturales. Como consecuencia de la medida, se crearon seis asociaciones de ecoturismo comunitario.

A su vez, Parques Nacionales vio la necesidad de invertir en estas organizaciones comunitarias, con el objetivo de transformarlas en empresas con negocios viables. De allí surgió el diseño del Programa de Desarrollo de Capacidades en Ecoturismo Comunitario, con perspectiva de territorio en Colombia, el cual cuenta con financiación del Fondo para la Acción Ambiental y la Niñez. En 2012, GHL Hoteles se sumó a este trabajo, a través de la Fundación Palmarito.

Viviana del Barco, coordinadora de esta iniciativa, explica que en la fundación “ las organizaciones han tenido un avance muy grande hasta el momento, y han mejorado sus habilidades como administradores de las empresas. Desde que inicié mis actividades con ellos en 2012 he notado el cambio no sólo en la operación y mejora en la calidad de los servicios, sino en el empoderamiento de ellos como socios de una organización comunitaria”.

Cuenta Wilson Torres, líder local, que en 2009, la comunidad se despertó al descubrir que su territorio iba a ser entregado a privados. Por décadas, sus familias vivieron en ese paraíso natural sin percartarse de la riqueza que tenían en las manos. Cuando notaron que otros querían adueñarse del espacio, reaccionaron. “La empresa nació de la necesidad de que sea la comunidad local, los campesinos, los que se empoderen y presten los servicios. Ninguno de los integrantes de la asociación ha recibido educación, por eso nos han servido tanto estas capacitaciones”.

Lo mismo les pasó a los residentes del Chocó, aledaños al Parque Natural Utría. “No se trata de frenar el desarrollo. Se trata de que Estado y comunidad trabajen de la mano por el bienestar de todos”, dice Josefina Klinger, representante legal de la fundación Mano Cambiada, que ahora presta los servicios hoteleros del parque. “Nosotros no teníamos ni idea de cómo armar un hotel. Así que nos concentramos en el modelo de negocio y hemos ido surgiendo”.

Algunas veces, los líderes comunitarios visitaron hoteles prestigiosos en Bogotá o Medellín. Recientemente, como sucedió en El Cocuy, es GHL quien lleva su equipo a las zonas de los parques. “Descubrimos que las personas no contaban en sus zonas de trabajo con cierta cosas como electricidad constante o una recepción propiamente dicha. Por eso fuimos hasta allá, para trabajar con la realidad”.

El 100% de los líderes que han asistido a las capacitaciones las consideran valiosas. Hoy, son los amos de su espacio, porque como dice Klinger “le perdimos el miedo a aprender”.

 

Invitación de GHL.